Hábitos y cultura

Hablar de hábitos es adentrarse en el comportamiento profundo de las personas. No son pocos los autores que han teorizado sobre la importancia de los hábitos, con libros que se han convertido en referencia generacional como “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”. Quizá la relación entre hábitos y cultura está menos explorada.

Los hábitos no son solo palancas para reforzar las buenas prácticas y la productividad, un campo donde las teorías de gestión americanas han liderado los avances de investigación aplicada, extendiéndolo a la gestión empresarial y a muchos otros aspectos de la vida. Hoy existen hábitos para llevar una vida saludable, hábitos para progresar en deporte, hábitos hasta para pensar. Los buenos hábitos se asocian con alcanzar el éxito o una meta determinada, pero los auténticos hábitos no se supeditan a metas concretas.

Para este post, me he apoyado en la lectura y debate sobre el libro “Hábitos atómicos”, de James Clear. La tesis es que acciones pequeñas y constantes en la vida que producen resultados extraordinarios.

Qué son los hábitos

Los hábitos son automatismos de la acción o conducta humana  – repeticiones- que nos permiten un progreso en una dirección determinada. Pueden ser más o menos conscientes, y reflejan y acaban influyendo en aspectos profundos de nuestro carácter o personalidad. Somos en parte lo que hacemos cuando no pensamos. Cuando pensamos, racionalizamos cómo queremos comportarnos y ahí el jinete trata de dominar al elefante.

En la teoría de Jonathan Haidt, el elefante son nuestras reacciones primarias cuando funciona el sistema 1 de nuestro cerebro, mientras el jinete, que controla a nuestras emociones, es el sistema 2. Emociones y razón.

Pues bien, en la medida que nuestros hábitos están bien o mal construidos, el jinete tendrá más o menos trabajo en controlar nuestra relación con el exterior. Por eso somos la suma de lo que hacemos como rutina más lo que hacemos por decisión. La fuerza de nuestras acciones se refuerza a través de los hábitos.

Los hábitos influyen en quienes somos, o en quien queremos ser. Por ello, es importante ser consciente de nuestros hábitos. “Si dejas que los hábitos te controlen al futuro lo llamarás destino.”

Un hábito no es un camino para una meta, pero sí para alcanzar un objetivo. La meta es fugaz, el objetivo es permanente. “Si ponemos el objetivo en las metas deberemos descender al nivel de nuestros hábitos para aspirar a conseguirlas”.

La doble cara de los hábitos

Los hábitos o rutinas nos definen. Dice el dicho “el hábito hace al monje”, resaltando de la importancia de los rituales religiosos en la construcción de la personalidad monacal.

Pero los hábitos son buenos o malos. Son hábitos buenos los que nos llevan a una vida más saludable o productiva, pero también pueden llevarnos por el camino contrario. Por tanto, la gestión de los hábitos implica desterrar unos (por ejemplo, comer comida basura de forma frecuente) y adoptar otros (por ejemplo, silenciar las notificaciones de las redes sociales cuando estamos en tiempo de trabajo profundo).

Otro aspecto es el cortoplacismo de nuestro comportamiento. De forma general, desarrollar hábitos buenos implica un sacrificio a corto con una recompensa no inmediata. Contrariamente, los hábitos malos conllevan una satisfacción inmediata con unas consecuencias negativas en el futuro, que no se perciben al principio.

Por tanto los hábitos correctos implican sacrificio, esfuerzo, perseverancia, porque como explica el autor del libro, el rendimiento de los más mínimos cambios sólo se percibe pasado mucho tiempo de repetición, momento a partir del cual sus efectos empiezan a ser exponenciales.

La dificultad de los hábitos buenos reside por tanto en disponer de un sistema de comportamiento continuo que nos lleve a esos automatismos de la conducta que acaban transformando nuestra vida.

El hábito de correr a diario no es para hacer la mejor marca de maratón, sino para intentar llegar a aguantar una maratón. Los récords quedan para los superdotados, porque han llegado a la excelencia en el hábito (practican más que nadie) y además se han dado las condiciones ambientales y genéticas más favorables para que consigan batir las mejores marcas. Esto sucede con deportistas de élite como Rafael Nadal. Pero los normalitos necesitamos a veces ciertos acicates o incentivos.

Por ello, el desarrollo de los hábitos está muy ligado a quien queremos ser, porque solo desde la identificación – y cierta idealización – de quien queremos ser y desde el esfuerzo para serlo se produce el cambio hacia los hábitos positivos. Si tenemos claro quien no queremos ser, se pueden abandonar más fácilmente los negativos.

¿Quieres ser una persona que ayuda a las personas con dificultades? Haz una aportación periódica a una ONG, pasa tiempo en comedores sociales, ayudando como asistente en asilos de ancianos, o formando en habilidades que posees a personas desempleadas que no las tienen. Queremos ser personas que se comportan de forma sensible a los problemas que tienen otros.

¿Queremos ser personas que piensan por sí mismas reflexionando sobre lo que pasa en el mundo? Dediquemos menos tiempo a Netflix y a las redes sociales, auténticos secuestradores de la atención y manipuladores de la opinión, y dediquemos más tiempo a la lectura y a pensar por nosotros mismos. Busquemos fuentes de información, no refritos de opinión. Queremos ser personas con una opinión propia.

Hábitos y costumbres

Aunque parezca una cuestión semántica, hay que distinguir entre hábitos y costumbres. La esencia del hábito es la intencionalidad y la acción orientada a un progreso. Es realizar una acción, de forma repetitiva y sistemática, para entrenar una práctica orientada a un fin.

Una costumbre no es una práctica deliberada orientada a un fin de progreso, aunque una costumbre es un automatismo de la conducta que aporta certidumbre y evita el uso del cerebro para tareas nimias. Tengo la costumbre de… colocar las llaves de la casa en el mismo sitio, lo que evita olvidos y búsquedas innecesarias.

Sin embargo, rutinas ambientales como tener siempre el libro que estamos leyendo junto al sillón de lectura son conducentes a hacer más fáciles hábitos de lectura.

Las costumbres no se asocian por tanto con la intención del querer ser sino más bien con aspectos de lo que se es (soy ordenado) porque se asocian menos a un esfuerzo de la voluntad que a una predisposición natural.

La esencia del hábito es el esfuerzo, tanto para construir un hábito positivo como para desterrar uno negativo, que no ve una recompensa inmediata y que solo a lo largo del tiempo la recibe.

Hablamos también de las costumbres de un determinado segmento social o población. Entonces tocamos un aspecto más colectivo, como es la cultura.

Hábitos y cultura

Siendo los hábitos una parte íntima del comportamiento de las personas como individuo, la pregunta es si hay relación entre los hábitos individuales y la cultura.

Pero antes de ello, ¿qué es la cultura? Cultura es un término generalista aplicado a muchas facetas, desde las características, comportamientos, historia, manifestaciones artísticas y humanistas de un colectivo determinado (por ejemplo, la cultura griega). Cultura también se refiere al nivel de educación, de conocimiento de distintas materias y de profundidad.

La primera acepción de cultura define el carácter o los rasgos de una comunidad. La segunda cultura define más los rasgos de un individuo en comparación con otros. Es más que posible que esta segunda faceta esté ligada a los hábitos positivos, de elevación del espíritu de superación, aunque se puede ser culto y no una buena persona. Pero para ser culto es cierto que se han cultivado unos hábitos de sistematismo para desarrollar unas identidades que permiten a una persona ser culta.

La primera cultura también ha partido de hábitos, inicialmente individuales, y luego colectivos, consecuenciales y derivados de los primeros. Por ejemplo, el virtuosismo de la pintura florentina del siglo XVI partió de pintores sobresalientes que se desarrollaron en un ambiente propicio.

Esa pintura forma hoy ya parte de la cultura italiana y universal, y cuando se educa en las escuelas italianas esa semilla florentina forma parte de la cultura que se adquiere, que es poderosa en la psique italiana, y que es también sentida como propia en la cultura europea o incluso occidental. De hecho, los italianos se sienten italianos porque se identifican con su historia -e historias- , con las representaciones que forman parte de la misma y de la cual se sienten parte y evolución.

Hábitos y creencias

Nuestras creencias, individuales o colectivas, influyen en nuestra cultura particular o en la de nuestro grupo de relación. Las creencias de cualquier tipo son limitantes porque nos encasillan en identidades que normalmente no estamos dispuestos a abandonar. Y esto no es ni bueno ni malo, simplemente es.

Por ello los hábitos que adoptaremos serán más tendentes a reforzar la conexión con esa forma de pensar. La asistencia periódica a un oficio religioso de cualquier confesión en teoría persigue un progreso en nuestra mejora como personas, pero habrá que hacer algo más comprometido que solo asistir para ser mejores. Si no, se convierte en una rutina donde se alternan el pecado y el perdón en el silencio de nuestra soledad interior.

Las creencias ideológicas son limitantes a la hora de elegir las opciones de gobierno para un país. Si no tenemos el hábito de examinar críticamente los programas electorales, tratar de entender a los candidatos y nos contentamos en defender a nuestros colores o despotricar contra los adversarios, entonces estamos a merced de lo que piensa la mayoría, de lo que nos dicen personas de nuestra confianza o los medios de comunicación.

Hábitos y cultura corporativa

Si los hábitos son acciones de la conducta individual, de qué forma pueden influir, si es que lo hacen, en la cultura de una empresa?

La cultura de una empresa es la suma de normas escritas y no escritas que orientan el comportamiento de sus miembros. La cultura suele estar fuertemente arraigada en la historia de la empresa y está protegida por las personas que llevan más tiempo, y por las acciones del equipo directivo, que tienen capacidad normativa ex novo para implantar nuevas prácticas, además del simbolismo de su comportamiento.

Si los hábitos son acciones repetitivas que buscan un propósito habrá que investigar cuales son los hábitos relevantes posibles que pueden adoptar sus miembros y que influyan en el cambio de cultura deseado.

En una empresa con poco nivel de comunicación interdepartamental el celebrar una reunión semanal de actualización con todos los departamentos empezará a crear una cultura de compartir que hará más fluido el intercambio de información. En una empresa poco innovadora, el otorgar reconocimiento e incentivos a las propuestas de innovación interna seguramente catapultará las propuestas de los empleados.

Hábitos y sociedad

¿Construyen los hábitos una cultura social o ciudadana – inclúyase rural- de un país?

Si los hábitos son acciones individuales orientadas a un propósito, parece que cuanto mayor es el elefante más difícil es empujarlo. La cultura de un país está profundamente enraizada en las acciones de su población y en sus costumbres.

Es una labor titánica cambiar la cultura de un país y se han necesitado invasiones y sucesión de generaciones a lo largo de la historia para cambiar los hábitos que conforman la vida de las personas. Esto ha sucedido en los imperios coloniales donde al menos parte de la cultura occidental ha impregnado la forma de vida de los ciudadanos del país colonizado.

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Enrique Titos
Enrique Titoshttps://www.elalcazardelasideas.es/
Enrique Titos Martínez, (Granada, 1960). Casado y padre de 4 hijos. Economista graduado en UAM Madrid, postgrado en IESE Business School y en Kellogg Business University (EEUU). Ha desarrollado una trayectoria directiva en seis grupos financieros, el último en Barclays Europa y siempre relacionado con áreas financieras, de tesorería y seguros. Actualmente realiza consultoría e inversiones en proyectos relacionados con cambio de modelos de negocio por razón de la tecnología, tras reorientarse con cursos sobre Fintech y Criptomonedas en el MIT, formaciones digitales y de consejos de administración en The Valley DBS y Escuela de Consejeros. Es Consejero Asesor en la empresa Fellow Funders, Consejero Independiente de QPQ Alquiler Seguro SOCIMI y promotor de Consejos Asesores de Innovación Abierta (CAIA) en compañías establecidas como CASER Seguros. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Fide, Director del Grupo Dinero Digital y Sistemas de Pago de Fide, Jurado de los Premios Knowsquare y fundador del Club de Lectura Know Square, y del Cineforum Mensajes de Cine.

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