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	<title>Tecnología y Ciencia archivos - El Alcázar de las Ideas</title>
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	<description>Foro de pensamiento estratégico y conversaciones con la actualidad</description>
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		<title>Alexander von Humboldt: el hombre que vio la naturaleza antes que nadie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Jul 2025 12:02:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No siempre son los más recordados quienes más influencia tienen en el futuro. A veces, el manto del tiempo oculta a personas que entendieron como el presente impacta en el futuro. Alexander von Humboldt (1769–1859) es uno de esos casos. Su figura monumental, su legado científico y su pensamiento integrador han quedado relegados en el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No siempre son los más recordados quienes más influencia tienen en el futuro. A veces, el manto del tiempo oculta a personas que entendieron como el presente impacta en el futuro. Alexander von Humboldt (1769–1859) es uno de esos casos. Su figura monumental, su legado científico y su pensamiento integrador han quedado relegados en el recuerdo colectivo, a pesar de que su influencia atraviesa disciplinas, generaciones y continentes.</p>
<p>Humboldt fue uno de los últimos grandes <a href="https://www.google.com/search?q=polimata&amp;oq=polimata&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyEQgAEEUYORhDGLEDGIAEGIoFMgcIARAAGIAEMgcIAhAAGIAEMgcIAxAAGIAEMgcIBBAAGIAEMgcIBRAAGIAEMgcIBhAAGIAEMgcIBxAAGIAEMgcICBAAGIAEMgcICRAuGIAE0gEIMTkyNmowajmoAgCwAgE&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8">polímatas</a>, un hombre que encarnó un saber insatisfecho en una época en que la ciencia comenzaba a fragmentarse por disciplinas. Fue explorador, botánico, geógrafo, geólogo, astrónomo, escritor y divulgador. Su mirada no se detenía en las categorías, sino que las interconectaba y ampliaba con una narrativa avasalladora. Donde otros veían elementos aislados, Humboldt veía conexiones. Comprendió la naturaleza como un todo interdependiente, una red viva y compleja, donde el destino del ser humano está inexorablemente unido al destino del planeta. “Cuando se destruye la naturaleza, el ser humano también sufre”. Esa afirmación, escrita hace más de 200 años, resuena hoy con más fuerza que nunca.</p>
<p>Sus viajes por América Latina fueron legendarios. En Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú recogió miles de especies vegetales, subió montañas como el Chimborazo casi hasta su cima, midió temperaturas, altitudes, humedad, compuso mapas y teorías. De ese viaje surgió el Naturgemälde, considerado por muchos la primera infografía científica de la historia: una representación visual que unía en una sola imagen altitud, tipos de vegetación, clima y geografía. Una visión revolucionaria para su tiempo. Humboldt no solo recogía datos, sino que los interpretaba con una intuición natural para lo sistémico.</p>
<p>Fue admirado por Thomas Jefferson, que lo consideraba un referente en la comprensión del nuevo continente. Su correspondencia con el presidente estadounidense contribuyó a perfilar la visión territorial de Estados Unidos, en particular en la expansión hacia el oeste. Pero también fue crítico con el modelo esclavista, que le parecía incompatible con la idea de igualdad que defendía. En París conoció a Simón Bolívar, a quien transmitió su disgusto sobre la dominación colonial española. En parte inflamado por la visión de naturaleza paradisíaca contagiada por Humboldt, Bolívar volvió a América convencido de que la independencia no era solo posible, sino necesaria. Aunque también es justo recordar que Bolívar, como Napoleón, hijos de pensamiento revolucionario, tornaron a dictadores una vez alcanzado el poder.</p>
<p>Su pensamiento influyó también en naturalistas como Charles Darwin, leía los libros de Humboldten en el <em>Beagle </em>que iluminó  “La evolución de las especies». Henry D. Thoreau, considerado el padre de la naturaleza en Estados Unidos, con «Walden», bebió de su concepción del ser humano en contacto directo con la naturaleza. John Muir, el gran impulsor de los parques nacionales en Estados Unidos, leyó a Humboldt antes de defender la conservación de Yosemite. Ernst Haeckel, descubrió la estructuras microscópicas de los radiolarios a partir de las investigaciones de Humboldt, iniciandose una corriente artística que influiría en el Art Nouveau. La huella de Humboldt puede rastrearse en la arquitectura de Gaudí, en el pensamiento de los conservacionistas, en la ética ambiental moderna.</p>
<p>Y pese a que su nombre aparece en mapas, calles, corrientes marinas o ciudades, Humboldt ha sido injustamente marginado del canon científico y cultural del mundo anglosajón. En parte porque sus ideas sobre la esclavitud eran incómodas en la época, porque su obra no encajaba bien en un mundo que ya empezaba a compartimentar el saber. Y en parte porque su figura desbordaba las estructuras de prestigio que otorgan visibilidad histórica. Humboldt era un personaje divergente.</p>
<p>Fue un europeo que decidió explorar más allá de los márgenes conocidos, con una sensibilidad que rechazaba el saqueo colonial y una curiosidad insaciable por entender, no dominar. Murió endeudado, después de haber dedicado toda su herencia familiar a la investigación y a los viajes. En su tiempo no existían derechos de autor: escribir y publicar no era un negocio, sino un acto de entrega. Sus obras, Cosmos y Personal Narrative, siguen siendo referencia por su profundidad y por su prosa apasionada.</p>
<p>Todo esto lo recupera con rigor y emoción la escritora Andrea Wulf en su biografía «La invención de la naturaleza» (Taurus, 2018), un homenaje brillante que rescata la memoria de Humboldt para el siglo XXI. En sus páginas no solo se narra su vida, sino que se reconstruye su pensamiento, su visión del mundo y el impacto profundo que tuvo —y sigue teniendo— en nuestra forma de entender la naturaleza. Wulf consigue lo que pocos logran: despertar en el lector la misma pasión por el conocimiento y el asombro que movieron a Humboldt toda su vida.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-1870 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-300x263.png" alt="" width="300" height="263" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-300x263.png 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-150x132.png 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-696x611.png 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28.png 706w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Hoy, en tiempos de crisis climática, de retrocesos en políticas ambientales y de negacionismo revestido de discurso ideológico, el pensamiento de Humboldt se convierte en una brújula. Fue él quien entendió antes que nadie que la humanidad y la naturaleza no son entidades separadas. Su visión de la vida como sistema integrado, su defensa de la equidad, su rechazo a la explotación y su amor por lo diverso tienen una vigencia que debería incomodar a quienes buscan reducir la ciencia al utilitarismo o la ética a un estorbo ideológico.</p>
<p>Recordar a Humboldt es recordar que muchas veces quienes ven más lejos son ignorados por los que solo miran lo inmediato. Es una invitación a recuperar el valor de la mirada larga, de la exploración sin recompensa inmediata, de la conexión entre saber y sensibilidad. Su olvido no es inocente. Y su recuerdo, necesario.</p>
<p>Porque no siempre son los más visibles quienes hacen avanzar el mundo. A veces, los verdaderos precursores caminan en silencio, sembrando ideas que otros recogerán mucho después. Humboldt fue uno de ellos. Y entender su legado es entendernos mejor a nosotros mismos.</p>
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		<title>Maquinalmente humanos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Loreto Barrios y Angel Gomez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Oct 2024 21:39:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La sesión de octubre de “El Alcázar de las Ideas” volvió a reunir, como cada mes desde hace casi diez años ya, a un reducido grupo de mentes inquietas alrededor de una mesa, de un ponente y de un tema central. La ética de la tecnología, en concreto la asociada a la “inteligencia artificial”, ya [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La sesión de octubre de “El Alcázar de las Ideas” volvió a reunir, como cada mes desde hace casi diez años ya, a un reducido grupo de mentes inquietas alrededor de una mesa, de un ponente y de un tema central. La ética de la tecnología, en concreto la asociada a la “inteligencia artificial”, ya había sido objeto de alguna sesión anterior, pero sigue siendo un tema en el que hay mucho que explorar.</p>
<p>Hablamos de ética y de moral, de Sócrates, de Kant y de Ramón y Cajal, y cómo el último decía “las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Igual que ocurría hace 130 años cuando el maestro Bretón estrenó “La verbena de la Paloma” con esa misma tonadilla. ¿Por qué ahora es diferente?, nos preguntamos. Si es que lo es.</p>
<p>Saliendo ya de la sesión, como quien sale del cine o del teatro tarareando la banda sonora, preguntando qué te ha parecido la función y comentando el argumento, escuché una de las claves del día. Lo que realmente atenta contra la dignidad humana es pretender darle un sentido ético al comportamiento de las máquinas.</p>
<p>Ya lo había adelantado uno de los invitados a la sesión: la ética y la moral son para los humanos y para las sociedades que estos forman. Querer reducirlas a un algoritmo es, aparte de absurdo, un atentado contra la humanidad misma. El problema no es que la máquina decida en función de los parámetros que hayamos introducido, sino que tengamos la osadía de pretender determinar de antemano esos parámetros.</p>
<p>No hablábamos siquiera de las armas autónomas letales, de los robots asesinos. No, estábamos hablando de un estudio del Instituto de Ingeniería de Massachussets, el prestigioso MIT, sobre vehículos autónomos (<a href="https://www.moralmachine.net/">https://www.moralmachine.net/</a>). Es decir, no estábamos en el dominio de la ciencia ficción, sino en las calles de muchas ciudades en algunos países.</p>
<p>El experimento permite al usuario decidir “cuál es más digna acción del ánimo”, que diría Shakespeare. Ante la contingencia de que un vehículo sin conductor se encuentre con el dilema de atropellar a una pareja de avanzada edad que está cruzando un paso de cebra con el semáforo en verde o se desvíe -ante la imposibilidad de frenar- y arremeta contra una niña que juega con su mascota en la acera, ¿qué es más ético?</p>
<p>Parece que hemos decidido -como comentábamos en la conversación tras “El Alcázar”- eliminar la aleatoriedad de nuestras vidas, mejorar la creación. Sucumbimos a la tentación de asignar puntos a las vidas humanas con el único objeto de transmitir a una máquina instrucciones precisas sobre cómo tiene que conducirse. En la interacción hombre-máquina, nos colocamos a la altura de lo mecánico, negando lo que nos hace humanos y dando ventaja a los electrones sobre los genes. Preferimos eximirnos del esfuerzo de la creatividad y de la búsqueda -apoyada en estas herramientas- de soluciones más humanas.</p>
<p>Los autores al menos hemos jugado varias veces la simulación que te ofrece la página web de Moral Machine. La conclusión, igual que la del IMSAI8080 (el ordenador de la película “Juegos de guerra”), es: “Extraño juego. La única forma de ganar es no jugar”.</p>
<p>Los dilemas éticos de este tipo están muy bien para Hollywood y para la teoría de juegos. Bien enfocados, nos permiten profundizar en valores. Valores como el de la vida y el de la libertad. La libertad de no jugar, por ejemplo. Aunque no está claro que podamos retirarnos como un eremita a una cueva para no ver lo que no nos gusta.</p>
<p>Las decisiones algorítmicas son -o eso se desea- criminalmente previsibles. Cuando te levantas de la cama por la mañana ya tienes asignada una prioridad. Alguien ha decidido el valor relativo que tiene tu vida. Quizás por no ser propietario del vehículo -que tiene instrucciones de proteger a toda costa (incluso a la tuya) a los pasajeros-, quizás por cuestiones de tu género, raza, edad, … de cualquiera de los aspectos que estamos luchando por no discriminar en nuestro juicio humano.</p>
<p>Porque los algoritmos hacen precisamente eso, discriminar. De hecho, es lo único que saben hacer. Discriminar en el sentido de distinguir, clasificar, categorizar. Tienen sensores, que no sentidos, para darles toda la información y suplen la emoción con las instrucciones pregrabadas que algún humano (por ahora) les ha proporcionado. Sus sesgos serán los sesgos de su diseñador humano y los de los datos que haya elegido para entrenarla. Nada más … y nada menos. Un gran poder que entraña una gran responsabilidad.</p>
<p>No somos máquinas imperfectas. Y nos encanta que así sea. No queremos un mundo completamente previsible. Vivir es construir el mañana cada día. Se vive hacia adelante (y se muere cuando se mira solo hacia atrás) y la vida pierde sentido cuando no hay nada que construir. Nos gustan nuestras imperfecciones porque nos permiten aspirar a mejorarnos. Sin objetivos, somos palancas sin puntos de apoyo.</p>
<p>¿Qué vida vale más? ¿La de la niña que juega con su mascota o la de las personas mayores que cruzan el paso de cebra? ¿Y si es niño en lugar de niña? ¿O si no hay mascota? ¿Y si las personas mayores son tus padres? ¿O si él es un famoso compositor que está a punto de terminar una obra maestra, o ella la científica que está en las últimas fases de un remedio contra el cáncer? ¿Y si estuvieran cruzando el semáforo en rojo en contra de las normas?</p>
<p>Efectivamente, lo que parece que carece de ética es jugar al juego y enmendar las leyes de la naturaleza por nuestra cuenta. Por sofisticado que sea, el comportamiento de la máquina será, por definición, mecánico, maquinal. La ética está en los humanos. O debería estar. ¿Acaso puede la caja mirar fuera de sí misma?</p>
<p>De nuevo, como en tantas otras cosas, nos ponemos al servicio de la máquina para hacer su trabajo fácil. Le ahorramos definir los criterios de su decisión para que ellas asuman el papel de chivo expiatorio ejecutor de la acción. Elegimos que elija la máquina, que «no puede elegir no elegir», no jugar.</p>
<p>La prisa por rentabilizar las inversiones en “inteligencia artificial” nos lleva a aplicarla por doquier, maquinalmente. Las IA son herramientas que deben ayudarnos, no sustituir nuestra agencia.</p>
<p>El lamento ocioso de Don Hilarión sobre el adelanto de las ciencias se reproduce casi siglo y medio después. Si no estamos dispuestos a apoyar nuestro esfuerzo en la tecnología en lugar de a sustituirlo por esta, nos van a cantar las cuarenta.</p>
<p>Puestos a jugar, “¿qué tal una partida de ajedrez?”</p>
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		<title>Principios y ética de la Inteligencia Artificial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jun 2024 09:51:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Muchos piensan que la primera oleada tecnológica de la Humanidad comienza con la Revolución Industrial, pero incluso en ella hubo mucho de una ayuda mecánica en una vida dominada por humanos. La tecnología sustituyó a animales y humanos, pero estos encontraron nuevos trabajos en la era industrial. Las yuntas de bueyes como fuerza de tracción [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos piensan que la primera oleada tecnológica de la Humanidad comienza con la Revolución Industrial, pero incluso en ella hubo mucho de una ayuda mecánica en una vida dominada por humanos. La tecnología sustituyó a animales y humanos, pero estos encontraron nuevos trabajos en la era industrial. Las yuntas de bueyes como fuerza de tracción desaparecieron y los omnipresentes caballos son hoy una especie confinada en las escuelas de equitación y en los hipódromos.</p>
<p>En los años 60 del siglo pasado, la revolución de la información que vino con los primeros hardwares y los programas informáticos de los años 80, los humanos surfeamos una nueva ola de destrucción laboral porque se crearon nuevos puestos de trabajo. Incluso después de la revolución digital de comienzo de siglo XXI, los puestos de trabajo no se resintieron en número, pero sí en calidad, creando una categoría de perdedores en la era de la globalización de la información y de las cadenas de producción. La distancia entre los mejor y peor pagados se ha ampliado y muchos estudios apuntan a la destrucción de la clase media occidental.</p>
<p>Dentro de esta revolución digital, los nuevos avances en la Inteligencia Artificial desencadenados a partir sobre todo del lanzamiento de ChatGPT en noviembre 2022 marcan un nuevo cambio de paradigma en el proceso de convivencia entre la tecnología y el ser humano: por primera vez, el humano puede ser sustituido por la tecnología a una velocidad tan radical que es más que seguro que no se crearán puestos de trabajo al ritmo al cual se destruyan.</p>
<p>Pero eso no es todo, la IA desplegada sin control amenaza con deshumanizar al ser humano precisamente por su capacidad de convertirse en un doble, un <em>dopplelanger</em> del ser humano, pero para entender el alcance, hay que comprender qué es la IA y cómo puede manifestarse. En este entorno, las empresas, y no solamente los gobiernos, han de actuar de una forma responsable dentro de su misión de crear valor para los accionistas.</p>
<p>La IA llevada a la inteligencia artificial implantada en recreaciones humanas a través de biología sintética son la forma más extrema de competir con nosotros, los humanos biológicos. No llego a compararle en aspectos de conciencia, identidad o sintiencia, temas que son, hoy al menos, más territorio de la ciencia ficción.</p>
<p>La IA, ya lo sabemos, es la capacidad de las máquinas de ser indistinguibles de los humanos según el famoso test de Turing. Hoy, la IA Generativa desarrolla a través de los modelos amplios de lenguaje, la capacidad de dar respuestas más rápido y más completas que muchos seres humanos. Hoy somos cada vez más los humanos que no podemos distinguir un texto, una imagen o un video hecho con IA del generado por un ser humano con tecnología digital sin IA.</p>
<p>La IA generativa actual está en sus albores, y, sin embargo, son miles los casos de uso que se están desarrollando para complementar, y en muchos casos sustituir, lo que hacen los humanos. Su manifestación más habitual son los asistentes de IA, del tipo chatbot, que responde a las preguntas de los usuarios partiendo de un contexto determinado (por ejemplo, un asistente que responde sobre la cobertura de un seguro de una vivienda respondiendo en tiempo real a los casos cubiertos según el clausulado de la póliza). Pero hay mucho más: asistentes de IA que generan contenidos para un blog o un medio de comunicación, imágenes o videos. Y en el futuro, la IA aplicada a la biología (sintética) permitirá crear cadenas de ADN de forma iterativa para crear superestructuras biológicas como patógenos resistentes a vacunas.</p>
<p>La IA es una oleada tecnológica de impacto generalizado, porque tiene el efecto de mezclarse con otras tecnologías y llegar a todos los sectores de actividad, en todos los países y en todos los puestos de trabajo. Después de todo, lo que nos distingue del resto de criaturas vivas ha sido la inteligencia humana. ¿Qué mundo nos queda cuando la inteligencia artificial puede construir seres más fuertes, que piensan sin emociones y actúan en fracciones de tiempo, y que además pueden constituirse como enjambres de drones? ¿Cuál es nuestra identidad cuando desaparece nuestra actividad?</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-1706 size-full" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/06/descarga-4.jpeg" alt="" width="181" height="279" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/06/descarga-4.jpeg 181w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/06/descarga-4-150x231.jpeg 150w" sizes="(max-width: 181px) 100vw, 181px" /></p>
<p>Recientemente en Hong Kong un enjambre de drones luminosos dibujó en el cielo nocturno formas visuales maravillosas. Pero, ¿y si ese enjambre portara micro armas que disparasen a objetivos programados? Algunos pensarán que eso es ciencia ficción, pero la distancia entre ciencia ficción y ciencia real se está acortando, como demuestra el libro de Rodrigo Quian Quiroga, <em><a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-trecho-entre-la-ciencia-y-la-ciencia-ficcion-se-acorta/">Cosas que nunca creerías: de la ciencia ficción a la neurociencia</a>. </em></p>
<p>Otra de las características de la IA es que cada vez cuesta menos desarrollar casos de uso, por los precios reducidos, de momento, y la capacidad de muchas personas, y naciones, de desarrollar casos de uso de forma descentralizada con los modelos de lenguaje amplio que desarrollan prácticamente un puñado de compañías líderes en el mundo, que tienen el control del talento, del hardware y del software a través de sus plataformas tecnológicas. Ellos son los auténticos controladores del poder digital, y lo ofrecen, con sus filtros y condiciones, a miles de desarrolladores autónomos en todo el mundo.</p>
<p>Por ello, es posible que estemos ante la tecnología más disruptiva de todos los tiempos. Sunday Pichar, CEO de Google, califica la IA como una tecnología que tendrá más impacto que el fuego o la electricidad en la sociedad. Es una tecnología que no podemos desperdiciar con un apagón <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ned_Ludd">ludita</a> antiIA, porque la historia demuestra que las tecnologías son indetenibles si ofrecen valor, y porque es imposible enfrentarse a grandes retos que confronta la Humanidad sin usar la IA, como por ejemplo, la lucha contra el cambio climático. Pero también la IA es una fuente de peligro, si gobiernos y empresas no ponen límites a su implantación.</p>
<p>Gobiernos y empresas basan su estrategia en el crecimiento económico como factor principal, salvo países dictaduras que imponen la pobreza a sus habitantes a través del control central de los recursos. Los políticos serán reelegidos con más probabilidad si hay crecimiento económico y los directivos conservarán sus puestos si saben aportar beneficios.</p>
<p>La IA en las empresas permitirá gradualmente hacer más cosas con menos recursos humanos. En este momento, las empresas más tradicionales se están focalizando más en aplicarla en sus procesos internos, y gradualmente van a sustituir costes salariales por costes de tecnología. En una fase más avanzada, los asistentes de IA podrán ser la cara en la venta de los productos y servicios, ya que los asistentes de IA tomarán apariencia humana y empatizarán con los humanos biológicos, que tendrán la sensación de estar hablando con un humano inteligente si la propia compañía no lo avisa.</p>
<p>Por ello, los estados necesitan una «Constitución de la IA», una carta pública sobre cuáles son los compromisos y los límites que impondrán a las IA para su desarrollo e interacción con sus poblaciones. Los ciudadanos lo necesitamos, ya que si no es así, estamos en las manos de la cuenta de resultados de los titanes digitales, ladrones de nuestra <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-valor-de-la-atencion/">atención</a>, que solo quieren ver crecer sus resultados trimestrales.</p>
<p>Al mismo tiempo, las empresas de todos los sectores van a ser los canales a través de los cuales la IA con nuevas capacidades llegue a nosotros, sus clientes. El propósito no puede ser solo ganar cada vez más dinero ni hacerlo de forma sostenible, palabra de moda en los modelos de gobierno corporativo. Deben de hacerlo de forma transparente y ética en esta época de evolución acelerada de las posibilidades de la IA. Las empresas deberían de adherirse a una «Carta de Principios de uso de la IA» en su ámbito y especialmente una relación con los clientes que limite casos nocivos de uso para las personas y que como mínimo informe de los servicios que se ofrecen con IA.</p>
<p>Es cierto que para que estas dos medidas funcionen habría que llegar a un acuerdo transnacional que evitara el dumping por parte de algunos estados o empresas, pero un primer paso es tomar conciencia del punto de arranque, y ese punto debe ser un compromiso responsable de implantación de la IA. Me temo que sin ello, seguiremos en una pendiente sin control cuyas consecuencias negativas no tardarán décadas en manifestarse, sino años, con efectos masivamente dañinos para la población, tanto en Occidente como en Oriente.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/principios-y-etica-de-la-inteligencia-artificial/">Principios y ética de la Inteligencia Artificial</a> se publicó primero en <a href="https://www.elalcazardelasideas.es">El Alcázar de las Ideas</a>.</p>
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		<title>El trecho entre la ciencia y la ciencia ficción se acorta</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/el-trecho-entre-la-ciencia-y-la-ciencia-ficcion-se-acorta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Apr 2024 06:32:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El hombre es una asombrosa creación porque tiene la capacidad de imaginar el futuro. Es el ser más curioso de la naturaleza. Su capacidad de relacionarse y trabajar en sociedad con sus congéneres, de utilizar creativamente lo que le rodea, le dota de una facultad sin parangón para avanzar cada vez más sin límite conocido. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El hombre es una asombrosa creación porque tiene la capacidad de imaginar el futuro. Es el ser más curioso de la naturaleza. Su capacidad de relacionarse y trabajar en sociedad con sus congéneres, de utilizar creativamente lo que le rodea, le dota de una facultad sin parangón para avanzar cada vez más sin límite conocido.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto con permiso de la inteligencia artificial, si los humanos no nos dejamos llevar por la aparente capacidad de la IA de resolver problemas sin el esfuerzo humano tradicional. Porque lo que nos define como humanos es lo que hacemos nosotros mismos a través de nuestras facultades. Por eso escribir este artículo, por ejemplo, cuesta esfuerzo, porque lo ha escrito un humano, y ello define nuestra identidad personal. Pero también reconozco que nuestra identidad puede ser cambiante, de la misma forma que los cocheros de caballos del siglo XIX dejaron de serlo para ser trabajadores en las fábricas industriales del siglo XX.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho esto, el libro <strong>“Cosas que nunca creerías: de la ciencia ficción a la neurociencia</strong>”, es extremadamente intrigante, oportuno y memorable para los que hemos construido nuestra memoria y vida con las películas de ciencia ficción en esa factoría del futuro que es Hollywood. Tuvimos la fortuna de leer este libro en la XXI Edición del Club de Lectura Alexandreia.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/04/IMG_9335.heic"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-1669" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/04/IMG_9335.heic" alt="" /></a> <img decoding="async" class="size-medium wp-image-1670 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/04/descarga-2.jpeg" alt="" width="194" height="259" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/04/descarga-2.jpeg 194w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/04/descarga-2-150x200.jpeg 150w" sizes="(max-width: 194px) 100vw, 194px" />Rodrigo Quian Quiroga, su autor, es un neurocientífico nacido en Argentina, físico y matemático, autor de 5 libros con el vector común en la memoria (entre ellos “Borges y la memoria”), descubridor de las <em>neuronas de concepto</em>. El libro es un compendio que relaciona películas icónicas de ciencia ficción, con su especialidad (la neurociencia) y con las cuestiones filosóficas que plantean. Seguramente una inteligencia artificial escribiría un libro como este, pero entonces no sería un libro de Rodrigo Quian Quiroga. Este libro es parte de su identidad.</p>
<h6>Películas icónicas de ciencia ficción</h6>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de 10 películas de ciencia ficción, (y me interesa distinguir qué es la ciencia ficción: lo que aún la ciencia no puede explicar porque su avance no ha llegado a ese estadio, como contraposición de la ciencia real o actualizada, y que hay que distinguir de la fantasía, un género más ligado a lo imposible que a lo que aún no es posible), el autor plantea varias cuestiones trascendentales que los avances en la neurociencia aún no pueden explicar por la evidente unicidad entre cerebro y mente. En tiempos, el dualismo planteado por Descartes, hoy descartado unánimemente, abogó por una separación entre ambos.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Pueden las máquinas o un no humano tener consciencia? Los avances en la IA hacen que muchas tareas humanas sean no sólo perfeccionables, sino indistinguibles sobre su autoría. La IA es idiota, como se explicaba en un <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/la-inteligencia-artificial-es-una-inteligencia-idiota/">artículo reciente</a>. En “El planeta de los simios” la raza humana se convierte en animal mientras los simios se tornan en la raza inteligente. Los simios son los seres más parecidos a los humanos, tienen una gran capacidad de repetición o emulación, pero ¿en qué momento la genética humana se separó de los antepasados simios para crear especies tan diferentes? En la película, un orangután llamado César, en un experimento humano, toma consciencia, y ello es el origen del ascenso de simios sobre humanos en la película. ¿Puede una máquina no humana sentir (no solamente saber) y tener sensación de finitud, de una vida con un final, y querer no morir? En <strong>“Odisea del espacio 2001”</strong> el ordenador HAL9000 toma el control de la nave espacial y asesina porque teme ser desconectado.</p>
<p style="text-align: justify;">En <strong>“Blade Runner”</strong> una gama de replicantes humanos programados para dejar de funcionar pasado un tiempo toma consciencia de su tiempo de caducidad y se rebela contra la humanidad para evitar dejar de existir. La existencia está ligada a la consciencia de la vida. En otra película, <strong>“Troya”</strong> (criticada por los rigurosos de la historia), Aquiles dice que los dioses envidian a los humanos porque la muerte hace que las proezas puedan ser recordadas, y por ello la vida tiene un sentido porque tiene un final.</p>
<p style="text-align: justify;"> ¿Pueden las máquinas sentir, además de saber? Poco sabemos de los sentimientos de las especies no humanas (más allá de lo que sabemos de los animales). Aparentemente el sentimiento, la emoción, está asociada a zonas del cerebro que las albergan. Sin ellas, se puede saber, pero no sentir. En “El error de Descartes”, el neurocientífico Antonio Dámaso explica el caso de una persona tratada de un tumor cerebral, que aunque posteriormente mantiene intactas sus capacidades de pensamiento, ha perdido cualquier sensación de emotividad, dolor, alegría o pena. ¿Es la misma persona?</p>
<p style="text-align: justify;"> En las <strong>“Alas del deseo”</strong> de Wim Wenders, un ángel se convierte en humano porque aunque sabe, no siente, y quiere sentir lo que solo racionalmente sabe.</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre qué es la realidad, <strong>“Matrix»</strong> es una película seminal sobre la irrupción de la tecnología en nuestras vidas. Ya lo ha hecho a través de las redes sociales y la frecuente conexión a las plataformas digitales. ¿Pensamos por nosotros mismos o los algoritmos de la atención dirigen nuestro pensamiento hacia contenidos que refuerzan nuestros sesgos? ¿En un futuro mundo de metaversos somos nosotros o es una versión idealizada de nosotros la que se proyecta? Esto ya ocurre en parte con las redes sociales, especialmente entre los adolescentes. Y hay mucho dinero en las grandes tecnológicas que desea hacerlo posible.</p>
<p style="text-align: justify;">En <strong>“Minority Report”</strong> se presenta el caso de que el futuro está determinado, no hay nada que podamos hacer por alterarlo, y la tecnología permite conocer con antelación delitos futuros, y una policía especializada contiene al criminal antes de cometer el delito. ¿No existe, pues, el libre albedrío? Pruebas con resonancia magnética cerebral han descubierto que nuestras neuronas actúan antes del momento consciente de nuestras acciones, pero la excepción a la predictibilidad es el caos, lo inesperado, como sucede en la película.</p>
<p style="text-align: justify;">La sensación de identidad es uno de los mayores refuerzos de nuestro yo individual. Con los avances en la robótica actual, ¿en qué momento si nos cambian casi todos los miembros y órganos somos nosotros mismos? En <strong>“Robocop”</strong>, un policía evita la muerte tras un accidente para volver a existir completamente transformado por implantes que le hacen más rápido, fuerte, ágil, ver más lejos, oír mejor, y acceder a una especie de ordenador mental de información casi infinito. ¿Pero es la misma persona, el mismo yo que antes del accidente? ¿En qué momento el número de implantes nos hace dejar de ser nosotros? ¿O tiene que ver con el ritmo de la transformación respecto del ser original?</p>
<p style="text-align: justify;">En <strong>“Inception”</strong> y en <strong>“Total Recall”</strong> se ficciona hurgando en el yo inconsciente, en los recuerdos y en la memoria. Cuando dormimos hay dos fases: el sueño profundo, que fija la memoria de las cosas que nos pasan, y la fase del sueño lúcido, una suerte de baile desenfrenado de las neuronas donde soñamos cosas absurdas, pero que nos parecen reales, y que está asociado con el sueño ligero, muy próximo a despertarse, y por ello nos parece tan real. ¿Podrá la tecnología introducirse en nuestros sueños para invadir nuestra mente? En “Total Recall” se plantea que somos lo que recordamos, nuestra identidad está ligada a lo que recordamos. Tenemos una memoria asociativa (asociamos distintos conceptos para construir nuestro pensamiento, hacemos interferencias o analogías, como las <em>neuronas de concepto</em> descubiertas por el autor del libro).</p>
<p style="text-align: justify;">En <strong>“Abre los ojos”</strong>, la reflexión es queremos vivir porque podemos morir. Cada vez más se habla del transhumanismo, de la capacidad de trascender porque la ciencia y la tecnología lo van a permitir. Aparentemente, ya cientos de personas muertas en el mundo con su cerebro conservado por crionización, de forma que no hay deterioro neuronal, pero no sabemos nada de si esas personas recordarán su identidad y recuerdos una vez sean despertadas en el futuro. Pero nuestra identidad no es estática, se alimenta de nuestra vivencia diaria, y si esta se interrumpe, ¿no corremos el riesgo de convertirnos en <strong>«El Capitán América»</strong>, el héroe de Marvel que desaparece en la Primera Guerra Mundial y reaparece al descongelarse años más tarde como una cabra en un garage?</p>
<p style="text-align: justify;">Como dice el autor, los años pasan para no volver, hay que disfrutar del tiempo que nos toca vivir porque todos acabaremos en el dulce sueño.</p>
<p style="text-align: justify;">En síntesis, <strong>“Cosas que nunca creerías: de la ciencia ficción a la neurociencia</strong> es un libro explorativo, además de tremendamente divulgativo para el público no especialista, aunque también denso, donde el autor es posibilista respecto de los avances en la ciencia y la tecnología para acercar a la realidad algunas de las cuestiones de las películas de ciencia ficción. Pero al tiempo se agradece su sentido de la prudencia, escepticismo incluso, sobre la capacidad de replicar al ser humano. Quizá mejor en muchos campos, pero nunca iguales.</p>
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		<title>La inteligencia artificial es una inteligencia idiota</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Santiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Mar 2024 08:11:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un hombre, en este caso un escritor, Mario, y luego Vargas Llosa, ha empezado su gran despedida. De las novelas, de las columnas, de todas las vidas que tuvo. Porque uno tiene un sinfín de vidas, porque cada día es una vida. Llega un momento en que sabes que ya te quedan pocas, entonces empiezas, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre, en este caso un escritor, Mario, y luego Vargas Llosa, ha empezado su gran despedida. De las novelas, de las columnas, de todas las vidas que tuvo. Porque uno tiene un sinfín de vidas, porque cada día es una vida. Llega un momento en que sabes que ya te quedan pocas, entonces empiezas, te abrazas al gran adiós. Le das un apretón de manos hasta reventarte la muñeca a ese pedazo de día que te queda.</p>
<p>Tus colegas te van metiendo en el buzón para la despedida. Incluso alguno que otro piensa en hacerte inmortal, menuda ocurrencia. Y, de pronto, te nombran en una academia de algún que otro país norteño. Existes y luego no existes. Y, a menudo, para el común de los mortales, dejas de existir para siempre. Peor, nunca has existido. Las costillas, la carne, todo se queda hecho un ovillo, para los peces en el río. Estabas en algo que era el mundo, pillado entre los muslos del cielo azul, y ahora no quedan ni siquiera clavos en la madera, ellos también, se desprenden, saltan al vacío, caen en el silencio.</p>
<p>El concepto mismo del tiempo está cambiando. Antaño el tiempo era lo que un hombre tenía o dejaba de tener. Era lo que nunca sobraba, lo que había que cuidar, agachándose para podar, para quitarse de encima la mala hierba. El tiempo era lo que uno podía oponer al otro, o compartirlo, amor, amistad, algo que humedecía, o se barnizaba, una playa lisa, una vela doblada como un pañuelo, algo que no se podía encerrar, que siempre corría, pero con lo que te podías limpiar los ojos y recordar. El tiempo por lo tanto tenía ese halo, podía restar si era matar, o, al contrario, dar, si era amar.</p>
<p>En todo caso era una cuestión de uno y otro, de varios, nunca se vive a solas, el tiempo es un rostro que se avanza, una calle que se apresura. Ahora tenemos también a las máquinas que se nos han metido de por medio. El tiempo de los algoritmos, el tiempo elástico, que hace su tela de araña que ni da ni quita, es otra cosa. Ya no estamos entre iguales, con nuestra juventud o nuestra vejez, nuestra alegría o nuestro cansancio. Hay toda esta silicona que trepa, que no se deja broncear la piel, rodillas, dedos, ojos, labios y cuellos, pechos, brazos y muslos.</p>
<p>No sabe lo obvio, que todo esto es inexorable, que vayas dónde vayas, camino arriba, camino abajo, te toparás siempre con el mismo final. Las vigas que se vienen abajo, hasta el piano que deja de enseñar los dientes, y que, de pronto, se vuelve cómo un féretro cerrado, porque ya no hay quién le meta mano. Los hombres y los algoritmos viven en tiempos diferentes. La vida a secas, sin párpados ni seguidores, sólo contemporáneos que se esmeran, la vida cuando es un solterona, cuando el crío berrincha, esa que no vale nada y que lo es todo, poco tiene que ver con el barullo de los paraísos artificiales.</p>
<p>Lo sabemos: las próximas batallas no se darán con tanques ni tropas. Habrá cosas que cargarán con otras cosas, matarán igual, pero ya sin catapultas ni lanzallamas. Miraremos, incrédulos, las pantallas pelearse entre ellas como si ya fuéramos sólo eso, datos, archivos, algo que ya sobra en la tierra. Sólo tenemos una vida y cada día es irrepetible. Morimos a cada instante. Vivimos sin cesar. O, como lo escribe Quignard, todas las mañanas del mundo son sin retorno. Por eso no importa que una inteligencia artificial se ponga a tocar piano, a escribir a máquina, o a soltar estribillos. Ella no sabe lo que es morir, y por lo tanto tampoco sabe lo que es vivir. La inteligencia artificial es una inteligencia idiota, un sin vivir, un sin morir, algo que se quedará siempre truncado.</p>
<p>Los algoritmos van a asociar preferencias por Van Gogh, por Rothko, por Cervantes o Dostoievski, sin tener puñetera idea, de caer enamorado, subir de un flechazo al cielo, dispararse como si fueras un cohete y alcanzar de un solo beso, el sol, la luna, el planeta marte. Con cables de metal, hilos eléctricos, impulsiones de silicona, van a reconocer, archivar, clasificar, engullir, millardos de imágenes, sonidos, palabras, reproducir voces, rostros, incluso chispas, saltar de un idioma al otro, conducir coches, barcos, cohetes, jugar al ajedrez, inventar artes a partir de millones de obras que no son las suyas, buscar en ese almacén de la humanidad menús inéditos, totalmente nuevos.</p>
<p>Los humanos tenemos en nuestros cerebros ochenta y seis millardos de neuronas, es decir, tantos como estrellas en nuestra galaxia. Sin embargo, aquí el tamaño no importa, ni tampoco el peso. El cerebro de Einstein apenas pesaba 1,23 kilos, contra 1,4 en promedio. Lo que importa son las conexiones, ni siquiera el cableado, sino los saltos creativos, la percusión de las sinapsis entre ellas. La inteligencia artificial por ahora es más estúpida que un gato, cuyo cerebro almacena setecientos sesenta millones de neuronas y diez mil millones de sinapsis. Cierto, sólo será una cuestión de tiempo, para que la tontería artificial supere a los gatos y los perros, para que se aleje del mundo de los renacuajos.</p>
<p>Quizás, pronto, un día, sin duda, un algoritmo leerá este articulo y se reirá a carajadas. Pues, eso, ríete, agárrate las tripas si puedes: la vida, la muerte, ese adiós que un día seré nunca lo serás. Es más, nunca, jamás, conseguirás, harás, lo que hacemos con nuestros cerebros, con tremenda frugalidad energética, cuando necesitas toneladas, grifos enteros, de kilovatios, de aguas. El problema no está en lo que hacemos con las máquinas sino en lo que ellas harán con nosotros. Convertirnos en cretinos que ni aprenden ni leen, que ni viven ni mueren, fregados, pegados a las pantallas como si éstas fueran cordones umbilicales. El problema es que no sepamos desenganchar, apagar. Nos pasemos la mitad, o más, de nuestras vidas, delante de los móviles, ordenadores, o tabletas, y eso duele.</p>
<p>Porque la densidad de las relaciones sociales importa. Morrearse importa, incluso quedarse con las ganas, en la mitad de un beso importa. Conforme vivimos juntos, o dejamos de hacerlo, aumenta el tamaño de nuestro cerebro, se ensanchan las sinapsis. Sobre todo, se amplía o achica la felicidad. Porque no nos equivoquemos, lo sabemos, ni siquiera necesitamos estudios: la felicidad, la alegría de vivir, de no morir en vida, está ligada al otro, al estar (o no) con los otros, hundidos en su calor.</p>
<p>Lo sabemos, gracias a Richard Layard y a sus colegas. La felicidad no depende de lo que tengamos en el bolsillo o de lo que metamos en la cuenta bancaria. El ingreso aumenta el bienestar de una persona de apenas unos 0,21 puntos sobre una escala de uno a diez, es decir apenas un pellizco. Un día soleado o un paseo al lado del mar, nos hacen sin embargo infinitamente más felices. Vivir en pareja lo dispara todo, aumenta el bienestar mucho más, de casi unos 0,8 puntos. Todo eso ni siquiera tenemos que medirlo, lo sabemos por instinto, recién salidos de la fábrica. Así que déjalo, apágalo, ponte te a vivir un poco más.</p>
<p>Apaga el dichoso móvil, enciende la vida.</p>
<p>Haz algo que cruja, que sea como una navaja que te llevas a los labios. Ponte a bailar con ese, con esa, y olvídate de la pantalla. Esto no hay ningún algoritmo que en la vida lo pueda replicar, ninguna inteligencia tonta, que logre hacerlo. Incluso cuando, en ese futuro no tan lejano, se rían de nosotros, los que ahora vivimos. Nos desplomaremos, algunos que otros. Nos sobreviremos, quedarán, novelas, óleos, sonatas. Pero todos habremos sido ese día de felicidad, ese momento sin abrigo, con la taza en la mesa, y el sol de frente, el cráneo echo un universo, mientras le miras a ella, a él, hecho una galaxia.</p>
<p>Honda será la caída, honda será la subida.</p>
<p>Bello, ligero, será el vértigo, del vivir.</p>
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		<title>Homo antecessor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jan 2024 13:30:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Homo antecessor” no es un libro científico sobre la Evolución. Tampoco uno de divulgación sobre el proceso por el que se llegó al Homo sapiens (para eso recomiendo los que comparten foto). Es un relato de lo vivido por un grupo de científicos que nos recuerdan las fases que se dan en muchos proyectos empresariales: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>“Homo antecessor” no es un libro científico sobre la Evolución. Tampoco uno de divulgación sobre el proceso por el que se llegó al <em>Homo </em>sapiens (para eso recomiendo los que comparten foto). Es un relato de lo vivido por un grupo de científicos que nos recuerdan las fases que se dan en muchos proyectos empresariales: inicios sin apenas recursos, pero con mucha ilusión, primeros avances que refuerzan la motivación, retrocesos, rectificaciones ante la constatación de los fallos cometidos, críticas y zancadillas, confirmación de hipótesis, reconocimiento y éxito. En este caso, es la historia del descubrimiento de una nueva especie de Homo que, además, implicaba modificar una idea previa muy asentada: el momento desde el que había pobladores en Europa.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-1612 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-300x116.jpg" alt="" width="481" height="186" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-300x116.jpg 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-1024x396.jpg 1024w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-768x297.jpg 768w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-1536x594.jpg 1536w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-150x58.jpg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-696x269.jpg 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor-1068x413.jpg 1068w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2024/01/Homo-antecessor.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 481px) 100vw, 481px" /></p>
<p>Han pasado ya casi 30 de años desde que el 8 de julio de 1994 se encontraron los primeros restos humanos en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina. En concreto, en el estrato TD6, que pasó a denominarse “Estrato Aurora” en honor a la descubridora, Aurora Martín. Eran unos caninos. Posteriormente se encontraron más fósiles, como un frontal (ATD6-15) y un maxilar (ATD6-69) que llevarían a proponer una nueva especie: <em>Homo </em>antecessor. En el libro se relata cómo se llegó a ese nombre en septiembre de 1996 (no deja de sorprender) y cómo se consiguió la publicación del artículo en Science en mayo de 1997 (aunque no se permitió incorporar el nombre de la nueva especie en el título del artículo). A partir de ahí una batalla científica ganada con evidencias (“<em>No acertábamos a saber las razones por las que la especie Homo antecessor resultaba tan molesta para algunos expertos</em>”) y el aporte de muchas tesis doctorales (hasta cien) que están creando una cantera para el relevo generacional. Los yacimientos de la sierra de Atapuerca darán para muchos años de investigación y descubrimientos. No en vano, esa sierra burgalesa es el mayor yacimiento del Pleistoceno del mundo.</p>
<p><em>Homo </em>antecessor fue una especie de origen euroasiático, no africano, que vivió, al menos, hace entre 800.000 y 900.000 años en la Península Ibérica, rompiendo esquemas y teorías anteriores sobre los primeros pobladores europeos (la especie <em>Homo sapiens</em> se originó y consolidó en África, desde donde se expandió hacia el resto del planeta hace unos 120.000 años). Y dejando margen para soñar sobre próximos descubrimientos, que podrían retrasar el inicio de la presencia de <em>Homo</em> antecessor, o alguna otra especie en Europa hasta ahora desconocida. De momento, ATE9-1, una mandíbula encontrada en el yacimiento de la Sima del Elefante el 30 de junio de 2007 tiene 1,2 millones de años. No es <em>Homo </em>antecessor; prefieren dejarlo en <em>Homo </em>sp (es decir, género <em>Homo</em> pero sin precisar la especie).</p>
<p>Con el tiempo se verá si las teorías son acertadas o no: “<em>dentro de algunos años nuestras ideas, nuestras hipótesis y hasta nuestras conjeturas habrán sido superadas por el incontenible avance de la ciencia. Si es así, será una buena señal: querrá decir que nuestra especie tiene futuro y que los científicos que sigan nuestros pasos habrán avanzado hasta responder a muchas de las cuestiones que todavía ignoramos. Algunos de nuestros planteamientos iniciales eran erróneos (ahora lo sabemos). Los errores fueron enmendados y nuestro discurrir científico fue mejorando hasta madurar. Otros planteamientos fueron acertados. Llegamos al momento final, cuando la paleoproteómica dio un puñetazo encima de la mesa y consagró Homo antecessor como una realidad y en el sitio que le corresponde en la filogenia de los hominimos”.</em></p>
<p>En este sentido, es increíble que se hayan podido encontrar proteínas en un fósil (el capitulo 19, “Proteínas fósiles” es emocionante). En un fósil, esa mezcla entre geología y biología. Lo mucho que puede decir un diente, esa caja negra (blanca) de la vida, como dice María Martinón – Torres (“<em>una médica que se hizo paleoantropóloga</em>”) en “Homo imperfectus”, un libro sobre medicina evolutiva que bien merece una futura reseña (“<em>La enfermedad es la gran protagonista silente de la historia de Homo sapiens</em>”).</p>
<p>De este enlace se puede ver la vídeo reseña</p>
<div class="youtube-embed" data-video_id="9xkwwZ074b4"><iframe loading="lazy" title="Homo antecessor. José María Bermúdez De Castro y Edudald Carbonell. ENE24" width="696" height="392" src="https://www.youtube.com/embed/9xkwwZ074b4?start=4&#038;feature=oembed&#038;enablejsapi=1" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>“La ruta del conocimiento”, historia del pasado, reflexiones de presente</title>
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					<comments>https://www.elalcazardelasideas.es/la-ruta-del-conocimiento-historia-del-pasado-reflexiones-de-presente/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Oct 2023 06:34:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«La ruta del conocimiento» («The knowledge map» en el título inglés) es un libro de la escritora e historiadora británica Violet Moller, que traza la evolución del conocimiento científico entre los siglos V y XV d.C., considerada como la «Edad de la penumbra» (término que conocí de Catherine Nixey en su libro homónimo). Este es [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«La ruta del conocimiento» («The knowledge map» en el título inglés) es un libro de la escritora e historiadora británica Violet Moller, que traza la evolución del conocimiento científico entre los siglos V y XV d.C., considerada como la «Edad de la penumbra» (término que conocí de Catherine Nixey en su <a href="https://www.casadellibro.com/libro-la-edad-de-la-penumbra/9788430619542/6409508">libro homónimo</a>). Este es un período donde las religiones teocráticas y sus creencias se impusieron a la razón y al incipiente método científico, ya descubierto por los griegos y desarrollado posteriormente en la época romana, sobre todo en el Imperio de Oriente.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1504 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/10/descarga-25.jpeg" alt="" width="200" height="200" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/10/descarga-25.jpeg 200w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/10/descarga-25-150x150.jpeg 150w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></p>
<p>La tesis fundamental del libro «La ruta del conocimiento» es que dicho período fue un período de tránsito y conservación de conocimientos científicos existentes.</p>
<p>Pero también fué de florecimiento de las artes y las ciencias en la época dorada musulmana (pensemos en descubrimientos como el álgebra, de Al-Juarismi, 825 d.C), que decae, más rápido en Occidente que en Oriente, por el predominio y mejor adaptación de la religión cristiana a las ideas renacentistas que abrieron el paso a la ilustración, a la revolución industrial y a las ideas liberales siglos más tarde. Sin ir más lejos, la Córdoba de hoy es un pálido espectro de lo que debió ser en plena época califal.</p>
<p>El libro, dice la autora, razona que no solo las ideas dan forma al mundo, sino que la ciencia y la tecnología a su vez dan forma a las ideas. Hoy sabemos que el aparente conflicto entre las humanidades y las ciencias es artificial, por más que en colegios y en universidades se esfuercen en parcelar de la elección de los estudiantes. Las ideas no operan en el vacío del abstracto, sino en la vida diaria de las personas, y las aplicaciones de los conocimientos científicos y tecnológicos modelan inevitablemente el curso de las ideas.</p>
<p>Hoy todos deberíamos ser conscientes de que el conocimiento científico-tecnológico está conectado con las ideas (pensemos por ejemplo en la ética de la inteligencia artificial y en lo que debe o no hacerse) y, sin embargo, hubo un tiempo donde los descubrimientos científicos surgieron de la más íntima observación de la naturaleza por parte del hombre. El mundo de las ideas era un mundo de mitos y explicaciones sobrenaturales sobre todo aquello que no comprendía la razón humana.</p>
<p>En la «Ruta del conocimiento» Violet Moller traza de forma primordial el tránsito de las obras matemáticas contenidas en los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Elementos_de_Euclides">«Elementos»</a> de Euclides, el <a href="https://es.wikisource.org/wiki/Almagesto">«Almagesto»</a> de Ptolomeo y los múltiples escritos sobre medicina de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Galeno">Galeno</a>, obras que vieron la luz en los siglos entre los siglos IV a.C. y II d.C, y que tuvieron su particular travesía durante esos 1000 años en su supervivencia por ciudades que fueron faro del conocimiento científico en este período de la Historia. Lógicamente, hay muchas otras, pero la autora selecciona Alejandría, Bagdad, Córdoba, Toledo, Salerno, Palermo, Venecia.</p>
<p>Ciudades donde las matemáticas, la observación de los astros, la interpretación del mundo físico, o la medicina, fueron evolucionando. Curiosamente, muchos de los principios euclidianos siguen hoy vivos (quizá porque las matemáticas se asientan sobre premisas exactas sobre las cuales se construyen nuevos fundamentos que parten de axiomas y teoremas previos), pero la interpretación del medio físico y de la persona en el mundo ha cambiado diametralmente (la Tierra ya no es el centro del universo) y no digamos el conocimiento del cuerpo humano (la Iglesia prohibió durante siglos la exploración del cuerpo humano en los cadáveres). Observación, razonamiento, prueba, error.</p>
<p>Durante este período, los libros fueron copiados a mano (los soportes de la época como el papiro o papel animal se deterioraban con el tiempo). Además, el proceso de traducción a la lengua dominante en cada época necesitó de esfuerzos impresionantes para que obras originalmente escritas en griego o en árabe fueran traducidas al latín <em>(lingua franca) </em>predominante al final de la Edad Media.</p>
<p>Todo cambia a partir del siglo XV con la llegada del pensamiento renacentista (recuperación de pensamiento clásico, privilegiando la razón y recuperación y evolución del método científico), con la llegada de la imprenta y la democratización del pensamiento ilustrado, al alcance de una población cada vez mayor, que accede a la lectura, a la reflexión y al pensamiento crítico.</p>
<p>Esta lista de ciudades tránsito del conocimiento científico se detiene precisamente en Venecia, cuna del comienzo del mercantilismo, que con su estatus de república independiente es posiblemente uno de los primeros faros de expansión del conocimiento y del concepto moderno de economía y finanzas. Italia fue el germen del comercio a escala internacional, de la banca, y por supuesto de la cultura.</p>
<p>Quizá uno de los atractivos del libro «La ruta del conocimiento», más allá del rigor histórico con que la documentada autora narra este viaje, está en especificar los atributos de esas ciudades que albergaron el conocimiento científico en la Antigüedad, a saber: estabilidad política, personas con talento, suministro regular de textos, tolerancia, aceptación de étnicas y religiones distintas.</p>
<p>Este punto conecta este libro de historia con el mundo de hoy. ¿Dónde está el conocimiento científico hoy, donde se ubica, como se genera, cómo se transmite o incluso cómo se aplica? ¿Cómo influye el conocimiento científico en la sociedad, en el progreso económico, en las ideas, en la felicidad y en la gente?</p>
<ul>
<li>El conocimiento científico pasó desde centros dispersos y desde las sociedades creadas sobre todo por el mundo anglosajón a partir de su imperio británico, a universidades, empresas, centros de conocimiento públicos o privados en la actualidad. La investigación, la ciencia aplicada y su traducción en distintas tecnologías que influyen en la la vida diaria se han unido para avanzar al ritmo más vertiginoso de la historia. Esto ocurre sobre todo en los lugares donde se dan las condiciones que arriba se especifican.</li>
<li>El conocimiento científico y la acumulación de talento de hoy tiene fuertes refuerzos positivos, lo que quiere decir que «conocimiento atrae conocimiento» y que no es fácil saltar escalones si no se cuidan las bases y los atractivos que permiten que el talento requerido florezca (es referencia obligada la continua mención a este punto de los profesores Andrés Pedreño y Luis Moreno en su último libro «España en la nube» y que reseñé <a href="https://www.linkedin.com/pulse/espa%2525C3%2525B1a-en-la-nube-o-las-nubes-enrique-titos%3FtrackingId=0N6RFPS49FrbO5s6IJGgDA%253D%253D/?trackingId=0N6RFPS49FrbO5s6IJGgDA%3D%3D">aquí</a>). Por ello, yo uniría a la estabilidad política en el sentido de ausencia de conflictos que afecten al devenir pacífico de la población, la necesidad de políticas públicas efectivas que favorezcan el <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-admin/post.php?post=1239&amp;action=edit">talento</a> que promueve el conocimiento científico y su aplicación).</li>
<li>El suministro regular de textos tan importante en el conocimiento científico del pasado ha dado paso a la <em>biblioteca imposible</em> que hoy es internet y las redes sociales. Pero no todo lo que hay es relevante, o incluso cierto. El pensamiento crítico es hoy un atributo imprescindible cuando se habla del auténtico talento.</li>
<li>Precisamente el conocimiento aplicado y su plasmación en iniciativas emprendedoras se ha convertido en un elemento indispensable para la retroalimentación de ese conocimiento, porque éste no opera en el vacío sino a través de su aplicación práctica. Hoy el mundo no lo están cambiando empresas del siglo pasado, sino proyectos que germinan en pocos años, o fracasan.</li>
<li>El conocimiento científico aplicado y entendido como nuevas formas posibles de alimentarse, trabajar, desplazarse, producir o entretenerse influye en las vidas de las personas porque ofrece oportunidades. Si la tecnología entendida de esta forma amplia es imparable, es mejor estar con ella que contra ella. Las ideas de una sociedad y las políticas alrededor de una filosofía de acción de cómo usar la tecnología determina un tipo de sociedad u otra.</li>
</ul>
<p>¿Existe la estabilidad política y social para que el conocimiento se desarrolle en un mundo de ideas abiertas, con tolerancia hacia las opiniones diversas que buscan caminos hasta que se encuentran, en un mundo donde la información no es un problema, sino la selección de la información relevante y los procesos para mantener vivo el juicio crítico?</p>
<p>¿Aprovechamos la contribución de personas de etnia, raza, o simplemente género distinto?</p>
<p>La respuesta a esas preguntas determina si se está favoreciendo el auténtico conocimiento científico y sus derivadas, o no.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/la-ruta-del-conocimiento-historia-del-pasado-reflexiones-de-presente/">“La ruta del conocimiento”, historia del pasado, reflexiones de presente</a> se publicó primero en <a href="https://www.elalcazardelasideas.es">El Alcázar de las Ideas</a>.</p>
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		<title>Reflexiones sobre magia e ilusionismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Miguel Mangada]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Sep 2023 11:07:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La palabra “magia” o “mágico” se utiliza frecuentemente de manera banal. Un golpe ganador en un partido de tenis es “mágico”. Una velada en un restaurante puede ser “mágica”… Incluso han aparecido en prensa y medios de comunicación diferentes referencias a la magia como un elemento definitorio de sensaciones ligadas a la imagen de una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La palabra “magia” o “mágico” se utiliza frecuentemente de manera banal. Un golpe ganador en un partido de tenis es “mágico”. Una velada en un restaurante puede ser “mágica”…</p>
<p>Incluso han aparecido en prensa y medios de comunicación diferentes referencias a la magia como un elemento definitorio de sensaciones ligadas a la imagen de una bebida refrescante o para vincularla a determinados avances tecnológicos como la inteligencia artificial, al provocar admiración por medio de la ilusión. No comparto estas aproximaciones, que me parecen más un recurso literario que retuerce la semántica para ganar expresividad, intentando etiquetar un fenómeno tecnológico y social difícilmente descriptible. Ciertamente determinados avances tecnológicos pueden producir sorpresa o admiración (como en su día pudo haber sido el uso del GPS o el microondas). Arthur C. Clarke (1917-2008) ya dijo aquello de que “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.</p>
<p>Pero la experiencia mágica va mucho más allá. Porque solo la magia combina la <strong>imposibilidad</strong> con la <strong>fascinación</strong>, mientras que otras actividades fascinantes, como, por ejemplo, determinadas acrobacias, o un recurso tecnológico por muy avanzado que sea, no se perciben como imposibles.</p>
<p>Porque ¿qué sucede cuando se asiste a un espectáculo de magia o ilusionismo?</p>
<p>Es una experiencia emocional que solo se presenta cuando el espectador no encuentra modo alguno de <em>racionalizar</em> esa experiencia. Debido a que la magia ofrece una experiencia real (posible) de algo que es imposible, se provoca una respuesta muy intensa. Una frustración intelectual acompañada de una respuesta emocional. Los desenlaces de los efectos mágicos son, pues, tremendamente provocadores. Contradicen nuestras hipótesis, nos hacen dudar de todo lo aprendido: son una disonancia cognitiva en sí misma.</p>
<p>Y está constatado que lo que más le gusta al espectador es “no saber qué vendrá después”. Lo que es una expectativa paradójica. La sorpresa, por definición, solo surge ante lo inesperado. En magia, por tanto, el público espera lo inesperado. Mientras que las nuevas tecnologías lo que nos ofrecen es un resultado predecible, acorde con nuestras peticiones. Resultado sorprendente, rápido… pero definitivamente no mágico.</p>
<p>Y puestos a asociar la ciencia y el ilusionismo, parecen mucho más interesantes las aportaciones de psicólogos y neurocientíficos como Martinez Conde, Camí, Macknik, Pailhés y Khun, que han estudiado con rigor las respuestas ante los estímulos visuales, auditivos y, sobre todo, emocionales, que se originan al presenciar un acto de ilusionismo. En efecto, el cerebro tiene unos condicionantes físicos y energéticos que le impiden procesar la ingente cantidad de información que recibimos continuamente a través de los sentidos. La comunicación y transmisión de información entre neuronas es relativamente lenta y debe superar varios cuellos de botella. Para sobreponerse a estos condicionantes, la evolución del cerebro ha desarrollado estrategias extraordinariamente efectivas, que van desde construir una ilusión de continuidad hasta inferir y anticipar constantemente los acontecimientos, a través de nuestra limitada percepción</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1488 size-full" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/07/9788423346356.jpeg" alt="" width="552" height="839" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/07/9788423346356.jpeg 552w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/07/9788423346356-197x300.jpeg 197w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/07/9788423346356-150x228.jpeg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/07/9788423346356-300x456.jpeg 300w" sizes="auto, (max-width: 552px) 100vw, 552px" /></p>
<p>Los magos, tras años  de ensayo y error, han descubierto de forma intuitiva la lógica del cerebro, es decir, la manera de interpretar el mundo, y utilizan este conocimiento para potenciar el impacto generado por sus presentaciones.</p>
<p>Pero no solamente eso. Con el objetivo de generar un “imposible” en apenas unos minutos de actuación, los magos han tenido que aprender a aunar una serie de técnicas manipulativas, destrezas físicas, recursos psicológicos, capacidad narrativa, habilidad comunicativa y expresión dramática. Todo ello encaminado a conseguir una fuerte respuesta emocional ante una experiencia que el espectador recordará no por lo que vió, sino por lo que sintió. Y lo que sintió es el objetivo de la manipulación. Una manipulación honesta y descarada –y en todo acto mágico, previamente consentida- de nuestros conocimientos previos, nuestro intelecto, nuestros sentidos y, sobre todo, nuestras emociones.</p>
<p>De manera no muy diferente a las respuestas emocionales que desarrollamos ante los mensajes publicitarios, las campañas de marketing, los discursos de los políticos en campaña electoral, o la disposición de las estanterías en los supermercados. Con dos notables diferencias: que en todos estos casos la manipulación es subliminal y no consentida, y que por lo general –y esto es claramente una opinión muy personal- el conjunto de las propuestas está muy por debajo del nivel medio de un mago mediocre. Es decir, puestos a manipular, lo hacen muy mal.</p>
<p>Es, por tanto, la magia, un verdadero arte que solo recientemente ha sido valorado en su justa dimensión, precisamente por la ciencia, que ha encontrado muchas respuestas sobre el comportamiento humano al analizar la forma en que los magos construyen sus presentaciones. El hecho de que la magia (además de arte) sea un espectáculo, ha determinado que se presentara en contextos lúdicos, y consecuentemente está en general poco estudiada.</p>
<p>Pero sería justo que valoráramos la magia como un recurso y actividad casi humanística, por cuanto que en el desarrollo y presentación de un simple juego o ilusión, el mago debe potenciar su capacidad de análisis (para evaluar los puntos fuertes y débiles de la propuesta y las eventuales reacciones del público), fijarse un objetivo acorde al análisis previo, dedicar tiempo al estudio de las distintas herramientas que puede utilizar para conseguirlo, debe practicar todo ello, con constancia y de forma metódica, uniendo disciplina y creatividad, empatía, gestión de la audiencia y, por encima de todo, humildad para seguir aprendiendo y modificando sus premisas con un único objetivo: Poder regalarle al espectador unos segundos de ilusión, una vuelta a aquellos casi irrepetibles instantes en que unos Reyes Magos entraban por una ventana para cumplir nuestros anhelos, o el Ratoncito Pérez nos intercambiaba nuestro diente perdido por una chuchería, que era entrañablemente mágica porque era entrañablemente nuestra.</p>
<p>Obligados, pues, los magos a mantener el secreto de sus recursos, están condenados a ocultar sus habilidades.</p>
<p>Porque en el fondo la magia no es tal vez más que eso: El Arte de esconder el Arte.</p>
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		<title>El salto de la Inteligencia Artificial</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/el-salto-de-la-inteligencia-artificial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 May 2023 08:09:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos pocos meses la empresa OpenAI sorprendió al mundo con el lanzamiento de ChatGPT, una inteligencia artificial con dos propiedades clave: es generativa y ofrece respuestas de calidad, siendo capaz de batir el juicio humano de forma convincente, incluyendo complicados exámenes para obtener titulaciones. Además, es accesible a cualquier público a través de lenguaje [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-salto-de-la-inteligencia-artificial/">El salto de la Inteligencia Artificial</a> se publicó primero en <a href="https://www.elalcazardelasideas.es">El Alcázar de las Ideas</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos pocos meses la empresa OpenAI sorprendió al mundo con el lanzamiento de ChatGPT, una inteligencia artificial con dos propiedades clave: es <em>generativa</em> y ofrece respuestas de calidad, siendo capaz de batir el juicio humano de forma convincente, incluyendo complicados exámenes para obtener titulaciones. Además, es <em>accesible</em> a cualquier público a través de lenguaje natural, sin necesidad de conocimientos de programación (el hecho de que un lego en la materia escriba al respecto ya es sintomático).</p>
<p>En suma, el salto que ha dado ChatGPT le permite ser <em>capaz de crear</em> autónomamente ante peticiones y <em>habla directamente</em> con los usuarios, en lugar de ser un <em>producto</em> de una gran corporación (del estilo de Watson de IBM) que luego se vende al público a través de otras corporaciones. <strong>La IA generativa es un paso decisivo que nos acerca a la IA general, que supone capacidad creativa de las máquinas</strong>, interactuando entre ellas, sin ningún estímulo o petición humana.</p>
<figure id="attachment_1457" aria-describedby="caption-attachment-1457" style="width: 1328px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1457 size-full" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37.png" alt="Ritmo de adopción de tecnologías populares" width="1328" height="996" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37.png 1328w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-300x225.png 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-1024x768.png 1024w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-768x576.png 768w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-150x113.png 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-696x522.png 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/Captura-de-pantalla-2023-05-01-a-las-11.38.37-1068x801.png 1068w" sizes="auto, (max-width: 1328px) 100vw, 1328px" /><figcaption id="caption-attachment-1457" class="wp-caption-text">Ritmo de adopción de tecnologías populares</figcaption></figure>
<p>Es difícil subestimar el poder transformador de este salto de la IA generativa y cada día aparecen nuevas funciones y apps, porque puede transformar todos los sectores a lo largo de un tiempo razonablemente corto, disminuyendo los costes, cambiando la experiencia de las personas con la tecnología o creando nuevas formas de ingresos. De forma muy importante, están dando a las personas nuevas formas de crear, con ayuda de la IA generativa, actuando como un <em>aumentador </em>de capacidades.</p>
<p>Muchos trabajos desaparecerán y otros surgirán (de momento uno de los más solicitados es ser creador de <em>prompts</em>), pero los efectos de la IA generativa van más allá del impacto laboral. Si la IA generativa es capaz de crear contenidos que replican o mejoran la creatividad humana, ¿cómo podremos distinguir su auténtica autoría? ¿Cómo y a quién se atribuye la responsabilidad de los mismos si generan malos resultados?</p>
<p>La palabra (y la fuerza) han sido históricamente las formas de persuasión en las cuales se sustenta el poder. Cuando los humanos hemos tenido el privilegio exclusivo de la creatividad, han sido las fórmulas de organización humana las que han regido: monarquías, aristocracia, religión, estados, empresas, medios de comunicación, han usado el poder, pero siempre bajo un control humano. Los códigos legales y normas culturales permiten la convivencia entre humanos que crean, deciden, se equivocan y rectifican. Los humanos aceptamos este marco.</p>
<p><strong>¿Quién controla la tecnología de la IA hoy y quien la controlará en el futuro?</strong> Hoy son un grupo de empresas con talento y capacidad de inversión para explotar los datos de los LLMs creando los modelos y aplicaciones actuales como ChatGPT o Midjourney, Bard en el caso de Google. Microsoft trata de arrebatar la primacía a Google como buscador de internet y todas van a mejorar la funcionalidad de sus productos actuales incorporando módulos de IA generativa.</p>
<p>Pero sus efectos trascienden el ámbito empresarial o de consumo tecnológico para afectar a la sociedad en sentido amplio, y, por tanto, la acción política ha de dar respuestas. Por ejemplo, Italia ha prohibido el uso de IAGen en su territorio, la fundación <a href="https://futureoflife.org/">Future of Life Institute</a> (que cuenta en su consejo asesor a Morgan Freeman, el científico en la película «Lucy», precisamente sobre los límites de la mente humana) ha publicado el 22 marzo 2023 una <a href="https://futureoflife.org/open-letter/pause-giant-ai-experiments/">petición abierta</a> (con más de 27000 firmas a fecha actual, incluyendo Elon Musk y Harari entre otros muchos) para detener experimentos avanzados sobre IA durante seis meses para alinear la investigación con principios (sobre todo los <a href="https://ai-ethics.com/past-principles/">principios Asilomar</a>) y normas políticas de acción.</p>
<p><strong>Las tecnologías digitales y las redes siempre encuentran resquicios para penetrar las fronteras administrativas de los países</strong>. En particular, la IA está ya casi masivamente incorporada en herramientas que usamos a diario, como el correo electrónico, y a futuro lo estará más. Los estados pueden legislar para contener pero sólo hasta cierto punto, y siempre a costa de privar a empresas y a ciudadanos de la parte positiva que tienen las nuevas tecnologías.</p>
<p>La filosofía y el pensamiento político de los últimos 100 años se ha centrado en los estados-nación, regidos por acuerdos y normas entre personas, incluyendo las que emanan de los organismos supranacionales. La propia <a href="https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights">declaración universal de derechos del hombre</a> de 1948 puede quedar obsoleta ante la emergencia de la IA general.</p>
<p>Hoy la IA se usa para filtrar acceso de personas a países (identificación facial), a puestos de trabajo (requerimientos automatizados), para controlar el acceso a servicios públicos de las personas (China) restringiendo la libertad consciente. Más sutilmente influye en nuestra libertad de elección, de forma inconsciente para nosotros, a través de la creación de sesgos <em>(nudges)</em> a nivel individual (por ejemplo, recomendaciones de películas de Netflix, aparentemente sin intención, pero creando adicción) o a nivel colectivo.</p>
<p>Precisamente a nivel grupal, la IA general puede exacerbar las burbujas de pensamiento y cámaras de eco que ya existen a través de la multiplicación de contenidos que no tienen control humano, o donde no está claro cómo y quién controla su creación.</p>
<p><strong>Sin llegar a la IA general, la IA actual puede influenciar regímenes democráticos a través de la manipulación informativa</strong>, como ya sucedió con las elecciones presidenciales de EEUU en 2016, que dieron la victoria a Trump con el escándalo <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Facebook%E2%80%93Cambridge_Analytica_data_scandal">Cambridge Analytica</a>. Las capacidades actuales de la IA hoy incrementan exponencialmente los riesgos. De forma opuesta, refuerzan el poder de los estados tecno capitalistas como China, como se explica en el libro <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-sueno-de-china/">El gran sueño de China</a> de Claudio Feijoo. Poco sabemos por cierto del equilibrio entre China y EEUU en esta carrera por la primacía mundial en la dimensión reciente de la IA generativa y accesible que ha detonado la empresa OpenAI.</p>
<p>Hoy son empresas, con más o menos empuje de sus países respectivos, con ciudadanos con talento de países líderes en estas disciplina, los que están escribiendo las reglas del juego a través de la investigación en la frontera del conocimiento. <strong>Esto genera nuevas relaciones geopolíticas, entre las naciones, de la mano de quien domina la IA</strong>. ¿Son personas como Elon Musk, que dirigen corporaciones líderes, y que tiene 3 nacionalidades (sudafricana, canadiense y estadounidense)?</p>
<p>Es por ello que hace falta pensamiento, filosofía rápida y precisa para entender las implicaciones y encontrar vías de acción que impidan el desarrollo desordenado y sin freno que ya se ha iniciado.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" td-center aligncenter wp-image-1453 size-medium" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/9788437645643-194x300.jpeg" alt="" width="194" height="300" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/9788437645643-194x300.jpeg 194w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/9788437645643-150x232.jpeg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/9788437645643-300x465.jpeg 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/05/9788437645643.jpeg 552w" sizes="auto, (max-width: 194px) 100vw, 194px" /></p>
<p>No en vano, Harari avisa que «la IA ha hackeado el sistema operativo de la civilización humana a través de la capacidad de crear historias de las computadoras.»</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-salto-de-la-inteligencia-artificial/">El salto de la Inteligencia Artificial</a> se publicó primero en <a href="https://www.elalcazardelasideas.es">El Alcázar de las Ideas</a>.</p>
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		<title>Transhumanismo y poshumanismo</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/transhumanismo-y-posthumanismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Feb 2023 10:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[antropología]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[lamarckismo]]></category>
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		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La propuesta de modificar al ser humano mediante la biotecnología era, hace décadas, patrimonio exclusivo de la literatura y del cine de ciencia ficción. Hoy, las innovaciones tecnológicas, inimaginables hace unos años, han generado un tecno optimismo que activa el debate sobre el transhumanismo hacia un estado poshumano. La intuición del biólogo evolutivo y eugenista [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La propuesta de <strong>modificar al ser humano mediante la biotecnología </strong> era, hace décadas, patrimonio exclusivo de la literatura y del cine de ciencia ficción. Hoy, las innovaciones tecnológicas, inimaginables hace unos años, han generado un tecno optimismo que activa el debate sobre el transhumanismo hacia un estado poshumano. La intuición del biólogo evolutivo y eugenista <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Julian_Huxley">Julian Huxley </a>en 1957 de avanzar hacia una humanidad diferente ahora es tecnológicamente posible.</p>
<p>“<em>La concepción evolucionista del transhumanismo obedece a una visión optimista de la ciencia y la tecnología.</em>”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1371 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/IMG_9439-1-300x290.jpg" alt="" width="265" height="256" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/IMG_9439-1-300x290.jpg 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/IMG_9439-1-150x145.jpg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/IMG_9439-1-696x673.jpg 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/IMG_9439-1.jpg 698w" sizes="auto, (max-width: 265px) 100vw, 265px" /></p>
<p>Este libro de Héctor Velázquez Fernández sirve para entender cómo el transhumanismo es el <strong>proceso transicional entre nuestra herencia animal y el futuro pos</strong><strong>humano</strong>. Porque ese sería el objetivo: el dominio sobre el cuerpo, la mente y el futuro de cada uno. Es decir, <strong>la biotecnología nos da la oportunidad de modificar la esencia misma del ser humano para convertirlo en un poshumano</strong>. Dotar a la evolución humana de un<em> telos</em> hasta ahora inexistente. La evolución ya no sería el resultado de cambios aleatorios que permiten a las especies más adaptadas sobrevivir, sino que una especie (el <em>homo sapiens</em>) podría adaptarse a su gusto al medio. El <em>lamarckismo</em> batiría al <em>darwinismo</em> (esas adaptaciones serían heredables).</p>
<p>“<em>Tomar las riendas de nuestra propia evolución y liberarnos de la lotería genética y de las limitaciones que la selección natural nos ha impuesto durante milenios. La tecnología provee por primera vez al hombre de la posibilidad de sustraerse de la selección natural y de arrebatar su destino biológico al proceso lento, ciego, caótico y aleatorio de la evolución. El ser humano está en condiciones de tomar el control de ese cambio evolutivo gracias al avance de la tecnología.</em>”</p>
<p>¿Y si pudiéramos volar? ¿O tener visión nocturna? ¿O correr a 100 km/h y dar saltos de 20 metros? ¿O estar sin respirar debajo del agua durante una hora? ¿O tener una memoria prodigiosa? O, acaso, no perder vista, ni capacidad auditiva, ni fuerza. Asusta que nos digan que nos van a instalar un chip. Pero piensa cuánto te alejas y durante cuánto tiempo de tu teléfono inteligente o de otros dispositivos a los que te conectas (o, mejor dicho, a los que estás permanentemente conectado). Asusta que nos digan que nos van a incorporar alas para volar, pero algunas personas viven gracias a un marcapasos electrónico.</p>
<p><em> </em><em>“Para el transhumanismo, la clave es el avance y la mejora de la especie.”</em></p>
<p>¿Es el avance tecnológico imparable? ¿Cuál es su límite? <strong>¿Es la ética la única barrera al desarrollo tecnológico?</strong> ¿Se debe modificar biotecnológicamente al <em>homo sapiens</em> para conseguir una nueva especie? <em>Homo postsapiens</em>. Poshumano. “<em>Cambiar la definición de lo que somos como especie para dar lugar a una especie emergente, que podría ser no humana</em>”. Bio-orgs, cyborgs, silorgs, symborgs. Mucho más allá de un implante coclear o de implantar una prótesis o piel artificial.</p>
<p>“<em>El transhumano es un humano mejorado, pero humano, al fin y al cabo. El poshumano no se deteriorará metabólicamente, se replicará en infinitas copias y buscará la inmortalidad terrenal.</em>”</p>
<p><strong>Mientras unos investigan cómo humanizar un robot, el transhumanismo defiende robotizar al ser humano. Incluso convirtiéndolo en esa otra especie poshumana.</strong> “<em>Reconfiguración radical del ser humano mediante la biotecnología</em>”. ¿Qué va a ir a más velocidad? ¿Convergirán hasta el punto de llegar a convivir? ¿Dónde está el límite de ambos procesos? ¿Tiene sentido que busquemos conseguir un robot humano cuando ya tenemos humanos? ¿Y lograr un humano robot cuando ya tenemos robots?</p>
<p>Por cierto, ¿sería (o será) “<em>hackeable</em>” un poshumano? ¿Lo son ya los dispositivos tecnológicos que nos instalamos por dentro o por fuera del cuerpo?</p>
<p>“<em>El transhumanismo pugna por la necesaria transformación radical del ser humano a partir de las tecnologías emergentes como una obligación irrenunciable e indiscutible para las generaciones venideras. Sus creadores y divulgadores la han revestido de tal necesidad que lo han transformado en una suerte de responsabilidad moral compartida supuestamente por todos nosotros para acelerar la transformación del ser humano actual como uno que ya no tuviera vulnerabilidad como condición, y sí la mejora como distintivo”</em></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-1373 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism-300x108.jpg" alt="" width="472" height="170" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism-300x108.jpg 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism-768x276.jpg 768w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism-150x54.jpg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism-696x251.jpg 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2023/02/evolution-to-transhumanism.jpg 1000w" sizes="auto, (max-width: 472px) 100vw, 472px" /></p>
<p><span style="font-size: 8pt;">https://santandergto.com/transhumanismo-evolucion-artificial-ser-humano/</span></p>
<p>Está claro que, a medida que avanza la disrupción tecnológica, se abren nuevos debates que ponen al ser humano y al concepto de humano en el centro. La ética y la moral de la tecnología. Que en este texto haya tantas preguntas es una muestra de lo mucho que queda por avanzar. Y la de dilemas sobre los que se tendrá que debatir: ¿Dónde se debe marcar el límite al derecho que tenemos de mejorar nuestro cuerpo?</p>
<p>“<em>Tener solo respuestas y no nuevas preguntas sería un fracaso antropológico”</em></p>
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