La sustitución de trabajadores por máquinas

Sala de montaje de la factoría de Volkswagen (Navarra)

Recientemente aparecía en El Pais un artículo sobre el efecto de los robots en el mercado de trabajo. No pretendo profundizar aquí sobre un tema de impacto tan multifacético, pero sí apuntar sobre unas pinceladas sobre la sustitución de personas por tecnología en cada vez más sectores de la actividad económica.

De una parte, no estamos ante un fenómeno totalmente novedoso. La sustitución del factor trabajo por “tecnología” entendida ésta como progreso ha sido una constante en cada una de las revoluciones industriales que han precedido el proceso de transformación en el cual estamos inmersos. Ya a lo largo de de las revoluciones “tecnológicas” que preceden a la actual se han producido fenómenos similares.


Posiblemente el germen de la Primera Revolución comienza con la creación de la máquina de vapor en 1768 por James Watt. A partir de entonces el esfuerzo físico de personas y animales de carga empiezan a realizarlo artilugios mecánicos. En 1825, la locomotora inventada por George Stephenson realiza el primero trayecto con pasajeros entre Stockton y Darlington.

En la Segunda Revolución Industrial fue clave la aplicación de tecnologías derivadas de la electricidad, como la aplicación de dínamos para producir electricidad en procesos industriales (Werner Siemens, 1867), sistemas de alumbrado (Thomas Alva Edison, 1879), o el teléfono (Alexander Graham Bell, 1876). El último cuarto del siglo XIX fue escenario de las primeras relaciones entre la investigación técnico científica y el mercado capitalista. De ahí surgieron innovaciones como el automóvil y los sistemas de motorización dependientes de los combustibles fósiles. El caballo como elemento principal de transporte cedió su trono a la automoción terrestre junto con los sistemas ferroviarios.

En la Tercera Revolución que se viene produciendo desde la segunda mitad del siglo XX se sientan las bases de la sociedad de la información con la creación del transistor, la televisión, el ordenador, la robótica o internet. Actualmente estamos inmersos en una fase de desarrollo tecnológico a través de sensores, dispositivos móviles, sistemas de almacenamiento y proceso de información con potencia de computación casi ilimitada. Sus aplicaciones a todos los campos de la ciencia se están acelerando exponencialmente y transformando la sociedad acercando la ciencia ficción a la realidad a una realidad vertiginosa.

Los modelos de negocio de las empresas han de acomodarse a la nueva realidad. Las empresas han reducido el uso del trabajo humano frente a la tecnología en el mix de recursos. Las clases medias en los países desarrollados no han crecido en poder adquisitivo en los últimos 20 años, y la predominancia de la aportación del capital frente al trabajo es evidente en esta última fase de aceleración tecnológica.

Participación de la fuerza laboral en el PIB de EEUU

El endeudamiento, primero privado y luego público, ha conseguido mantener hasta ahora la pujanza de la demanda interna de consumo. En los países que llamamos emergentes, la incorporación de cohortes de población a trabajos productivos ligados a la producción externalizada de las multinacionales occidentales está creando un consumo acelerado que eleva el nivel de vida de sus habitantes. Pero al tiempo sus sistemas productivos no han de ajustar excesos de capacidad porque no tienen grandes compañías, salvo las puramente estatales o cuasi monopolios público-privados. Ello implica que su adaptación a un mercado con menos necesidad de mano de obra por sustitución de trabajos de personas por robots no impactará tanto en empresas y sí igualmente en las personas. Referido a la falta de infraestructura bancaria tradicional, el éxito en Kenia de M-Pesa, la innovadora plataforma de pagos a través de teléfono móvil diseñada por Safaricom ha situado al país africano en la vanguardia de la innovación en pagos frente a las prácticas de sistemas bancarios desarrollados.

Adicionalmente, los nuevos competidores tecnológicos como las plataformas basadas en servicios de información están transformando sectores completos como el alojamiento, la movilidad, el entretenimiento, o los medios de comunicación. Es notorio observar la acumulación de capital de las nuevas multinacionales en muy cortos períodos de tiempo y su escasa dependencia de fuerzas laborales amplias.

Comparativa Empresas “tradicionales” vs Empresas “Tecnológicas”

No siendo por tanto “el cambio tecnológico” un factor novedoso en la historia de la Humanidad, sí lo es el alcance global, acelerado y profundo en el desarrollo de la actual fase. Nos gustaría tener una visión esperanzadora, confiando en una repetición del proceso histórico: de la misma forma que la innovación permitió que los agricultores se convirtieran en operadores de la industria y ésta transfirió el testigo del empleo al sector servicios en la mayoría de las economías desarrolladas.

Obviamente no hemos vivido lo que no ha pasado, pero sí se anticipa que esta nueva revolución, como todas, aparte de precisar de un período de adaptación como con todas sucede, será distinta de las anteriores. De una parte, la frustración del cambio sin soluciones inmediatas será más inquietante por la pérdida inmediata altas cotas de bienestar. De otra parte, la adaptación al nuevo paradigma puede ser más complicada ya que ésta será una revolución asociada al conocimiento: la formación y habilidades necesarias para los nuevos trabajos puede ser bastante distinta de las capacidades que se adquieren en los sistemas educativos actuales. El tiempo de adaptación al cambio puede ser más largo del que nos gustaría a todos.

1 COMENTARIO

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Enrique Titos
Enrique Titoshttps://www.elalcazardelasideas.es/
Enrique Titos Martínez, (Granada, 1960). Casado y padre de 4 hijos. Economista graduado en UAM Madrid, postgrado en IESE Business School y en Kellogg Business University (EEUU). Ha desarrollado una trayectoria directiva en seis grupos financieros, el último en Barclays Europa y siempre relacionado con áreas financieras, de tesorería y seguros. Actualmente realiza consultoría e inversiones en proyectos relacionados con cambio de modelos de negocio por razón de la tecnología, tras reorientarse con cursos sobre Fintech y Criptomonedas en el MIT, formaciones digitales y de consejos de administración en The Valley DBS y Escuela de Consejeros. Es Consejero Asesor en la empresa Fellow Funders, Consejero Independiente de QPQ Alquiler Seguro SOCIMI y promotor de Consejos Asesores de Innovación Abierta (CAIA) en compañías establecidas como CASER Seguros. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Fide, Director del Grupo Dinero Digital y Sistemas de Pago de Fide, Jurado de los Premios Knowsquare y fundador del Club de Lectura Know Square, y del Cineforum Mensajes de Cine.

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