Los tipos de interés cero o negativos

Recientemente escribí sobre la pérdida de incentivo que suponen los tipos de interés cero o negativos en el test de la golosina y los tipos de interés. Si soy ahorrador y no me pagan interés en mi cuenta bancaria, ¿por qué ahorrar y no consumir? Se me ocurre al menos una buena razón: proteger mi dinero. 
 
Y si el coste del dinero es casi cero para muchas empresas y estados y, además, los bancos centrales están creando dinero de la nada, ¿por qué no pedirlo prestado en la cantidad que nos apetezca? Aquí se me ocurren al menos dos razones: una, porque hay que devolverlo, y otra, porque hay que saber obtenerle una rentabilidad por encima del cero por ciento. Y como veremos a continuación, esto no es sencillo, y la seguridad total del dinero puede acabar costándonos pagar un tipo de interés. 
 

“La situación puede complicarse aún más: los tipos de interés pueden llegar a ser negativos, y de hecho ya lo son para los emisores más seguros.”

 

Fuente: Dreamtime.com

 

 
Algunos bancos centrales están aplicando tipos de interés negativos a los saldos que tienen en ellos los bancos comerciales. Son los síntomas de una política monetaria cada vez más impotente ante una inflación que no aparece. 
 
Después de todo, si los estados emiten deuda y a en ocasiones a tipos por debajo de cero, ¿por qué no pueden los bancos centrales, que no son sino agencias de los propios estados, “cobrar” por el dinero que emiten en la forma de los depósitos de los bancos comerciales?

Hasta hace unos pocos años, los bancos comerciales pagaban tipos de interés “sin riesgo” en las cuentas corrientes y depósitos (de hecho, la posibilidad de tener cuentas corrientes y pagar tipos de interés es una de las ventajas clave de los bancos frente a los nuevos competidores digitales). Ahora, los mismos ahorradores no reciben interés por su dinero en el banco, que siguen siendo tan seguros como antes. Ante ello, hay que hacerse las siguientes preguntas:
  • ¿Para qué tener dinero en un depósito sin riesgo si nos puede llegar a costar dinero mantenerlo?
  • ¿Deben los ahorradores convertirse en inversores de riesgo sacando el dinero de los depósitos bancarios e invirtiéndolo en activos con los que tengan expectativa de rentabilidad?
Para empezar, los bancos centrales aplican sus tipos de interés a los bancos comerciales, que son hoy los únicos que pueden tener cuentas en los bancos centrales, y de la misma forma inyectan o retiran dinero a su través en las operaciones de política monetaria. Son los bancos comerciales los que deciden si cobran interés a los clientes por las cuentas que tienen con ellos. Hasta ahora, ninguno lo ha hecho a clientes individuales, pero sí lo aplican a grandes saldos de empresas o instituciones (por ejemplo, a los fondos de inversión).
 
Aplicar tipos de interés negativos a las cuentas corrientes de las personas tendría dos efectos positivos: en la cuenta de resultados de los bancos incrementaría el margen de intermediación o diferencia entre los intereses pagados por los depósitos y los intereses recibidos por los préstamos; en la economía, los ahorradores comenzarían a considerar invertir en economía real o financiera o gastarían más estimulando el crecimiento económico. Tipos de interés negativos supondrían un paso más hacia el estímulo de los mercados de capitales en Europa, donde la financiación a pequeñas y medianas empresas proviene sobre todo de los bancos, cosa que no sucede en EEUU o UK.
 
Pero si los bancos comerciales empiezan a cobrar interés por las cuentas de particulares entonces se destapa la caja de los truenos.
  • Cada banco comercial tendría que tomar su propia decisión en un movimiento no concertado con el resto para evitar prácticas oligopolísticas, y cada banco tiene sus propios condicionantes. 
  • La decisión de bajar tipos de unos bancos frente a otros tendría efectos mixtos: de una parte, atraería saldos hacia los bancos que menos penalizan el ahorro, pero aquellos que cobran más podrían ser vistos como más seguros, siguiendo el “efecto halo” de lo que sucede en algunos mercados de bonos (como el BUND alemán). 
  • En una situación con tanta variabilidad de opciones, el riesgo para la estabilidad financiera se incrementaría al subir el riesgo en las cuentas de resultados individuales del sector bancario. 
En esta línea, no podemos olvidar que los bancos centrales son los supervisores del sistema bancario, que éste no es inheremente seguro y que la seguridad total la da el apoyo explícito de los bancos centrales a los bancos bajo su supervisión. Por eso, no hemos visto quiebras y liquidaciones de bancos comerciales grandes en países desarrollados y por eso los depósitos de los clientes están en la práctica protegidos más allá de los seguros de depósitos nacionales (que cubren los primeros 100.000 euros en cada entidad). Dicho en otras palabras, la cuenta de resultados de los bancos comerciales es una cuestión nacional, porque ningún país se puede permitir que sus bancos quiebren porque tras ello los ahorradores, no sólo los accionistas, pierden su dinero, y desaparece la confianza en el sistema bancario y se produce la fuga de capitales y el empobrecimiento económico.
 
 

 

 
Pero además, si los bancos comerciales aplican tipos de interés negativos a sus clientes ante la tolerancia de los bancos centrales, hay que analizar las implicaciones en dos líneas, una presente y otra futura, aunque cada vez más próxima.
 
La primera es que los clientes pueden tener su dinero en billetes, ya que los billetes son auténtico dinero seguro, emitido directamente por el banco central del país al contrario de un depósito bancario. En los billetes lógicamente no se cobra tipo de interés. Esto está sucediendo en países como Alemania, donde la preferencia por la privacidad y el anonimato junto con el miedo ha disparado los saldos en billetes desde que comenzó el Covid-19- y algo similar ha sucedido en España. En varias partes del mundo se ha producido un incremento de los billetes de gran tamaño (Billetes de $100 o €500) como valor refugio. Pero al tiempo, los pagos digitales se están acelerando en todo el mundo y países como Suecia han experimentado con una corona digital que puede ser sustitutiva de los billetes y monedas ante la caída del uso del efectivo. Pero no es pragmático considerar que los billetes son una alternativa a los depósitos bancarios por mucho que se paguen tipos negativos en los estos, dados los riesgos del almacenaje y uso de dicho dinero.
 
Por tanto, el segundo efecto a considerar es la cada vez más inminente introducción de monedas digitales de bancos centrales (las llamadas CBDC o Central Bank Digital Currencies). Más debatible es si otras criptomonedas como Bitcoin o Ether pueden ser monedas competidoras una vez que los bancos comerciales aplican tipos negativos.
 
China ya ha realizado un piloto en cuatro ciudades para introducir el yuan digital chino (en la siglas DC/EP). El BCE está considerando lanzarlo en la Eurozona, EEUU tiene varios proyectos incluyendo la propia posibilidad de que Libra de Facebook sea la tecnología que soporte el dólar digital del futuro. El BIS está tratando de coordinar las distintas acciones de los bancos centrales, pero no es sencillo porque la moneda es un objetivo estratégico de cualquier país y aunque el dinero del futuro será sin duda 100% digital se van a acelerar las guerras entre monedas.
 
Si los bancos centrales lanzan CBDC dirigidos al público general, los bancos comerciales pueden encontrar en los propios bancos centrales que los supervisan su mayor competencia, ya que el dinero de banco central es el único auténticamente seguro. Por tanto, los bancos centrales y los bancos comerciales han de plantearse ahora el aplicar tipos de interés negativos en el contexto de la futura estrategia en CBDC. Ante ello, cabe hacerse las siguientes preguntas:
  • ¿Serán los futuros CBDC remunerados (en positivo o negativo) o tendrán tipo de interés cero como los billetes actuales?
  • ¿Cómo van los bancos centrales a complementar la emisión de CBDC coexistiendo con el sistema bancario que permite que exista la financiación al sector privado?
  • ¿De qué forma evitar “bank runs” o crisis de bancos cuando la preferencia por la seguridad que ofrecen los CBDC sea muy acusada, por ejemplo, ante una guerra o una pandemia global?
Finalmente, hay un factor de materialidad. No es lo mismo aplicar tipos ligeramente negativos que fuertemente negativos. De la misma forma que tasas de inflación y tipos de interés en torno al 2% se consideran sanos para el crecimiento económico de un país en fase “madura”, tipos negativos sustancialmente cercanos a cero pueden no distorsionar el sistema, pero ese no sería el caso si los tipos negativos lo fueran en una magnitud elevada (digamos el 1%).

2 COMENTARIOS

  1. Me ha gustado eso del “efecto halo”: el banco que cobrase más por los depósitos sería el considerado como el más seguro. Con el tiempo se puede dar una paradoja: si no cobras, ¿es porque tienes problemas de solvencia? ¡Cobra, si quieres que no te estigmaticen!

  2. Pero dudo que acabe llegando, es demasiado peligroso permitir que los bancos puedan fijar sus tipos de interés en el pasivo de forma que quieran. La banca es una gigantesca extensión de los bancos centrales y pueden permitirse muchas desviaciones que afecten a la estabilidad conjunta del sistema, que es tan fuerte como el eslabón más débi.
    En realidad si no fuese porque la banca de puros depósitos da créditos su existencia no tendría sentido, y menos en un mundo al que vamos donde los clientes pueden tener cuentas telemáticas en el banco central. Veremos muchos cambios en esta década.

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Enrique Titos
Enrique Titoshttps://www.elalcazardelasideas.es/
Enrique Titos Martínez, (Granada, 1960). Casado y padre de 4 hijos. Economista graduado en UAM Madrid, postgrado en IESE Business School y en Kellogg Business University (EEUU). Ha desarrollado una trayectoria directiva en seis grupos financieros, el último en Barclays Europa y siempre relacionado con áreas financieras, de tesorería y seguros. Actualmente realiza consultoría e inversiones en proyectos relacionados con cambio de modelos de negocio por razón de la tecnología, tras reorientarse con cursos sobre Fintech y Criptomonedas en el MIT, formaciones digitales y de consejos de administración en The Valley DBS y Escuela de Consejeros. Es Consejero Asesor en la empresa Fellow Funders, Consejero Independiente de QPQ Alquiler Seguro SOCIMI y promotor de Consejos Asesores de Innovación Abierta (CAIA) en compañías establecidas como CASER Seguros. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Fide, Director del Grupo Dinero Digital y Sistemas de Pago de Fide, Jurado de los Premios Knowsquare y fundador del Club de Lectura Know Square, y del Cineforum Mensajes de Cine.

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