El test de la golosina y los tipos de interés

Siempre me fascinó la lectura del libro “El test de la golosina” (“The Marshmallow Test”) de Walter Mischel (1930), médico y psicólogo que se hizo famoso por el experimento y libro-ensayo que lleva el nombre del título.
El experimento consistió en someter a grupos de niños a unas pruebas/juego donde les ofrecían comer en el momento una golosina o demorarse un tiempo con la promesa de obtener golosinas adicionales. Mischel siguió las trayectorias hasta la edad adulta de los niños y comprobó que los que aguantaron la tentación habían tenido más éxito en la vida, eran más adaptables, e incluso desarrollaron una estructura cerebral distinta respecto a los niños que comieron impulsivamente la golosina. El estudio corrobora parte de lo que ya sabemos: que el cerebro es plástico y moldeable con la práctica y la voluntad. 
El test de la golosina es un experimento clásico de la psicología conductual que luego han desarrollado en más profundidad otros psicólogos como Kahneman con libros como “Pensar deprisa, pensar despacio”(2012). Una descripción más detallada del test de la golosina se encuentra aquí si no se quiere leer el libro.
Pero lo que me importa aquí es vincular el test de la golosina con los tipos de interés y con la situación actual de expansión monetaria de los estados para hacer frente a la crisis económica del Covid-19. Y alguien se preguntará: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

Para empezar, la economía es parte y resultado del sistema social formado por personas, y las personas tomamos decisiones racionales y emocionales.

El sistema económico permite que inversores y ahorradores arriesguen su capital con la expectativa de incrementarlo, que los emprendedores comiencen un negocio con una expectativa de beneficio, que las personas ahorremos pensando en una jubilación, o que un banco preste dinero confiando en recuperar lo prestado y recibir un incentivo a través del tipo de interés de la hipoteca. Todas las decisiones que tomamos cada día tienen o pueden tener un elemento de privación: dejar de hacer o consumir algo hoy porque podremos consumir más o porque lo necesitaremos en el futuro.

Los tipos de interés son un poderoso motor de las decisiones económicas porque son el incentivo para el ahorrador “en su particular test de la golosina”.

Si invertimos a un tipo de interés determinado, la mágica función del interés compuesto hará que tengamos más capital para consumir en el futuro. Estaremos demorando la recompensa como los niños virtuosos del test de Mischel. Y algo parecido sucede en el otro extremo: si queremos tener una casa propia y no tenemos dinero, tenemos que esforzarnos para devolver la hipoteca con los intereses hasta que la casa sea nuestra  (no lo es hasta que el préstamo esté totalmente pagado al banco). Esto implica que estamos demorando ciertos gustos que quizá podríamos darnos hoy como hacer ese viaje maravilloso a Asia o comprar la motocicleta que nos encanta. A través del tipo de interés tanto el que recibe el interés como el que lo paga en un préstamo están demorando recompensas respectivas futuras y el tipo de interés es la variable que les permite establecer la relación entre hoy y el futuro. 

Y esto aplica no sólo a personas, sino también a empresas e incluso a instituciones públicas. El tipo de interés nos aplica a todos, aunque como saben los economistas y financieros, no hay un tipo de interés único dentro de cada moneda. Es la diferencia entre activos libres de riesgo de crédito y aquellos que lo tienen en grado variable.

¿Pero qué está pasando ahora que los tipos de interés están casi al cero por ciento o por debajo con los programas de inyección monetaria de los bancos centrales y expansión de deuda de los países para financiar los terribles efectos económicos de la crisis del Covid-19?

Comprender la situación es relativamente sencillo, y el diagnóstico es muy grave, porque implica un cambio (otro más) de paradigma del que no existe precedente en la historia de los países desarrollados.
Desde los acuerdos de Bretton Woods de 1944 y sobre todo a partir del abandono  unilateral del patrón oro (era el respaldo de los dólares emitidos por la FED de EEUU en algo valioso y tangible), se inició la expansión del dinero “fiat”.
Este dinero “fiat” son billetes y  monedas emitidos por los bancos centrales de todo el mundo, junto con la expansión generalizada de la deuda pública y privada, a través de la maquinaria de los intermediarios y mercados financieros globales. El resultado es que las economías personales, corporativas y nacionales (en media, olvidando los extremos) tienen un nivel de deuda récord en la historia, ya antes de la erupción de la pandemia del Covid-19. Si se añade la necesaria financiación de los efectos del Covid-19, hay países como Italia o España que se estima incrementarán su deuda pública entre un 15% y un 20% adicional del PIB! Y el Covid-19 aún no está contenido, así que sus impactos económicos aún no están limitados.
Con tanta deuda, con el colapso de la demanda privada y de momento sin inflación, bancos centrales como el ECB están dispuestos a prestar incluso a tipos de interés negativos.
Extracto FT 30 abril 2020
La propia Reserva Federal de EEUU ha situado ya sus tipos de interés objetivo para la economía del dólar USA cerca del cero por ciento y la FED está adquiriendo bonos de gobierno y de todo tipo de empresas en dólares a tipos de interés cercanos al cero por ciento con independencia de sus plazos de vencimiento. Aún más lejos llega el Banco de Japón, que impone un tipo de interés del cero por ciento (denominada “estrategia de control de la curva de interés o yield curve control”) para los bonos del gobierno japonés a 10 años, lo que implica que la deuda que emite el gobierno japonés la compra el banco central japonés. Pura conversión de deuda en dinero.
Fuente: The Balance, con datos de la Reserva Federal de EEUU
En resumen, las tres primeras zonas monetarias del mundo, el dólar USA, euro y yen  (el renmimbi chino aún no es una zona monetaria globalmente aceptada), tienen sus tipos de interés directores al cero por ciento, lo que implica que no hay incentivos para ahorrar según el test de la golosina y que el coste del dinero es casi nulo o negativo, lo que implica que consumir hoy es mejor que consumir mañana, exactamente la antítesis del experimento de Walter Mischel.
Si estuviésemos hablando de Venezuela o Argentina (han de disculparme estos países porque hay muchos otros no virtuosos) no nos extrañaríamos demasiado. Sus monedas están en caída sistemática desde hace años frente a las monedas robustas por la indisciplina fiscal de sus cuentas nacionales y la baja calidad de sus líderes políticos, y ni siquiera sus estratosféricos tipos de interés acaban de atraer el capital de inversores internacionales o de sus propios ciudadanos y empresas.
Pero el problema es que ahora son los países, monedas y zonas económicas y políticas principales del mundo, los llamados “refugios seguros del dinero”, los que ahora imprimen dinero como nunca antes, y no pueden subir los tipos de interés porque tanto gobiernos como empresas tienen deudas de un tamaño descomunal. Y no existen refugios del dinero alternativos a estos refugios históricos.
Por tanto, siguiendo la teoría del test de la golosina, los incentivos para demorar las recompensas en el mundo del dinero se han evaporado. No hay incentivos para ahorrar porque los tipos de interés son cero. Y al tiempo, el dinero gratis de los bancos centrales y las llamadas a una renta básica universal (“Universal Basic Income”), a un salario mínimo de supervivencia como solicitan algunos políticos, o el dinero a fondo perdido (“grants”) que están solicitando muchos países para salir de la crisis puede crear dudas sobre el valor del propio dinero. “Lo que se regala debe ser que no es valioso”, muchos podrían pensar.
 
Inflación o deflación serán la próxima batalla. 
 

 

3 COMENTARIOS

  1. Estupendo análisis. El valor del dinero fiat es cercano a cero, solo hay que ver la pérdida de valor a largo plazo del dolar o libra (+del 95 %), luego el sistema financiero mundial entero tiene un valor cercano a cero. El dinero también tiene una utilidad marginal. Recuerdo la teoría de la carrera de Economicas:

    "El primer vaso de agua cuando estamos sedientos nos resulta extremadamente "útil" (nos produce una enorme satisfacción o bienestar). Pero los sucesivos vasos nos aportarán un bienestar mucho menor y llegará un nivel de consumo en el que nuestra utilidad total no seguirá aumentando por el hecho de que bebiéramos litros y litros. Esto llevó a la necesidad de introducir un nuevo concepto complementario al que se le llamó utilidad marginal.Se entiende por utilidad marginal de un determinado bien el aumento (o, en su caso disminución) en la utilidad total que nos supone el hecho de consumir una unidad adicional del mismo."

    Según mi opinión, estamos cerca de ver la implosión del sistema financiero actual. La mejor estrategia para un ahorrador es posicionarse en "dinero duro" (Bitcoin, Oro). La mejor estrategia para un Estado-Nación sería lanzar un criptomoneda, haciendo un switch total de toda su divisa a una nueva. Es complejo, luego la merjo estrategia sería hacerse con sufientes reservas de Bitcoin y/o oro.

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Enrique Titos
Enrique Titoshttps://www.elalcazardelasideas.es/
Enrique Titos Martínez, (Granada, 1960). Casado y padre de 4 hijos. Economista graduado en UAM Madrid, postgrado en IESE Business School y en Kellogg Business University (EEUU). Ha desarrollado una trayectoria directiva en seis grupos financieros, el último en Barclays Europa y siempre relacionado con áreas financieras, de tesorería y seguros. Actualmente realiza consultoría e inversiones en proyectos relacionados con cambio de modelos de negocio por razón de la tecnología, tras reorientarse con cursos sobre Fintech y Criptomonedas en el MIT, formaciones digitales y de consejos de administración en The Valley DBS y Escuela de Consejeros. Es Consejero Asesor en la empresa Fellow Funders, Consejero Independiente de QPQ Alquiler Seguro SOCIMI y promotor de Consejos Asesores de Innovación Abierta (CAIA) en compañías establecidas como CASER Seguros. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Fide, Director del Grupo Dinero Digital y Sistemas de Pago de Fide, Jurado de los Premios Knowsquare y fundador del Club de Lectura Know Square, y del Cineforum Mensajes de Cine.

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