Una nueva ilusión: reinventar nuestro estilo de vida


La semana pasada tuve la ocasión de presentar en el grupo del Alcázar de las Ideas mis reflexiones sobre el nuevo económico y social que viene con el COVID-19, que no es sino una aceleración de tendencias subyacentes que ya existían. Esta entrada es una síntesis de las mismas.


La crisis del COVID-19 está siendo como una bofetada en la cara al sistema. Todas las contradicciones que estábamos viviendo se han puesto de manifiesto con toda su crudeza y han cambiado la agenda pública. Quizás pueda representar la mayor oportunidad que tengamos para afrontar de una vez el colapso medio ambiental

La aparente seguridad en temas tan básicos como la alimentación, la energía o nuestra salud han sido puestos en entredicho cambiando las pulsiones básicas del mercado. La excesiva complejidad de las cadenas de suministros y pagos nos han situado en una situación de riesgo y fragilidad, a la vez que se tambalea todo el modelo económico por la fuerte desaceleración de la economía, mientras el sistema financiero alcanza un punto de no retorno, por los tipos negativos y la emisión eterna de dinero. Los bancos centrales con toda su potencia de fuego no tienen capacidad para revertir el colapso económico, que podemos definir como Acantilado Séneca (Ugo Bardi), una caída abrupta y rápida, que impide la vuelta a la situación anterior.

Tampoco podemos esperar que desde la política, el Estado, incluso de las entidades supranacionales nos traigan una solución mágica que nos devuelva a la “antigua normalidad”. Bastante trabajo van a tener para organizar el decrecimiento forzoso y tratar de amortiguar el casi inevitable estallido social. No tienen la flexibilidad que se requiere, ni  tampoco la visión creativa para crear un nuevo relato, y todavía no han llegado a comprender la inevitabilidad del colapsocomo demuestran el fracaso permanente de las cumbres climáticas. Es el momento de la comunidad, de los laboratorios de ideas, las comunidades autosuficientes o las redes distribuidas, es el momento de aprovechar la inteligencia colectiva.

Solo tenemos una opción y es adaptarse a los cambios, o sea, innovar sobre nuestro estilo de vida. Ahí reside el quid de la cuestión, todo nuestro modelo económico y social está basado en un estilo de vida que no podrá mantenerse. La pandemia, simplemente lo ha puesto en evidencia, de hecho parece incluso que se tratara de un proceso de demolición controlada. Este proceso se puede convertir en una nueva ilusión, algo que necesitamos para poder superar el duelo y la situación de caos.

Si reinventamos nuestro estilo de vida, crearemos una nueva economía y una nueva sociedad, que tendrá que asumir la lucha contra todos los frentes que nos ponen en peligro como especie. Tenemos que luchar contra el paro y la desigualdad, el destrozo medio ambiental y la escasez de recursos, y, sobre todo, diseñar un estilo de vida que nos ofrezca mayores dosis de felicidad y de realización que la extinta sociedad de consumo, tocada de muerte por el COVIV-19.
Necesitamos un estilo de vida que otorgue menos valor a lo material, que nos conecte con la naturaleza, que nos permita volver a ser orgánicos, que sea sostenible, que ofrezca igualdad de oportunidades y que pueda ser implementado de forma urgente y masiva. Necesitamos crear el contexto que haga esto posible, mientras trabajamos en una educación que tenga en cuenta los nuevos códigos, un Estado que debe de reinvertarse a la vez, quizás descentralizándose y reduciendo su escala de forma importante, cediendo espacio y competencias a las organizaciones que puedan articular estos cambios, algo que no puede ser hecho más que desde el emprendizaje y la Comunidad. Nos toca emprender sobre nuestro estilo de vida, reinvertarlo, crear laboratorios de ideas y bancos de pruebas que permitan desarrollar un proceso de innovación, lo más diverso y extenso posible, porque no estará exento de un proceso de destrucción creativa. Los modelos atractivos, rentables y de fácil implementación serán replicados por la “mano invisible” del mercado sin que hay que hacer nada más que permitir que suceda.
Esta proceso de reinvención que puede parece colosal, creemos que es fácil de poner en marcha en España y nos podría dar una ventaja competitiva en el nuevo orden post-COVID-19. Solo tendríamos que aprovechar una de nuestros recursos ociosos, la España Vacía, nuestro mundo rural anquilosado y abandonado, que se convierte en una oportunidad sin igual en el resto del mundo occidental. Innovar desde lo pequeño es más fácil, el entorno rural favorece la organización comunitaria, solo tenemos que convertir la escasez en abundancia y crear ideas palanca que puedan provocar el proceso. 

Desde nuestro punto de vista solo necesitamos tres cosas para activar este proceso: una nuevo concepto de vivienda (plan de construcción sostenible), ancho de banda (solo habría que canalizar de forma efectiva los fondos europeos disponbles) y quitar burocracia (ahora mismo mata todo).
Proponemos utilizar la construcción sostenible como lanzadera de una nueva economía para lo que proponemos poner en marcha la mayor operación urbanística de la historia de España, algo que sería tan sencillo como permitir construir en suelo rústico en cualquier comarca con menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado (territorios definidos como escasamente poblados según la Unión Europea), siempre y cuando se cumplan dos condiciones
  • que sea construcción sostenible (baja huella ecológica, cero emisiones, tenemos los conocimientos para construir aportando biodiversidad)
  • que sea para residentes permanentes o negocios sostenibles
Se conseguirían tres objetivos principales: 
  • resolver el problema de la vivienda (quitando presión a la ciudad y creando un mercado de calidad y renovado en el rural) 
  • crear un sector económico que puede generar cientos de miles de empleos (de forma indirecta podrían ser millones)
  • crear biodiversidad para luchar contra el cambio climático. 
Para que esto sea posible, solo se necesitaría un sand-box regulatorio que permitiera una flexibilización de las normas urbanísticas y la concesión de licencias con una simple declaración responsable de aceptación de estas normas. Utilizando tecnologías apropiadas y el código libre podríamos ofrecer una transición de estilo de vida rentable y sostenible a millones de personas.

Esta idea palanca, creemos que activaría un proceso masivo de reinvención de nuestro estilo de vida. Una nueva ilusión. Un futuro sostenible. 

2 COMENTARIOS

  1. Desde luego parece poco probable que la forma de vida previa se recupere y menos pronto y el coste de la transición va a ser muy alto. Y no podemos estar parados, esperando que los temas se solucionen. El tamaño de la deuda va a ser colosal, y hay que devolverla y los viejos modelos de negocio tendrán que reinventarse, pero me preocupa y mucho esa transición, porque nos vamos a tener que acostumbrar a una rebaja de nuestro estilo de vida. La idea de la España Vacía es interesante. Pero al tiempo la "capacidad instalada" en torno a las grandes urbes y sus modelos económicos es difícil que no sigan siendo magnéticos para que la gente siga viviendo en sociedad.

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