Tupy y Pooley (2022) contra Malthus (1798)

“La abundancia de recursos crece a un ritmo más rápido que el aumento de la población: eso es la superabundancia. El ingenio humano permite a nuestra especie expandir hasta el infinito el stock de recursos planetarios”.

Como queda claro, este es un libro optimista que sirve para que los pesimistas pongan a prueba su sesgo de confirmación. Una nueva versión de tecno optimismo que va contra el maltusianismo: a medida que aumenta la población no solo no se reducen los recursos disponibles, sino que aumentan. O, dicho de otra forma, “las personas no son una carga que deprime los recursos disponibles, sino que al desarrollar formas más eficientes de utilizarlos más bien son su fuente última”. Tesis que da la vuelta por completo al pensamiento convencional y que acabaría con esa máxima de que la economía es la ciencia de la escasez. Y, claro, contra cualquier tipo de decrecimiento.

En el prólogo, George Gilder lo deja claro: “Tupy y Pooley replantean la economía, que la ven como una ciencia redentora vinculada a la gestión de la abundancia y el desarrollo de la creatividad” No soy capaz de valorar la consistencia metodológica de la demostración que hacen los autores, pero es amplia, profunda y larga en el tiempo (¡desde 1850!). Tanto, que se hace muy pesada (en mi opinión, te puedes saltar el capítulo 5, como también lo indican los autores).

Aun aceptando el progreso humano, incluso la variable que proponen Tupy y Pooley (precio –  tiempo: horas de trabajo necesarias para obtener los ingresos que nos permiten financiar una adquisición), siempre hay quien pueda decir: “hasta ahora, porque hemos entrado en una nueva fase en la que lo que ha sucedido en los últimos años no sirve”. Sería la “ilusión del final de la historia”. Porque los autores entran también en aspectos de psicología conductual, en concreto, en el “sesgo pesimista”, ese que permitió la supervivencia del Homo sapiens y que ahora, como sucede con otros, podría no ser necesario y haberse convertido en un lastre.

La obsesión humana con el declive y el fin de los tiempos es solo una pequeña parte de los sesgos negativos que hemos acumulado en nuestros cerebros a lo largo de la evolución humana”. Nuestra amígdala cerebral siempre está buscando algo que temer y parece que cuando lo encuentra nos da sensación de “trabajo bien hecho” ya que hemos detectado dónde está el riesgo, lo cual es bueno para nuestra supervivencia. El Homo sapiens teme. Ante la duda, percibe el miedo. Sufre más por la pérdida que la satisfacción de la ganancia. Ese sesgo prudente es el que sirvió para sobrevivir hace miles de años. Como dice Kahneman, “los organismos que tratan las amenazas como un asunto más urgente que las oportunidades han demostrado tener más posibilidades de sobrevivir y reproducirse”

“Para ciertas personas, las profecías que predicen muerte y destrucción de forma generalizada pueden servir como fuente de consuelo porque refuerza su visión del mundo y les brinda consuelo en la muerte y da sentido a su vida”.

La lista de mejoras en nuestra vida, sinónimo de progreso para los autores, recuerda a “Factfulness” de Hans Rosling (Planeta, 2018) y el tecno optimismo a Dimandis y Koetler en “El futuro va más rápido de lo que crees” (Deusto, 2021). Los autores citan otros libros como “El optimista racional” de Matt Ridley (Taurus, 2011), “En defensa de la ilustración” de Pinker (Paidós, 2018) y “Progreso: 10 razones para mirar hacia el futuro con optimismo” (Deusto, 2017) de Norberg (no lo he leído, pero sí, y lo recomiendo mucho, “Abierto: la historia del progreso humano”, del mismo autor, publicado por Deusto en 2021; y tengo pendiente su nueva obra: “El manifiesto capitalista, por qué el libro mercado global salvará al mundo”).

Tupy y Pooley son, como se expone en el libro, dignos sucesores de Julian Simon y, como éste, contrarios al entomólogo Paul Ehrlich y sus críticas y advertencias sobre la superpoblación. Cornucopianos contra maltusianos. La población como la solución o como el problema.

“Nuestro argumento es que los recursos se vuelven más abundantes no a pesar del crecimiento de la población, sino (en gran parte) a causa de dicho fenómeno. A diferencia de otros animales, los humanos somo seres inteligentes capaces de innovar y salir de la escasez a base de una mayor inteligencia, una mayor oferta y el desarrollo de bienes sustitutos. Mejorando nuestras posibilidades de supervivencia y aumentando nuestros niveles de bienestar, con el tiempo hemos desarrollado formas sofisticadas de liderar con la adversidad”. A eso se dedica la segunda parte, que bien podría ser un libro diferenciado del primero.

La principal amenaza para el capitalismo no es de color rojo, sino verde”. Una frase que resumen muy bien la tesis central del libro. Y esta otra: “El declive de la religión en los países ricos (y en especial entre una élite global bien educada y cada vez más próspera) ha creado un vacío que el ecologismo está llenando de forma cada vez más intensa”. 

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4 COMENTARIOS

  1. Muchas gracias, David. Sin duda una visión poco clásica y no suficientemente desarrollada en nuestros cerebros. Al hilo de esta tésis, me pregunto como quedará reforzada cuando la humanidad salga masivamente al espacio en busca de recursos naturales y de nuevos habitats para colonizar.

  2. Muchas gracias, José María. Has dado en el “clavo”. Tu comentario sería un ejemplo del tecno optimismo de los autores, quienes no han llegado tan lejos como tú, pero sin duda sirve para ilustrar la tesis.

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David Canohttps://www.elalcazardelasideas.es/
David Cano Martínez 46 años, casado y con 3 hijos. Licenciado en Dirección y Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Máster en Finanzas Cuantitativas por Afi Escuela de Finanzas es socio de Analistas Financieros Internacionales y Director General de Afi Inversiones Globales, SGIIC, empresa especializada en la gestión de carteras y el asesoramiento a inversores institucionales, fondos de inversión y fondos de pensiones. Más de 20 años de experiencia profesional en análisis económico internacional y gestión de carteras. Coautor de una docena de libros de mercados financieros y economía y de más de un centenar de artículos sobre macroeconomía, gestión de carteras, activos financieros, fondos de inversión, derivados, política monetaria y finanzas empresariales. Es profesor de los más prestigiosos centros de postgrado en finanzas españoles, entre ellos, Afi Escuela de Finanzas, y colabora habitualmente en los medios de comunicación. Tweco en la sección mercados financieros de forma ininterrumpida desde 2016 (@david_cano_m). Miembro del jurado de los premios Knowsquare y del Club de Lectura Know Square. Fundador del grupo de reflexión Los Siete del Prado (L7dP).

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