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	<title>El Alcázar de las Ideas</title>
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	<description>Foro de pensamiento estratégico y conversaciones con la actualidad</description>
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		<title>La IA y la teoría de la cicatriz: ¿una conexión generacional?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Sep 2026 17:11:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conexión generacional]]></category>
		<category><![CDATA[estudio longitudinal]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
		<category><![CDATA[Mannheim]]></category>
		<category><![CDATA[Posición generacional]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría de la cicatriz]]></category>
		<category><![CDATA[Unidad generacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un antecedente sociológico de la denominada teoría de la cicatriz (scarring theory) se encuentra en el trabajo de Glen H. Elder Jr., “Children of the Great Depression: Social Change in Life Experience” (1974). Elder siguió longitudinalmente a 167 individuos nacidos en 1920-1921 en Oakland (California), desde su infancia hasta los años 60[1], para analizar cómo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un antecedente sociológico de la denominada <strong>teoría de la cicatriz </strong>(scarring theory) se encuentra en el trabajo de Glen H. Elder Jr., “<em>Children of the Great Depression: Social Change in Life Experience</em>” (1974). Elder siguió longitudinalmente a 167 individuos nacidos en 1920-1921 en Oakland (California), desde su infancia hasta los años 60<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, para analizar cómo la Gran Depresión había marcado su curso vital a lo largo de dos generaciones. Ese trabajo fue decisivo para consolidar la perspectiva del curso de vida (<em>life course perspective</em>), hoy central en Sociología, que sostiene que <strong>un mismo shock histórico deja una marca distinta según el momento exacto del ciclo vital en que a cada cohorte le toca vivirlo</strong> (no es lo mismo atravesar una crisis en la infancia que hacerlo ya instalado en una carrera profesional).</p>
<p>Ocho años después, en 1982, el economista David Ellwood formuló una versión más acotada del mismo fenómeno: en su artículo “<em>Teenage Unemployment: Permanent Scars or Temporary Blemishes?</em>”, se preguntaba si el desempleo temprano deja en el trabajador una cicatriz permanente o solo una “mancha” pasajera que se cura con el tiempo. El estudio de Ellwood no encontró que el desempleo temprano desencadenara un círculo vicioso duradero de desempleo recurrente, aunque sí detectó efectos persistentes de la experiencia laboral perdida sobre los salarios. Fueron los trabajos posteriores, consolidados en un número especial de <em>The Economic Journal</em> dedicado al <em>unemployment scarring</em>, con trabajos de Wiji Arulampalam, Paul Gregg y otros autores, los que asentaron el concepto como hecho estilizado en la literatura laboral: <strong>un despido temprano, un periodo de desempleo prolongado o una incorporación tardía al mercado de trabajo dejan una marca que no se borra cuando la coyuntura mejora, y que se traduce en peores salarios, trayectorias más inestables y menor progresión profesional años después</strong>.</p>
<p>Que la idea llegara antes a la Sociología que a la Economía no es un dato menor: con frecuencia es esta disciplina la que intuye antes el fenómeno, aunque sea otra la que termine formalizándolo y popularizándolo.</p>
<p>Lo interesante, en cualquier caso, es que <strong>la cicatriz casi nunca es un fenómeno puramente individual</strong>. Suele producirse de forma simultánea sobre toda una cohorte, precisamente porque responde a una crisis o a un shock que afecta a muchas personas a la vez. Aquí es donde entra <a href="https://1989after1989.exeter.ac.uk/wp-content/uploads/2014/03/01_The_Sociological_Problem.pdf?utm_source=chatgpt.com">Karl Mannheim</a> y su distinción entre <strong>posición generacional</strong> (Generationslagerung) y <strong>conexión generacional </strong>(Generationszusammenhang). Compartir una posición generacional —haber nacido en años próximos— no basta para constituir una generación en sentido sociológico fuerte. Hace falta, además, una conexión generacional: haber vivido de forma común un mismo acontecimiento histórico que marca una manera compartida de ver el mundo. Cuando esa conexión se da, la cohorte deja de ser solo una categoría demográfica y se convierte en lo que Mannheim llamaba una <strong>unidad generacional </strong>(Generationseinheit).</p>
<p>La pregunta que me interesa plantear es <strong>si la IA puede estar generando las condiciones para una cicatriz de este tipo</strong>, es decir, la IA como conexión generacional. Porque el impacto de la IA no es uniforme: afecta de manera desproporcionada a quienes se incorporan por primera vez al mercado laboral, precisamente porque muchas de las tareas que tradicionalmente servían para formar a un profesional “junior” (análisis rutinarios, primeros borradores, tareas de apoyo) son las que la IA automatiza con más facilidad. Si esto se confirma, quienes están entrando al mercado laboral ahora podrían experimentar un retraso en su incorporación efectiva, o una etapa inicial más precaria de lo habitual, con efectos que (como toda cicatriz) podrían prolongarse mucho más allá del momento en que la disrupción tecnológica se estabilice.</p>
<p>Esta hipótesis ha empezado a encontrar algo de respaldo empírico. Brynjolfsson, Chandar y Chen (2025), en su estudio “Canaries in the Coal Mine”, documentan una caída relativa del 13-16% en el empleo de trabajadores de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas a la IA generativa desde el lanzamiento de ChatGPT, mientras el empleo de trabajadores más veteranos en esas mismas ocupaciones se mantuvo estable o creció. Tucker (2026) encuentra, con datos censales de EE. UU., una caída del 9% en las nuevas contrataciones de trabajadores de 22 a 24 años en los sectores más expuestos. El mecanismo, además, coincide con el que aquí se plantea: no son despidos masivos, sino menos contratación de nuevos entrantes. Conviene, eso sí, mantener la cautela: un informe reciente del Center for the Governance of Change de IE University (Lipson, 2026) recoge tres lecturas en competencia sobre estos mismos datos —desplazamiento real por IA, causas macroeconómicas ajenas a la IA (tipos de interés, teletrabajo), y una lectura más optimista que sostiene que la IA transforma el trabajo de entrada sin reducir el empleo neto—, de modo que la evidencia, aunque ya existe, sigue siendo objeto de debate.</p>
<p>Y si ese retraso o esa precariedad inicial se vive de forma compartida por una cohorte completa —los que entran al mercado laboral entre, digamos, 2026 y 2030—, no estaríamos solo ante una cicatriz individual replicada muchas veces, sino ante el nacimiento de una auténtica unidad generacional en el sentido de Mannheim: una generación que se reconocerá a sí misma, en el futuro, como “<strong>la que empezó a trabajar cuando la IA lo cambió todo</strong>”.</p>
<p>El precedente más inquietante de una unidad generacional de este tipo ya existe: la “Lost Generation” japonesa de los años noventa, que entró al mercado laboral durante la Década Perdida y hoy, ya en la cincuentena, sigue mostrando tasas de aislamiento social (hikikomori) muy superiores a las de otras cohortes.</p>
<p>Es una hipótesis construida por analogía con la teoría de la cicatriz y las unidades generacionales de Mannheim, que habrá que contrastar con datos en los próximos años. Pero si se confirma, tendría una implicación incómoda: <strong>la desigualdad que genere la IA no se repartirá solo entre quienes saben o no usarla, como suele discutirse, sino también entre generaciones enteras, según el momento exacto en que les tocó entrar al mercado de trabajo.</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Método que nos recuerda al utilizado desde 1938 en el Estudio Harvard sobre el Desarrollo de los Adultos.  Inicialmente siguió a 268 estudiantes de Harvard y a 456 jóvenes de barrios humildes de Boston, ampliándose después a más de 2.000 personas incluyendo cónyuges y descendientes. “Una buena vida” de Waldinger y Schulz. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3XRW-TCAIFM">Vídeorreseña</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La IA exige más Antropología a la Sociología</title>
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		<dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jul 2026 19:58:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Comte]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A mediados del siglo XIX, Auguste Comte acuñó el término «Sociología» en un contexto de profunda tensión. No se trataba de la ambición de fundar una disciplina nueva, sino de una necesidad. La Revolución Francesa había desmontado el orden político del absolutismo y abierto paso, con enorme fricción, a los regímenes liberales y representativos. La [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A mediados del siglo XIX, Auguste Comte acuñó el término «Sociología» en un contexto de profunda tensión. No se trataba de la ambición de fundar una disciplina nueva, sino de una necesidad. La Revolución Francesa había desmontado el orden político del absolutismo y abierto paso, con enorme fricción, a los regímenes liberales y representativos. La Revolución Industrial, casi en paralelo, estaba desplazando a poblaciones enteras del campo a la ciudad, sustituyendo el taller artesanal por la fábrica, y creando unas nuevas clases —burguesía industrial y proletariado— que no encajaba en las categorías del Antiguo Régimen. Comte, y tras él Durkheim, Marx o Weber trataron de responder a una realidad que exigía nuevos instrumentos conceptuales para ser comprendida.</p>
<p>Creo que estamos ante una situación análoga, pero de una intensidad superior. La disrupción tecnológica que entonces fue la máquina de vapor es hoy la inteligencia artificial (IA). Y del mismo modo que el vapor no se limitó a transformar los telares (con la reacción de los luditas), sino que reorganizó la relación entre trabajo, capital y territorio, la IA no se está limitando a automatizar tareas: está reconfigurando qué es el trabajo, cómo se remunera el capital, y qué formas adopta la desigualdad. Las discusiones actuales sobre la sustitución de empleos cualificados, la concentración de rentas, riqueza y poder, o sobre la brecha entre quienes saben usar la IA quienes no, son la versión contemporánea de aquel desplazamiento del campo a la fábrica.</p>
<p>Pero el punto que más me interesa desarrollar desborda el marco estrictamente sociológico para adentrarse en el terreno de la antropología: el modo en que la IA está empezando a transformar la relación entre las personas<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Comte, Durkheim o Tönnies se preocuparon por cómo la industrialización y la urbanización alteraban los vínculos sociales —el tránsito de la <em>Gemeinschaft</em> a la <em>Gesellschaft</em>, de la comunidad a la asociación, de la solidaridad mecánica a la orgánica—. Hoy asistimos a una mutación distinta y en cierto modo más radical: la aparición de interlocutores no humanos —asistentes conversacionales, compañías artificiales, sistemas que simulan empatía y comprensión— como parte habitual del tejido relacional de las personas. No se trata solo de que la tecnología medie nuestras relaciones humanas, como ya hacía el teléfono o las redes sociales, sino de que la tecnología misma se ofrece como sujeto de relación —lo que Yuval Noah Harari, en Nexus (2024) (desde <a href="https://www.youtube.com/watch?v=TwAu9bDPm2c">aquí</a> podrás ver mi vídeorreseña), describe como el tránsito de una competencia por nuestra atención a una competencia por nuestra intimidad—. Esto plantea preguntas que la sociología clásica no tuvo que formular: qué ocurre con la confianza, con la reciprocidad, con el reconocimiento mutuo cuando una de las partes de la relación no es, en sentido estricto, otro sujeto.</p>
<p>Esta es la línea que quiero desarrollar: no tanto (o no solo) los efectos económicos de la IA, sino esa dimensión antropológica del cambio en la forma de relacionarnos, y lo que puede significar para conceptos sociológicos centrales como el de vínculo social, comunidad o reconocimiento. No se trata de multidisciplinariedad —de que la Sociología y la Antropología coexistan como compartimentos separados que se consultan puntualmente—, sino de transversalidad: <strong>la nueva Sociología que necesitamos para entender la IA tiene que llevar la mirada antropológica dentro de su propio instrumental analítico, no como una disciplina auxiliar a la que se recurre cuando el análisis económico o político se queda corto</strong>.</p>
<p>En conclusión, la Sociología nació a mediados del siglo XIX, con Comte, para explicar las transformaciones derivadas de la Revolución Francesa —como el declive de los autoritarismos y la consolidación de los regímenes liberales— y de la Revolución Industrial —especialmente en el plano económico y social—. La irrupción de la IA reactiva estas preocupaciones, pero exige algo más que sumar una disciplina a otra: exige una Sociología transversalmente antropológica, capaz de comprender las dimensiones culturales, simbólicas y prácticas de los cambios que estamos viviendo y los que vendrán.</p>
<p>¿Qué cambia cuando las personas empezamos a establecer relaciones con entidades que no son humanas pero sí participan de nuestra vida social? Quizá esa sea la pregunta que la Sociología deba responder a partir de ahora. Y para hacerlo no bastará con dialogar con la Antropología: tendrá que hacer suya la mirada antropológica. Porque <strong>ya no se trata solo de comprender cómo cambia la sociedad, sino de comprender cómo cambia nuestra forma de estar en ella cuando dejamos de relacionarnos exclusivamente con otros seres humanos.</strong> Transversalidad y no solo multidisciplinariedad.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>Ya en 2020 apuntaba una intuición cercana a esta en una reseña sobre el libro <em>Alfas y Omegas. Guía para un liderazgo incluyente</em> (Mercè Brey y Victoria Yasinetskaya), publicada en Empresa Global bajo el título «<a href="https://www.afi.es/insights/cuanta-mas-ia-mas-ie">Cuanta más IA, más IE</a>«. Aquella reflexión, sin embargo, partía de una IA-herramienta —automatización y digitalización que exigía revalorizar la inteligencia emocional en el liderazgo para relacionarnos mejor entre humanos—, mientras que el interés que aquí planteo es distinto: una IA que se ofrece ella misma como interlocutor, no solo como catalizador de mejores relaciones humanas.</p>
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		<title>La ilustración oscura salta a la escena</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/la-ilustracion-oscura-salta-a-la-escena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 10:55:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El concepto de ilustración oscura (dark enlightment) se contrapone con la ilustración tradicional o clásica en que mientras tras esta prima la razón colectiva y la acción basada principios morales deseables como la libertad, la justicia y la igualdad, aquella busca la eficiencia técnica a través de la autoridad jerárquica. La ilustración clásica está en la base [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El concepto de <em>ilustración oscura</em> (<em>dark enlightment) </em>se contrapone con la <em>ilustración tradicional </em>o <em>clásica</em> en que mientras tras esta prima la razón colectiva y la acción basada principios morales deseables como la libertad, la justicia y la igualdad, aquella busca la eficiencia técnica a través de la autoridad jerárquica. La ilustración clásica está en la base del sistema capitalista occidental, y fue la piedra sobre la que se construyó la democracia liberal, que dio lugar a estados de corte social y proteccionistas en grado variable. Podríamos pensar que antes de la ilustración y la revolución industrial la humanidad vivía en tiempos de oscuridad bajo el manto de las creencias religiosas, el feudalismo y el absolutismo monárquico. Pasamos del teocentrismo al antropocentrismo.</p>
<p>La ilustración clásica es hija de Europa, nació de la filosofía renacentista que hunde sus raíces en el pensamiento helénico, que a su vez moldea buena parte del sistema de valores que dio lugar al pensamiento judeocristiano, la placenta en la que crece la idea de Europa. Ello explicaría la identificación occidental con el sistema de valores europeo, del cual se derivaron los de Estados Unidos, que quizás tienen más vida propia de la que podemos imaginar.</p>
<p>La ilustración oscura aparece en Estados Unidos como una ideología que cuestiona el sistema político prevalente de la democracia liberal como medio para liberar al capitalismo de las garras del movimiento <em>woke</em> y de la burocracia estatal y administrativa que se ha construido al amparo de los sistemas democráticos y el equilibrio de poderes. La ilustración oscura tiene exponentes como el filósofo Nick Land, Curtis Jarvis o Peter Thiel, conocido magnate digital y uno de los propietarios de Palantir, una de las compañías de referencia del Pentágono para el desarrollo de sistemas cibernéticos. Sus teorías abogan por el <em>aceleracionismo</em> económico -e incluso biológico- , y creen que la democracia está desfasada como sistema de gobierno y toma de decisiones en la era digital en la cual nos adentramos cada vez más. En esencia piensan que el PIB está frenado y que puede incrementarse mucho la riqueza global abandonando la democracia, y <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/fight-fight-fight/">gestionando el país como si fuera una compañía</a>.</p>
<p>La ilustración oscura es una respuesta de la extrema derecha de Estados Unidos a la incapacidad del modelo actual, al menos bajo los demócratas, de competir contra el ascenso imparable de China como sistema económico alternativo. El movimiento de la ilustración oscura es un pensamiento que tiene raíces libertarias, anarquistas y religiosas, y ha encajado bien con el movimiento MAGA, abogando por el tecnofeudalismo &#8211; término popularizado por Yannis Varoufakis en su libro homónimo -. Las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos, artífices de la mayoría del crecimiento del PIB norteamericano y responsables de la mayoría de inversiones y desarrollos en infraestructuras tecnológicas ligadas a la IA, verían reducidas sus trabas para seguir creciendo con una regulación anticompetencia laxa, incrementando aún más su impulso de la actividad económica. La contrapartida es una creciente connivencia con el poder político y con el aparato de funcionamiento estatal, cada vez más evidente.</p>
<p>En el extremo, fuentes informadas vinculan el interés de Trump por Groenlandia con el intento de desplegar estas estrategias en una <em>tabla rasa</em> – lo llama un “simple pedazo de hielo” -, idea soportada otra vez por Peter Thiel y su empresa Praxis, para experimentar con diversas tecnologías sin estar sometido a las leyes de Estados Unidos (ver iniciativas como la propia Praxis o el Seasteading Institute).</p>
<p>China tiene su propio sistema de gobierno basado en la disciplina de su cultura en torno a la férrea dirección del competente Partido Comunista chino, al cual los gigantes tecnológicos chinos llevan tiempo supeditados. En poco más de 25 años han superado en muchos ámbitos a Estados Unidos, país que emergió como ganador de la Segunda Guerra Mundial y hegemón incontestable desde la final de la Guerra Fría.</p>
<p>Pese a la burocracia del sistema chino &#8211; al menos para los occidentales – y la corrupción en distintos niveles, este no parece haber sido un freno para que rebasen continuamente previsiones ambiciosas de liderazgo y autonomía en sectores estratégicos. Cuando menos hay que rendir tributo a la capacidad de China de responder a un entorno económico y político global cambiante con una enorme resiliencia, especialmente desde la crisis de Lehman Brothers. Los chinos están orgullosos de su país y regresan por oleadas tras haberse formado en el extranjero y cada vez mejor en sus escuelas y universidades. Encuentran en China un lugar donde desarrollarse, aunque sea sin libertad y con la seguridad relativa que les otorga un sistema que les controla, pero que les aporta una tranquilidad y predictibilidad compatible con su idiosincrasia y sus ambiciones.</p>
<p>Quizá lo que está cambiando en buena parte de occidente democrático, y comienza a ser explícito en Estados Unidos, son los retos de la democracia para adaptarse a los nuevos tiempos y nuevas reglas. Los sistemas de contrapesos, los equilibrios parlamentarios, el gigantismo y complejidad de las estructuras federales y estatales obsoletas, no son las armas que dan flexibilidad en la competición en la defensa de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Por supuesto, en la política estadounidense siempre hay un elemento en la personalidad de Trump que la aleja de cualquier guión predecible.</p>
<p>Porque quizá estamos en una lucha entre modelos que persiguen el mismo objetivo, tras la evidencia de que China puede ser la nueva Atenas, y de que Estados Unidos &#8211; y occidente detrás &#8211; es la Esparta que se resiste a ver su hegemonía supeditada. Aunque quizá hay que contemplar un mundo de alianzas móviles y multialineamiento como propone Mark Carney y llevan tiempo ejecutando países como la India.</p>
<p>A la Unión Europea la ilustración oscura le coge con un pie cambiado, atrapada en una soberanía compartida, con intereses asimétricos en los distintos países, subsidiaria en tecnologías digitales, acosada por la Rusia de Putin, y menospreciada por la política exterior de Trump. Las posiciones políticas europeas revisten en este entorno una complejidad que no tienen los países integrados, que no pertenecen a un bloque económico y político a medio construir. Los informes Letta y Draghi, desarrollados en una medida mínima años después de su publicación, han de ser seguramente revisados en su alcance y sobre todo expeditados en su ejecución.</p>
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		<title>Buscando a Frodo</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/buscando-a-frodo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ángel Gómez de Ágreda]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:55:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A nadie se le escapa la moraleja que sobrevuela toda la saga de “El señor de los anillos”: el poder absoluto corrompe. Corrompe a cualquiera que lo tenga y, además, convierte a quién lo ostenta en odiado enemigo para todos aquellos que no lo tienen. El poder absoluto nace de la invisibilidad, del hecho de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A nadie se le escapa la moraleja que sobrevuela toda la saga de “El señor de los anillos”: el poder absoluto corrompe. Corrompe a cualquiera que lo tenga y, además, convierte a quién lo ostenta en odiado enemigo para todos aquellos que no lo tienen.</p>
<p>El poder absoluto nace de la invisibilidad, del hecho de poder estar en cualquier sitio, y de controlar desde ahí al resto de los instrumentos de poder. Nadie está a salvo de su maldición, ni de la tentación de utilizarlo si lo tiene a su alcance. Su poder sólo sirve al poder mismo y termina por desgastar a quién lo ejerce temporalmente.</p>
<p>Es un argumento que también aparece en la película animada “Heavy Metal” (1981) en forma de esfera verde fosforescente esta vez.</p>
<p>Por eso, precisamente, hay que encontrar a Frodo. Necesitamos un mediano tan débil como para que le resulte muy difícil emplear ese poder por sí mismo, tan íntegro como para resistir breves momentos de tentación, tan consciente de su labor como inconsciente de su poder. Y tendremos que ayudarle a llevar a cabo su tarea desde la humildad y la lealtad de Sam.</p>
<p>Porque, en la monumental obra de Tolkien, hay un malo malísimo que todo lo ve y que es capaz de crear orcos del barro. Sauron tendría hoy nombres distintos dependiendo de quién escribiera la historia. Pero los miembros poderosos de la “compañía del anillo” tampoco serían portadores fiables de la fuente de poder. De hecho, ansían y temen incluso el más mínimo contacto con el anillo por la tentación irrefrenable que supondría.</p>
<p>No importa mucho si se trata del cowboy belicoso iluminado por la sabiduría de Gandalf y que, en muchas ocasiones, parece amenazar con convertirse en el protagonista de la historia. O si es el elfo de valores y cultura milenaria, y un tanto blandito para el gusto de algunos. O el rudo enano avaro que vivió con su pueblo tiempos mejores. Ni siquiera el mismo Gandalf, el gris, se atreve a acometer el reto por sí mismo.</p>
<p>El anillo, en manos de un mediano, termina en las profundidades de una cueva para disfrute de su portador; su tessssoro devora y contamina a Smeagol para convertirlo en el friki Gollum fagocitándole. En otras manos, en otro dedo, el anillo consume el mundo fuera de la cueva.</p>
<p>Un anillo único para dominar a todos los anillos menores que han mantenido el equilibrio en el mundo. Un anillo para tener el poder, no un poder.</p>
<p>¿Alguien se ha preguntado qué pasaría en “Los inmortales” (Highlander) cuando solamente quedase uno? Un inmortal entre mortales, sin contrapoderes, sin pares, sin límites.</p>
<p>¿Alguien no se ha preguntado qué pasaría si alguna potencia (o empresa) alcanzase la ansiada supremacía tecnológica? La inteligencia artificial, la capacidad de computación y la omnipresencia de los dispositivos que registran nuestros datos no tienen precedentes ni equivalentes en la historia. No son un paso más respecto de las enormes colecciones de inteligencia que se acumulaban hasta ahora. Ni cuantitativa ni cualitativamente.</p>
<p>La base de datos de una empresa como ClearView, miles de millones de imágenes, más que decuplica la del FBI o centuplica la de los cuerpos policiales de cualquier estado norteamericano. Imágenes extraídas de las redes sociales y de otras plataformas privadas, que también las tienen y que comercian con ellas. Mis imágenes y las de todos nosotros. Mejor dicho, las imágenes de mí y de todos nosotros, que el posesivo hay que usarlo con cuidado en estos casos.</p>
<p>Porque lo fundamental -con ser importante- no es quién tiene la propiedad de las imágenes, sino qué alma han capturado. Quizás aquellos pueblos primitivos que sospechaban que una fotografía te robaba parte del alma tenían su parte de razón.</p>
<p>La importancia de los datos tiene que ver con el ser, más que con el tener. Al regalar, vender o perder nuestros datos no estamos sólo privándonos de una propiedad, sino que estamos renunciando a nuestras propiedades, a nuestras características distintivas, a nosotros mismos.</p>
<p>Nos estamos volviendo orcos adocenados que operan en manadas informes al servicio de su señor Sauron bajo la vigilancia permanente de su ojo que todo lo ve. No parece haber alternativa al poder oscuro ni jedis que nos rescaten.</p>
<p>Quizás estemos llegando al momento en que sí podamos engañar a todos permanentemente en lugar de confundir a todos durante un tiempo o a unos pocos para siempre. La diferencia es la misma que la que hay entre un anillo y el anillo único.</p>
<p>Igual también hace falta que Frodo lleve el anillo hasta el centro mismo del poder en que fue fraguado para arrojarlo allí y que se funda en la lava de la que surgió. Que tengamos que volver a las raíces más profundas de esta nueva dimensión que hemos creado, con humildad, arrastrándonos en los últimos tramos, a devolver al fuego lo que amenaza con consumirnos.</p>
<p>Forjar de nuevo herramientas en lugar de construir mundos. Volver al eterno castigo prometeico de reconstruir lo que las alimañas van devorando, a nuestra condición de simples humanos (o hobbits), a los equilibrios inestables, al dinamismo, aunque acabe llevando a la guerra y a la revolución. La vida es movimiento, alternativa, diferencias de potencial. El anillo único es sujeción, estatismo…y muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nota: Este texto se elaboró para formar parte de <em>Un mundo falaz</em> (Ariel, 2026), aunque quedó fuera de la revisión final.</p>
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		<title>El mundo en la era de Trump, año 2</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/el-mundo-en-la-era-de-trump-ano-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 23:55:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las Navidades y el Año Nuevo son en la cultura occidental época de buenos deseos y tiempo de nuevos propósitos para el año que comienza. Para 2026, no es posible evitar un balance geopolítico tras el primer año del segundo mandato de Trump en la Casa Blanca. Hace un año escribí sobre el carácter mediático [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las Navidades y el Año Nuevo son en la cultura occidental época de buenos deseos y tiempo de nuevos propósitos para el año que comienza. Para 2026, no es posible evitar un balance geopolítico tras el primer año del segundo mandato de Trump en la Casa Blanca.</p>
<p>Hace un año <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/fight-fight-fight/">escribí</a> sobre el carácter mediático de la presidencia de Trump, una persona que se siente predestinada a tener un papel protagonista en la Historia y que sin duda lo está consiguiendo por la trascendencia de las acciones de política exterior que ha acometido durante 2025, y que parece que van a continuar en 2026.</p>
<p>Durante 2025, la administración Trump ha consolidado la división interna en el país, con una política antiinmigración que no ha sido una sorpresa, sino el reflejo de sus promesas electorales. En política exterior, la presidencia norteamericana publicó recientemente la estrategia de seguridad nacional de EEUU donde América First se detalla con toda nitidez y avisa que Estados Unidos no dudará en usar el poder blando, o duro, para modelar el mundo a la medida de sus intereses económicos y geopolíticos.</p>
<p>Ha impuesto el acuerdo de paz en Gaza, deteniendo las incursiones del ejército israelí aunque sigue el proceso de ocupación, de forma lenta, pero imparable, con el objetivo de que Israel domine toda la Franja, creando un buffer de naciones árabes alrededor que han detenido sus críticas contra Israel, enlazados por acuerdos económicos con la administración Trump: no ven necesario compartir religión o doctrina, con compartir interés económico parece ser suficiente de momento. Los países árabes ricos han comprometido inmensas sumas de inversión en EEUU, y a cambio el poder militar de EEUU les mantiene.</p>
<p>Porque EEUU ha impuesto el valor tecnológico de su ejército en los conflictos donde se usa su armamento. Ucrania estaría derrotada desde hace años si no fuese por la tecnología militar y civil aportada por empresas de EEUU. Israel es el principal cooperador tecnológico de EEUU en materia de defensa. Los países ricos del Golfo tienen la tecnología militar más avanzada, con excepción de la que usa el propio ejército de EEUU, y por supuesto, los países aliados en el sudeste asiático están en la misma situación.</p>
<p>Reeditando la doctrina Monroe, las reclamaciones territoriales de EEUU en defensa de su seguridad estratégica son cada vez más amplias. Puede demandar la anexión de Groenlandia (o un acuerdo amplio de extracción gratuita de minerales), hacer lo propio con las tierras raras en Ucrania, o exigir la primacía de contratos para las empresas norteamericanas en la reconstrucción de Gaza o de Ucrania, llegado el momento. Trump busca activamente buffers, económicos, tecnológicos, geográficos, estratégicos, márgenes de actuación amplios en aras de la seguridad nacional de EEUU.</p>
<p>La invasión de Venezuela y la deposición por la fuerza de Maduro y su detención para ser juzgado por narcotráfico es la más reciente muestra de la desidia de Trump por la legalidad internacional y sus instituciones multilaterales. Trump quiere imponer America First en cualquier aspecto que beneficie a EEUU, y lance los mensajes adecuados a los que declara enemigos: la Unión Europea, China y Rusia, los únicos poderes que pueden hacer sombra a sus aspiraciones.</p>
<p>De la Unión Europea abomina que no puede hacer lo que él quiere con un mercado que considera lacayo y que tiene más consumidores que EEUU. Trump quiere una Europa dividida, con estados pequeños (en comparación con EEUU), que sean un mercado sin restricciones para su industria de defensa y para las corporaciones tecnológicas. Rechaza toda la legislación y el trabajo de la Comisión Europea porque supone un intento de organización colectiva fuerte de Europa, dificultando sus ambiciones económicas en Europa. Trump de hecho quiere tratar a Europa como extensiones transoceánicas de los Estados Unidos de América. Europa, con el Reino Unido y una Unión Europea con una gobernanza imposible de 28 naciones cada vez más polarizadas políticamente, no tiene ni los líderes, ni el coraje,  ni la tecnología para defenderse de la agresión norteamericana.</p>
<p>China es el gran contrapoder de EEUU en el mundo, y lo que Trump hace siempre trata de mandar un mensaje a China (y a Rusia). Tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial, EEUU siempre ha sido un país intervencionista en asuntos de otros países en su lucha contra la extensión del comunismo de la Unión Soviética, pero no existen registros históricos de acción exterior equivalente de China hasta el momento. Quizá su ideología confuciana influye en su forma de actuar, pero sin duda la actuación de Trump es cada vez más molesta para una China que necesita del resto del mundo como mercado para dar sentido a su enorme capacidad de ofrecer productos y servicios al mundo. Hoy por hoy, China corteja mejor que EEUU a los países importantes del Sur Global, países como India, Brazil, Sudáfrica… que pueden desequilibrar la balanza geoestratégica. Por ello EEUU tiene prisa por imponer su agenda y enseñar los dientes en el proceso.</p>
<p>Rusia es un gigante con pies de barro, pero es al tiempo el país más extenso del mundo, rico en materias primas, con mucha frontera con el mar Ártico, y dominado por una elite de hierro con Putin al frente. Sobre todo, posee capacidad de disuasión nuclear, lo que eleva su estatura intimidatoria en cualquier conflicto, como se está viendo en Ucrania. Rusia no puede hacer exteriormente mucho más que desestabilizar países, pero no ofrece, como EEUU o China, ningún modelo económico o social tentador.</p>
<p>Posiblemente no hay otra época mejor de la historia en la que mirarnos que los momentos previos a la Primera Guerra Mundial. Un momento de primacía y fortalecimiento de las identidades nacionales, que en búsqueda de territorio arrasaron Europa en dos ocasiones en el siglo pasado. En ambos casos, EEUU resultó vencedor, porque aportó recursos materiales y humanos que luego se cobró bien de los vencidos. Venció porque convenció, ganó legitimidad con su defensa de los valores y no humilló. Hoy, el EEUU de Trump está cultivando el miedo, la desconfianza y la desafección, los peores enemigos cuando se pierde la mano.</p>
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		<title>Valores tradicionales de la cultura japonesa</title>
		<link>https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Oct 2025 08:45:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Japón siempre ha sido un misterio para los occidentales. Con una posición geográfica extrañamente simétrica a Reino Unido en el otro extremo del continente euroasiático, ambos países comparten culturas fuertes, pero muy distintas. Reino Unido fue una vez faro de occidentalismo. Japón, una pequeña nación de 72 millones de habitantes en 1940 con una cultura [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Japón siempre ha sido un misterio para los occidentales. Con una posición geográfica extrañamente simétrica a Reino Unido en el otro extremo del continente euroasiático, ambos países comparten culturas fuertes, pero muy distintas. Reino Unido fue una vez faro de occidentalismo. Japón, una pequeña nación de 72 millones de habitantes en 1940 con una cultura profundamente endogámica, fue el causante de la extensión de la Segunda Guerra Mundial en Asia. Su derrota final a manos de EEUU planteó a este país cómo controlar y reconstruir una nación que luchó hasta el límite con fiereza y crueldad, sin tener que desplazar a Japón a un millón de soldados norteamericanos.</p>
<p>La respuesta vino de comprender la cultura japonesa y actuar en consecuencia. Los contenidos del libro <em>El crisantemo y la espada</em>, escrito por la antropóloga Ruth Dickinson e inspirado en la solicitud del gobierno de EEUU, estuvo detrás de la primera decisión trascendental que tomó el general McArthur, comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas de ocupación en Japón tras la rendición. Con unos pocos miles de hombres, decidió mantener la autoridad y preservar la vida del emperador Hiro Hito, pero al tiempo condenar a la horca al primer ministro Tojo, jefe del gobierno militarista que ordenó el ataque a Pearl Harbor.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-1884 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga.jpeg" alt="" width="229" height="220" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga.jpeg 229w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-150x144.jpeg 150w" sizes="(max-width: 229px) 100vw, 229px" /></p>
<p>La cultura japonesa dista mucho de los códigos occidentales y aunque tiene una fuerte base china permaneció completamente aislada hasta la <em>revolución del emperador Meiji</em> de 1868. Curiosamente, Japón no es un país de cultura milenaria. No usó la escritura (que importó y adaptó de China creando sus propios ideogramas) hasta el siglo VII de nuestra era. Mantuvo un jerárquico sistema de castas hasta el siglo XIX, estratificado entre el <em>shogun, </em>los <em>daimios, </em>los <em>samurais, </em>los campesinos, comerciantes y esclavos, con el emperador en la cúpula como figura divina y representativa. La jerarquía basada en edad, sexo, o primogenitura dictaba el código de comportamiento en las relaciones familiares. Su credo sintoísta tiene una base budista y confuciana, pero no creen en la reencarnación ni asumen el pacifismo confuciano. De hecho, vieron las religiones y los dogmas ajenos a su cultura como un peligro para la misma, como bien saben los jesuitas.</p>
<p>Su sistema de valores está presidido por un código de honor que impregna el comportamiento de cada persona y su aceptación social. Las desviaciones son poco toleradas, sobre todo en el Japón antes de la derrota.  Entonces aplicaban sus propios estándares de pensamiento a la relación con otras naciones. Su visión jerárquica les llevó a concebir que Japón merecía una posición de dominio en Asia, reforzadas por la tremenda expansión industrial y económica que alcanzaron desde la revolución Meiji. Las victorias militares contra Rusia en 1905 y la invasión a gran escala de China en 1937 tras la creación de Manchuria en 1931 (aprovechándose del último emperador de China, el títere Pu Yi), reforzaron su sensación de superioridad. Curiosamente, Japón se desarrolló económicamente sin clases medias, como ocurrió en occidente.</p>
<p>Para el japonés, las obligaciones para con el emperador, la familia, los jefes, son equivalentes a una <em>deuda financiera</em>, el <em>on, </em>que se asume y se paga cuando se requiere, sea en una guerra, ante un contrato matrimonial organizado por los padres, o ante un contrato privado o una relación de amistad. Los japoneses no gustan de recibir favores a los que no pueden corresponder en igual medida. La venganza es parte legítima de la acción cuando el honor ha sido mancillado según sus códigos personales (<em>giri)</em>. Su respeto por la jerarquía les hace cambiar diametralmente su actitud, como cuando el emperador Hiro Hito ordenó la rendición de Japón: los mismos soldados fueron a la guerra por orden del gobierno militarista de Tojo y que sobrevivieron, eran casi corteses con los norteamericanos un día más tarde de la orden de rendición. McArthur y sus soldados no tuvieron incidentes notables durante la ocupación norteamericana. Simplemente asumieron que su visión de dominio de Asia estaba equivocada y había que trabajar en una dirección distinta. Y a ello se pusieron con energía, convirtiéndose, después de haber sido arrasados, en segunda potencia mundial tras EEUU en los años ochenta del siglo pasado.</p>
<p>El japonés es un pueblo de contradicciones a ojos occidentales, entre otras razones, porque no tiene concepción del bien o el mal según nuestros estándares occidentales, mucho más moralistas por la influencia de la religión judeocristiana. El japonés se rige por normas de conducta que pueden llevarle a matar, o a ser extremadamente cordial y agradecido. Para ellos, un hombre bueno es una persona que usa sus capacidades al máximo. Hasta 1945, el suicidio por <em>seppuku </em>era la forma de pedir perdón por una actuación deshonrosa. En los<em> 47 ronin, </em>la epopeya nacional que vertebra una parte de su identidad, unos <em>samurais</em>, ante la muerte por <em>seppuku </em>de su señor <em>daimio, </em>se vengan, en contra de la orden del <em>shogun, </em>matando al otro <em>daimio que</em> afrentó a su señor. Como consecuencia, los 47 ronin han de cometer <em>seppuku. </em>Su nivel de autoexigencia les obliga a ser “una espada libre de herrumbre”. Para el japonés, la sinceridad o <em>makoto</em> no tiene el significado de verdad que le damos en occidente, sino de coherencia con lo que se piensa o se es, llegando al fanatismo si es necesario.</p>
<p>Para el japonés, es más importante la vergüenza que la culpa. La vergüenza es una carga insoportable, que hace tolerable la venganza, o incluso el suidicio o <em>seppuku </em>por deshonor. Las culturas occidentales de la culpa han encontrado en la confesión cristiana un método de expiación, sin espectadores. Para el japonés, el deshonor, aunque sea privado, es intolerable, por su compromiso con su cultura y valores.</p>
<p>El cultivo del <em>espíritu japonés </em>tiene numerosas manifestaciones estéticas (paisajismo, orden, perfeccionismo, etcétera) que refuerzan su entrega, al tiempo que aparentan delicadeza. La otra parte de la espada es el crisantemo, la flor por excelencia del Japón.</p>
<p>Los japoneses tienen una “ética de alternativas”. No hay buenas o malas según su pensamiento, simplemente adoptarán en cada caso aquella que convenga al Japón.</p>
<p>Cuanto ha cambiado el Japón del siglo XXI setenta años después de la Segunda Guerra Mundial es algo indudable, dada su progresiva apertura al mundo, sus cambios demográficos, y la necesidad de insertarse en la economía mundial y en la gestión de los conflictos regionales. Será interesante, e incluso trascendente, comprobar cuánto de su cultura será respetado por las nuevas generaciones, especialmente en lo tocante a la jerarquía y su rígido código de comportamiento. Pero sin duda, su carácter no les hará ser miembros pasivos en la reordenación geopolítica en curso. Por ello, <em>El</em><em> crisantemo y la espada</em> es un buen punto de partida para cualquier observador interesado en Japón.</p>
<p>Para ver en el cine películas que traten sobre los valores de Japón es recomendable ver las siguientes películas:</p>

<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-1-11/'><img decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-1-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-4-5/'><img decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-4-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-5-4/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-5-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-6-3/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-6-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-7-3/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-7-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-8-2/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-8-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-8-150x150.jpeg 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-8.jpeg 225w" sizes="auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-3-3/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-3-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/descarga-2-5/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/descarga-2-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.elalcazardelasideas.es/valores-tradicionales-de-la-cultura-japonesa-prosa-y-cine/images-1-5/'><img loading="lazy" decoding="async" width="150" height="150" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/10/images-1-150x150.jpeg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>

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		<title>De espectadores a cuidadores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Aug 2025 16:38:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía y Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre todo en Occidente, hay una frase que ronda muchas conversaciones recientes sobre cultura, ciencia, educación o medioambiente cuando estamos ante un proyecto que nos gusta: “Esto es maravilloso, pero&#8230; ¿Quién lo paga?”. La pregunta no es cínica. Es profundamente honesta. Porque vivimos rodeados de iniciativas que nos enriquecen como personas y como sociedad, pero [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre todo en Occidente, hay una frase que ronda muchas conversaciones recientes sobre cultura, ciencia, educación o medioambiente cuando estamos ante un proyecto que nos gusta: <strong>“Esto es maravilloso, pero&#8230; ¿Quién lo paga?”</strong>. La pregunta no es cínica. Es profundamente honesta. Porque vivimos rodeados de iniciativas que nos enriquecen como personas y como sociedad, pero cuya sostenibilidad se tambalea precisamente porque nadie quiere que cuesten.</p>
<p>Muchos bienes comunes —el conocimiento compartido, la cultura independiente, el pensamiento crítico, las comunidades de afecto y aprendizaje— <strong>no tienen precio, pero sí tienen un coste</strong>. Un coste de oportunidad, económico y de tiempo. Y ese coste, cuando no lo asume el mercado ni lo financia el Estado, cae casi siempre sobre las espaldas de quienes creen que vale la pena sostener lo que les sostiene.</p>
<p>En este contexto, conviene diferenciar dos formas tradicionales de apoyo privado —aunque en este artículo se empleen de manera indistinta—: el mecenazgo, asociado principalmente a las artes y la cultura, y la filantropía, con un alcance más amplio que abarca la ciencia, la educación o la acción social. Ambas responden a una misma lógica: <strong>sostener aquello que enriquece a la sociedad más allá de su rentabilidad inmediata.</strong></p>
<p>Internet comenzó siendo la promesa de un bien común, un campo yermo sembrado de protocolos de comunicación. Dejó de serlo cuando las grandes tecnológicas araron el campo: crearon productos y servicios que ellos monopolizaron, ofreciendo a cambio eficiencia real y nuevos trabajos y servicios, capturando masivamente nuestros datos digitales de forma gratuita a través de la manipulación de nuestra atención. El coste inicial en el que incurrieron ha sido más que recompensado con las rentas de posición de las que hoy disfrutan.</p>
<p>Sin embargo, muchos otros proyectos no tienen en su génesis un modelo de rentabilidad futuro, y sus dividendos a la sociedad solo son posibles si son financieramente sostenibles.</p>
<p>El problema es que, como sociedad, <strong>no hemos aprendido a reconocer el valor de lo no monetario</strong>. Lo que no se compra ni se vende tiende a no ser percibido como algo que necesita cuidado, atención, inversión, energía. Y así, sin darnos cuenta, caemos en una paradoja peligrosa: disfrutamos de proyectos colaborativos, asociaciones culturales o comunidades que generan riqueza simbólica, emocional y social, pero nos cuesta asumir que también requieren recursos para subsistir. En ocasiones se recurre a la expectativa de que el Estado lo financie con nuestros impuestos, o de que habrá otros particulares o instituciones que lo hagan.</p>
<p>Este fenómeno ha sido descrito en la <em>teoría de juegos</em> con dos conceptos ya clásicos. El primero es el <strong>dilema del prisionero</strong>: incluso cuando dos personas tendrían mejores resultados cooperando, si no tienen garantía de que el otro lo hará, tienden a no hacerlo. Aplicado a nuestra realidad: «No contribuyo porque no estoy seguro de que los demás lo hagan». El segundo es el <strong>síndrome del polizón</strong> (<em>free rider</em>): «Disfruto del bien común sin aportar nada, porque otros ya lo harán por mí».</p>
<p>Ambos reflejan el mismo miedo: el de ser el único (o de los pocos) que empuja el carro. Y ambos conducen al mismo riesgo: que el carro se detenga, sin obviar la injusticia de que solo unos pocos carguen con todo el peso cuando, de hacerse de forma compartida y colaborativa, la carga sería mucho más ligera para todos y el beneficio verdaderamente sostenible.</p>
<p>En el fondo, el verdadero desafío es <strong>repensar la idea de qué es el «retorno»</strong>. Durante demasiado tiempo hemos asociado el retorno a una variable económica: invierto si obtengo más de lo que doy. Pero hay otros retornos, más sutiles y profundos:</p>
<ul>
<li>El <strong>retorno personal</strong>: la satisfacción de formar parte de algo que nos enriquece.</li>
<li>El <strong>retorno social</strong>: la pertenencia a una red de relaciones significativas.</li>
<li>El <strong>retorno simbólico</strong>: el orgullo de contribuir a algo valioso.</li>
<li>El <strong>retorno cultural</strong>: ver crecer espacios que amplían la inteligencia colectiva.</li>
<li><b>El</b><strong> retorno democrático</strong>: apoyar proyectos compartidos genera cohesión social y confianza.</li>
<li>El <strong>retorno ético</strong> de contribuir como una forma de devolver a la sociedad parte de la riqueza material, cultural y simbólica que hemos recibido de ella.</li>
</ul>
<p>A menudo olvidamos que algunos de los proyectos más transformadores de la historia <strong>no buscaron el retorno inmediato, aunque contaron con recursos comprometidos</strong> <strong>hasta que eclosionaron</strong>.</p>
<p>Proyectos soportados por financiación pública como el Proyecto Genoma Humano o el CERN en Europa. Pero también está Wikipedia, creado en 2001 con aportaciones de voluntarios y que sigue siendo una asociación. La Corporación Industrial Mondragón, un modelo de propiedad compartida que data de 1956. La Orquesta Sinfónica de Londres creado en 1904 por músicos y financiada por sus miembros y aficionados, similar al Liceu de Barcelona fundado en 1847. Ninguno habría sido posible sin la convicción profunda de que <strong>invertir hoy en algo que no se monetiza mañana puede cambiar el futuro de todos</strong>.</p>
<p>Pero hay una dificultad adicional: <strong>para que alguien contribuya, tiene que sentir que ese proyecto también es suyo</strong>. Uno de los grandes retos de la cultura del mecenazgo o la colaboración sostenida es este: ¿por qué esto es tan importante para mí que deseo apoyarlo también económicamente? No basta con que algo nos guste. Tiene que tocarnos. Tenemos que integrarlo en nuestra identidad. Sentir que contribuir es un acto de coherencia con lo que somos o aspiramos a ser.</p>
<p>Además, muchas personas piensan que con dar su tiempo ya han cumplido. Que su presencia, su participación, su entusiasmo son suficiente contribución. Y, en muchos sentidos, lo son. Pero hay otra cara de la moneda: <strong>la posibilidad misma de participar existe porque otros, antes, pusieron medios, dinero, infraestructura, riesgo o esfuerzo para que eso fuera posible</strong>.</p>
<p>La participación apoya y honra ese legado, pero si además se contribuye, se garantiza que el proyecto no sólo sobreviva, sino que crezca, se multiplique y llegue a otros. Es un acto de generosidad hacia el futuro, no sólo hacia el presente. Lo entendieron muy bien los pioneros de los programas de investigación científica, que trabajaron durante décadas sin certezas, confiando en que algún día alguien recogería el fruto de lo que estaban sembrando. Hay que dejar claro que sostenimiento no se refiere solo a aportación económica, sino a la participación activa y comprometida en las actividades asociativas.</p>
<p>El premio Nobel de Economía Elinor Ostrom demostró que las comunidades pueden gestionar con éxito los bienes comunes si desarrollan reglas claras, confianza mutua y mecanismos de vigilancia (<em>Governing the Commons</em>, 1990). Pero para ello es necesaria una cultura del compromiso, no del usufructo pasivo.</p>
<p>También Zygmunt Bauman alertó de que “la sociedad de consumidores ha transformado a las personas en espectadores de lo común, no en participantes” (<em>Vida de consumo</em>, 2007). Este cambio de rol tiene consecuencias: pasamos de cuidadores de lo público a usuarios de servicios «gratuitos», desconectados del esfuerzo que los sostiene.</p>
<p>Aun así, la filantropía —en su versión individual o colectiva— sigue siendo incipiente en España. Falta cultura, faltan incentivos, pero sobre todo falta una conversación franca sobre por qué apoyar lo que ya funciona es una forma de coherencia, no de caridad. Una forma de responsabilidad, no de sacrificio. Conviene aquí distinguir: la caridad suele ser puntual y asistencial; el voluntariado, aunque más sostenido, se basa sobre todo en la entrega personal de tiempo y capacidades. La filantropía y el mecenazgo, en cambio, suponen una contribución estructural —económica o institucional— que garantiza la continuidad de los proyectos colectivos y multiplica su impacto, tanto en el presente como en el futuro.</p>
<p>Quizá ha llegado el momento de reivindicar otra economía: la del cuidado. Y otra forma de retorno de la inversión: aquella que no se mide en dividendos, sino en sentido.</p>
<p>Lo que no cuesta nada&#8230; tal vez debería costar algo. No porque queramos poner precio a lo valioso, sino porque <strong>sólo lo que se reconoce como valioso si encuentra quien lo sostenga</strong>.</p>
<p>En última instancia, contribuir significa también devolver a la sociedad parte de lo que hemos recibido de ella, transformando la gratitud en sostenimiento y el cuidado en inversión de futuro.</p>
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		<title>Alexander von Humboldt: el hombre que vio la naturaleza antes que nadie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Jul 2025 12:02:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología y Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No siempre son los más recordados quienes más influencia tienen en el futuro. A veces, el manto del tiempo oculta a personas que entendieron como el presente impacta en el futuro. Alexander von Humboldt (1769–1859) es uno de esos casos. Su figura monumental, su legado científico y su pensamiento integrador han quedado relegados en el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No siempre son los más recordados quienes más influencia tienen en el futuro. A veces, el manto del tiempo oculta a personas que entendieron como el presente impacta en el futuro. Alexander von Humboldt (1769–1859) es uno de esos casos. Su figura monumental, su legado científico y su pensamiento integrador han quedado relegados en el recuerdo colectivo, a pesar de que su influencia atraviesa disciplinas, generaciones y continentes.</p>
<p>Humboldt fue uno de los últimos grandes <a href="https://www.google.com/search?q=polimata&amp;oq=polimata&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyEQgAEEUYORhDGLEDGIAEGIoFMgcIARAAGIAEMgcIAhAAGIAEMgcIAxAAGIAEMgcIBBAAGIAEMgcIBRAAGIAEMgcIBhAAGIAEMgcIBxAAGIAEMgcICBAAGIAEMgcICRAuGIAE0gEIMTkyNmowajmoAgCwAgE&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8">polímatas</a>, un hombre que encarnó un saber insatisfecho en una época en que la ciencia comenzaba a fragmentarse por disciplinas. Fue explorador, botánico, geógrafo, geólogo, astrónomo, escritor y divulgador. Su mirada no se detenía en las categorías, sino que las interconectaba y ampliaba con una narrativa avasalladora. Donde otros veían elementos aislados, Humboldt veía conexiones. Comprendió la naturaleza como un todo interdependiente, una red viva y compleja, donde el destino del ser humano está inexorablemente unido al destino del planeta. “Cuando se destruye la naturaleza, el ser humano también sufre”. Esa afirmación, escrita hace más de 200 años, resuena hoy con más fuerza que nunca.</p>
<p>Sus viajes por América Latina fueron legendarios. En Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú recogió miles de especies vegetales, subió montañas como el Chimborazo casi hasta su cima, midió temperaturas, altitudes, humedad, compuso mapas y teorías. De ese viaje surgió el Naturgemälde, considerado por muchos la primera infografía científica de la historia: una representación visual que unía en una sola imagen altitud, tipos de vegetación, clima y geografía. Una visión revolucionaria para su tiempo. Humboldt no solo recogía datos, sino que los interpretaba con una intuición natural para lo sistémico.</p>
<p>Fue admirado por Thomas Jefferson, que lo consideraba un referente en la comprensión del nuevo continente. Su correspondencia con el presidente estadounidense contribuyó a perfilar la visión territorial de Estados Unidos, en particular en la expansión hacia el oeste. Pero también fue crítico con el modelo esclavista, que le parecía incompatible con la idea de igualdad que defendía. En París conoció a Simón Bolívar, a quien transmitió su disgusto sobre la dominación colonial española. En parte inflamado por la visión de naturaleza paradisíaca contagiada por Humboldt, Bolívar volvió a América convencido de que la independencia no era solo posible, sino necesaria. Aunque también es justo recordar que Bolívar, como Napoleón, hijos de pensamiento revolucionario, tornaron a dictadores una vez alcanzado el poder.</p>
<p>Su pensamiento influyó también en naturalistas como Charles Darwin, leía los libros de Humboldten en el <em>Beagle </em>que iluminó  “La evolución de las especies». Henry D. Thoreau, considerado el padre de la naturaleza en Estados Unidos, con «Walden», bebió de su concepción del ser humano en contacto directo con la naturaleza. John Muir, el gran impulsor de los parques nacionales en Estados Unidos, leyó a Humboldt antes de defender la conservación de Yosemite. Ernst Haeckel, descubrió la estructuras microscópicas de los radiolarios a partir de las investigaciones de Humboldt, iniciandose una corriente artística que influiría en el Art Nouveau. La huella de Humboldt puede rastrearse en la arquitectura de Gaudí, en el pensamiento de los conservacionistas, en la ética ambiental moderna.</p>
<p>Y pese a que su nombre aparece en mapas, calles, corrientes marinas o ciudades, Humboldt ha sido injustamente marginado del canon científico y cultural del mundo anglosajón. En parte porque sus ideas sobre la esclavitud eran incómodas en la época, porque su obra no encajaba bien en un mundo que ya empezaba a compartimentar el saber. Y en parte porque su figura desbordaba las estructuras de prestigio que otorgan visibilidad histórica. Humboldt era un personaje divergente.</p>
<p>Fue un europeo que decidió explorar más allá de los márgenes conocidos, con una sensibilidad que rechazaba el saqueo colonial y una curiosidad insaciable por entender, no dominar. Murió endeudado, después de haber dedicado toda su herencia familiar a la investigación y a los viajes. En su tiempo no existían derechos de autor: escribir y publicar no era un negocio, sino un acto de entrega. Sus obras, Cosmos y Personal Narrative, siguen siendo referencia por su profundidad y por su prosa apasionada.</p>
<p>Todo esto lo recupera con rigor y emoción la escritora Andrea Wulf en su biografía «La invención de la naturaleza» (Taurus, 2018), un homenaje brillante que rescata la memoria de Humboldt para el siglo XXI. En sus páginas no solo se narra su vida, sino que se reconstruye su pensamiento, su visión del mundo y el impacto profundo que tuvo —y sigue teniendo— en nuestra forma de entender la naturaleza. Wulf consigue lo que pocos logran: despertar en el lector la misma pasión por el conocimiento y el asombro que movieron a Humboldt toda su vida.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1870 aligncenter" src="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-300x263.png" alt="" width="300" height="263" srcset="https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-300x263.png 300w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-150x132.png 150w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28-696x611.png 696w, https://www.elalcazardelasideas.es/wp-content/uploads/2025/07/Captura-de-pantalla-2025-07-07-a-las-13.34.28.png 706w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Hoy, en tiempos de crisis climática, de retrocesos en políticas ambientales y de negacionismo revestido de discurso ideológico, el pensamiento de Humboldt se convierte en una brújula. Fue él quien entendió antes que nadie que la humanidad y la naturaleza no son entidades separadas. Su visión de la vida como sistema integrado, su defensa de la equidad, su rechazo a la explotación y su amor por lo diverso tienen una vigencia que debería incomodar a quienes buscan reducir la ciencia al utilitarismo o la ética a un estorbo ideológico.</p>
<p>Recordar a Humboldt es recordar que muchas veces quienes ven más lejos son ignorados por los que solo miran lo inmediato. Es una invitación a recuperar el valor de la mirada larga, de la exploración sin recompensa inmediata, de la conexión entre saber y sensibilidad. Su olvido no es inocente. Y su recuerdo, necesario.</p>
<p>Porque no siempre son los más visibles quienes hacen avanzar el mundo. A veces, los verdaderos precursores caminan en silencio, sembrando ideas que otros recogerán mucho después. Humboldt fue uno de ellos. Y entender su legado es entendernos mejor a nosotros mismos.</p>
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		<title>Sobre la renovada centralidad de la capacidad de producción</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Claudio Feijóo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 May 2025 17:55:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De la tregua arancelaria al gran cerco comercial La tregua arancelaria de 90 días anunciada el 10 de mayo de 2025 entre Pekín y Washington puede parecer una pausa bienvenida, pero se asemeja más a un tiempo muerto táctico que a una reconciliación estratégica. Apenas unas semanas después del apretón de manos virtual, Washington impuso [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5><strong>De la tregua arancelaria al gran cerco comercial</strong></h5>
<p>La tregua arancelaria de 90 días anunciada el 10 de mayo de 2025 entre Pekín y Washington puede parecer una pausa bienvenida, pero se asemeja más a un tiempo muerto táctico que a una reconciliación estratégica. Apenas unas semanas después del apretón de manos virtual, Washington impuso un gravamen del 100 % a los vehículos eléctricos chinos y estableció incrementos escalonados sobre baterías, paneles solares y chips que seguirán aumentando hasta 2026, un recordatorio de que Estados Unidos está incorporando al núcleo de su estrategia comercial una «desconexión selectiva». Pekín, que interpreta estas medidas como parte de un «gran cerco comercial», ha respondido con una retórica más dura y con su propia planificación de contingencia. Datos de mercado recopilados por Reuters muestran que los flujos bilaterales de bienes, capital y estudiantes ya se están reduciendo, mientras que las amenazas de la era Trump de aranceles generalizados del 145 % se ciernen ominosamente sobre lo que queda de la relación comercial —valorada en 582.000 millones de dólares—.</p>
<p>La decisión de Pekín de exigir licencias de exportación para siete tierras raras pesadas —escandio, itrio y los cinco «metales de imán» que van del samario al lutecio— añade un frente adicional en el sector de los recursos naturales al campo de batalla arancelario. Esta medida se suma a la prohibición total, decretada el pasado mes de diciembre de 2024, de enviar galio, germanio y antimonio, así como al endurecimiento de los cupos de grafito, una secuencia que ahora amenaza cadenas de suministro completas para motores de vehículos eléctricos, aerogeneradores y armas de precisión en Estados Unidos. Washington dispone, por ahora, de escasa capacidad interna para compensar esta presión, de modo que la iniciativa funciona como un recordatorio hábilmente calibrado de que el apalancamiento en las cadenas de suministro puede ser tan potente como el fuego arancelario y de que cualquier tregua de 90 días opera bajo una espada de Damocles mineral.</p>
<h5><strong>Un Estado capital-riesgo reforzado para las tecnologías de frontera</strong></h5>
<p>En este contexto, Xi Jinping redobla su apuesta por un modelo de «Estado capital-riesgo» diseñado para aislar la cadena de innovación frente a impactos externos. En marzo, Pekín presentó un fondo nacional de orientación de capital riesgo de 1 billón de yuanes (unos 138.000 millones de dólares) que combina dinero público con «capital social» para financiar semiconductores, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y verdes a lo largo de ciclos de inversión prolongados. La iniciativa amplifica los centenares de fondos provinciales ya en funcionamiento y señala que, si la desvinculación es inevitable, China pretende replegarse hacia su mercado interior y una conexión internacional con su modelo de “doble circulación” y escalar más deprisa —no más despacio— en tecnologías estratégicas.</p>
<p>De hecho, la lógica de estos controles se alinea con lo que Arenal, Feijoo y colaboradores denominan el sistema de innovación de «Triple Hélice asimétrica» de China: una configuración en la que el Estado no solo fija las reglas de la competencia, sino que también orienta los flujos de datos y capital hacia tecnologías críticas como la IA, los chips y la cuántica. Su artículo de 2020 demuestra cómo los fondos públicos de orientación y el acceso preferencial a los datos otorgan a las empresas chinas una ventaja estructural frente a sus homólogas extranjeras, a la vez que dejan margen para la asunción de riesgos empresariales en la periferia —de ahí la descripción de un «Estado capital-riesgo». Desde esa perspectiva, las licencias de exportación son menos una represalia que un mecanismo de mantenimiento del sistema: dosifican insumos estratégicos procedentes del extranjero para preservar el bucle de aprendizaje interno que Xi Jinping desea acelerar.</p>
<h5><strong>La capacidad de producción como nueva moneda de poder</strong></h5>
<p>La renovada centralidad de la manufactura de base tecnológica obedece menos a una falta de imaginación que al reconocimiento de que esta capacidad de producción es una moneda de poder en una era de cadenas de suministro fracturadas. En Estados Unidos y Europa, más del 90 % de las grandes empresas citan ya el riesgo arancelario y la tensión geopolítica como desencadenantes de estrategias de «reindustrialización» y “friend-shoring2; el 82 % prevé reducir su dependencia de proveedores chinos en los próximos tres años. Políticas insignia estadounidenses como la “CHIPS and Science Act” ya han movilizado casi 400 000 millones de dólares de inversión privada, mientras que la taiwanesa TSMC acaba de ampliar su compromiso en Arizona hasta los 165 000 millones de dólares, la mayor inversión extranjera directa de la historia de EE. UU. En otras palabras, la tregua comercial puede ralentizar el intercambio de fuego, pero la competencia más profunda sobre quién posee y gobierna la próxima generación de ecosistemas industriales no ha hecho sino intensificarse.</p>
<p>Sin embargo, la capacidad de Pekín para convertir los insumos en armas podría erosionarse a medida que sus propias empresas se conviertan en proveedoras preferentes de las campañas de reindustrialización de otras regiones. En el Sudeste Asiático, la inversión china de nueva planta en manufacturas se duplicó hasta 12 900 millones de dólares anuales entre 2020 y 2023, representando un tercio de los nuevos proyectos fabriles en la ASEAN; en África, la red de parques industriales de Etiopía corteja abiertamente a más arrendatarios chinos para impulsar la manufactura orientada a la exportación; y en Europa, las megafábricas de CATL y BYD han devuelto la inversión china a los 10 000 millones de euros tras años de declive. Estas economías de acogida celebran hoy los puestos de trabajo y la transferencia de tecnología, pero ya incluyen cláusulas de localización y normas de diversificación de proveedores en sus paquetes de incentivos, preparando a Pekín para probar su propia medicina si cambian los vientos políticos. En definitiva, el impulso industrial exterior de China puede asegurar mercados, pero también multiplica los escenarios en los que las dependencias estratégicas pueden invertirse si existe la resiliencia, la inteligencia y el sacrificio para ello.</p>
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		<title>La paradoja de Escher y la geopolítica de Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique Titos Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Apr 2025 08:31:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geopolítica e Inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Maurits Cornelis Escher fascinó al mundo con sus dibujos de escaleras y estructuras imposibles. Sus obras, como la famosa “Relatividad” o la “Escalera de Penrose”, muestran mundos donde la lógica parece funcionar, pero que, al mirarlos con detenimiento, revelan contradicciones insalvables: escaleras que suben y bajan eternamente, manos que se dibujan a sí mismas, objetos [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/M._C._Escher">Maurits Cornelis Escher</a> fascinó al mundo con sus dibujos de escaleras y estructuras imposibles. Sus obras, como la famosa “Relatividad” o la “Escalera de Penrose”, <strong>muestran mundos donde la lógica parece funcionar, pero que, al mirarlos con detenimiento, revelan contradicciones insalvables</strong>: escaleras que suben y bajan eternamente, manos que se dibujan a sí mismas, objetos que desafían las leyes de la física. Esta paradoja visual, donde la ilusión de coherencia oculta una imposibilidad fundamental, es una poderosa metáfora para analizar la política exterior de Donald Trump y su impacto en el orden mundial.</p>
<p>Desde 2016 y de forma más decidida al inicio de su segundo mandato en 2025, Trump ha intentado restaurar la hegemonía estadounidense mediante políticas de repliegue, proteccionismo y confrontación. Sin embargo, en un mundo cada vez más multipolar e interdependiente, <strong>sus acciones han generado efectos opuestos a los pretendidos</strong>. Como en un dibujo de Escher, la política de Trump parece lógica con una mirada estrecha, pero al analizar sus consecuencias, se revela como un bucle autodestructivo que debilita a Estados Unidos y acelera el ascenso de nuevos actores globales, especialmente China.</p>
<p>Trump quiere <a href="https://www.elalcazardelasideas.es/el-proteccionismo-de-trump-en-la-era-de-la-ia/">imponer aranceles</a> a China, la Unión Europea y otros socios comerciales <strong>con el objetivo de proteger la industria estadounidense y reducir el déficit comercial. Sin embargo, esta política genera una guerra comercial que perjudica tanto a empresas estadounidenses como a consumidores</strong>, encareciendo productos y afectando las cadenas de suministro globales. Paradójicamente, mientras EE.UU. se aisla, China aprovechará para fortalecer lazos comerciales con el Sur Global y la propia UE, ocupando los espacios que Washington deja vacantes. El resultado es una pérdida de influencia económica y una aceleración de la diversificación de mercados en favor de China y otras potencias emergentes.</p>
<p>La retórica proteccionista de Trump promete recuperar empleos industriales y mejorar el nivel de vida de los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, en la práctica, el aumento de aranceles y las restricciones migratorias <strong>elevarán el coste de vida, afectando especialmente a los sectores más vulnerables</strong>. Mientras tanto, <strong>el Sur Global encontrará nuevas oportunidades</strong> para negociar acuerdos comerciales y tecnológicos con China y la UE, reduciendo su dependencia de EE.UU. y diversificando sus alianzas.</p>
<p>Trump está presionando a los aliados de la OTAN para que aumenten su gasto en defensa y cuestiona abiertamente el valor de la alianza transatlántica. Esta actitud genera desconfianza en Europa y refuerza las iniciativas de autonomía estratégica de la UE, que comienza a explorar su propia política de defensa independiente. China, observando la fragmentación occidental, ganará margen estratégico para expandir su influencia en Eurasia y África, mientras la cohesión de la OTAN y la influencia estadounidense pueden debilitarse fatalmente.</p>
<p>El enfoque unilateral de Trump, caracterizado por la retirada de acuerdos internacionales (como el Acuerdo de París sobre el clima o el acuerdo nuclear con Irán) y la reducción de compromisos globales, <strong>deja vacíos de poder que China y otros actores del Sur Global pueden aprovechar</strong>. China se presenta como defensora del multilateralismo y la globalización, e iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda ganan brillo y aumenta su influencia en foros internacionales. Así, el intento de Trump de restaurar la supremacía estadounidense puede acabar reforzando el papel global de China y erosionar la legitimidad de EE.UU. como líder mundial.</p>
<p>Trump retiró a EE.UU. de acuerdos internacionales clave sobre cambio climático, alegando la defensa de los intereses nacionales. Sin embargo, <strong>esta retirada puede hacer que la Unión Europea y China se posicionen como líderes en sostenibilidad y transición energética</strong>, atrayendo inversiones y generando consensos globales sin la participación estadounidense.</p>
<p>Las políticas de Trump han tenido un efecto <em>boomerang</em> sobre el liderazgo de Estados Unidos. China, lejos de verse debilitada, aprovecha cada espacio dejado por Washington para consolidar su papel como potencia global. A través de megaproyectos de infraestructura, inversiones en tecnología y acuerdos comerciales, <strong>China ha tejido una red de alianzas con el Sur Global, que se beneficia de la competencia</strong> entre grandes potencias para negociar mejores condiciones y reducir la dependencia histórica de EE.UU.</p>
<p>La Unión Europea, por su parte, amenazada directamente por los aranceles y la hostilidad de Trump, <strong>ha impulsado debates internos sobre la necesidad de autonomía estratégica e independencia económica y debe buscar aliados confiables.</strong> Esta reacción europea, lejos de fortalecer la posición de EE.UU., la debilita, abriendo espacio para que China y otros actores ganen influencia global.</p>
<p>En este contexto, la paradoja de Escher se hace evidente: la búsqueda de dominio absoluto en un mundo interconectado produce bucles de contradicción y resultados opuestos a los objetivos declarados. Al intentar proteger el liderazgo de EE.UU. mediante el proteccionismo, el unilateralismo y el repliegue, <strong>Trump está facilitado la creación de nuevas referencias globales</strong>, situando a China —y, en menor medida, a la UE y el Sur Global— más en el centro del nuevo orden mundial.</p>
<p>La paradoja de Escher no solo reside en los efectos inmediatos de las políticas de Trump, sino en el proceso de transformación global que ha acelerado. Al debilitar alianzas tradicionales, romper consensos multilaterales y retirar a EE.UU. de organismos internacionales, Trump ha permitido que China se presente como el nuevo referente global. Pekín, a través de su diplomacia activa, inversiones estratégicas y liderazgo en temas globales, está ocupando el rol de liderazgo que Estados Unidos está dejando vacante.</p>
<p>El Sur Global, mientras tanto, aprovecha la fragmentación para negociar en mejores condiciones y diversificar sus alianzas, reduciendo la dependencia de Washington y abriendo la puerta a un mundo verdaderamente multipolar.</p>
<p>La geopolítica de Trump, vista desde la paradoja de Escher, muestra cómo intentar restaurar una hegemonía unipolar en un mundo multipolar termina atrapando a EE.UU. en bucles de contradicción, debilitando su influencia y fortaleciendo a sus competidores.<strong> Como en los dibujos de Escher, la ilusión de dominio se desvanece ante la complejidad y la realidad de un planeta compartido</strong>, donde nuevas referencias globales —con China a la cabeza— emergen allí donde antes solo se veía la sombra de una potencia hegemónica.</p>
<p><strong>El siglo XXI exige reconocer la interdependencia, la cooperación y la necesidad de un liderazgo compartido</strong>. La paradoja de Escher nos recuerda que, en política global, las estrategias basadas en ilusiones de control absoluto pueden terminar acelerando justo aquello que pretenden evitar. Las alternativas a un liderazgo compartido reconociendo los potentes emergentes ya en acción no son un buen escenario.</p>
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