Apuntes sobre el futuro de la universidad

Como cualquier institución, las universidades han de adaptarse a los retos derivados del cambio tecnológico y social que impone el mundo hoy.

La universidad es probablemente una invención occidental (siglo XII) con origen en Europa, no existiendo precedentes constatables ni tan siquiera China, la otra gran civilización de la Historia.

Ante la proliferación actual de universidades cabe preguntarse qué es una universidad y diferenciarla de otras iniciativas, todas al alcance de los estudiantes como elección formativa.

Universidades y centros formativos

Una universidad debería cumplir con los siguientes requisitos:

    • Es una institución estable que proporciona educación y formación.
    • Es posiblemente una experiencia física, aunque pueda existir formación e interacción virtual.
    • Tiene una estructura de funcionamiento consolidada.
    • Es un almacén de conocimiento en el sentido moderno, frente a las antiguas bibliotecas.
    • Aporta una formación multidisciplinar y holística.
    • Crea conocimiento nuevo a través de la investigación, transfiriéndolo de una forma más o menos efectiva a la sociedad.

Hoy en día proliferan las universidades privadas junto a las públicas, las universidades creadas por empresas (Google, Telefónica…) o universidades temáticas, rellenando huecos ante la necesidad de formación que permitan a las personas un empleo a corto plazo, o ante las exigencias de nuevas cualificaciones ante los cambios en ciencia y tecnología.

Algunas escuelas de negocios reivindican el título de universidad, pero aplican más el conocimiento y exploran menos en la frontera del mismo. Las universidades temáticas de empresas en sectores como farmacia o tecnología sí pueden ahondar más en los límites del conocimiento porque investigan sobre su producto, pero no ofrecen el conocimiento holístico/multidisciplinar para formar a las personas con opciones amplias ante la vida laboral volátil y larga que se dibuja ante los jóvenes universitarios.

La formación profesional no tiene categoría universitaria, pero es una opción perfectamente válida como itinerario formativo buscando la empleabilidad concreta (por ejemplo, un técnico aeroespacial). Aportan soluciones formativas concretas, a veces insuficientes frente al cambio.

En este contexto, cabe preguntarse cuál es el horizonte temporal de plasmación de los conocimientos adquiridos que busca el egresado. Si es a corto, la elección puede ser distinta de si busca tener opciones más variadas ante una vida larga y llena de cambios como se anticipa.

Pensando en la adaptación al momento actual de las universidades como arriba se han definido, un elemento importante es su financiación. En las universidades de titularidad pública, es probable que la financiación no permita acometer simultáneamente la formación y la investigación, y ciertamente y dependiendo del país, la investigación aplicada a solucionar problemas reales es más o menos efectiva. Algunas universidades temáticas de empresas pueden emplear muchos más recursos en investigación porque concentran todo su esfuerzo en sus futuros productos.

Una corriente de pensamiento aduce que la universidad pública mira por la formación a largo plazo, mientras que otras opciones formativas miran hacia la empleabilidad a corto plazo con un modelo que busca beneficios a través del margen empresarial.

La política y la financiación

Si la universidad pública está politizada, como con frecuencia sucede, entonces la pregunta es cual es la visión del valor que ofrece dicha universidad a los ciudadanos, si no se adapta a los tiempos cambiando los métodos de educación, los incentivos y la formación de los enseñantes, si no crea mecanismos de conexión con la realidad de las exigencias de entornos laborales más cambiantes. Si la universidad está dirigida por personas que actúan bajo la influencia de ideologías o políticas que pueden cambiar casi cada ciclo electoral, y que no prestan atención al carácter continuo y estratégico de la formación, la auténtica universidad no puede cumplir su papel.

De otra parte, considerar la formación universitaria como un derecho impone precios reducidos y subvencionados en la universidad pública con respecto a la privada, aunque depende del país. Si el coste pagado por el alumno es reducido y se depende del dinero público para cubrir el déficit, la calidad de la formación puede ser un café para todos. Cuando el coste de la universidad discrimina por precio, entonces el alumno puede ser más consciente y exigente con su formación, aunque pasa a convertirse desde un derecho accesible para la mayoría a un privilegio de quienes pueden permitírselo. Una solución puede ser una matrícula cara junto con becas que cubran el coste de la matrícula, de forma que haya oportunidad para todos, y que los mejores no sean excluidos del sistema porque no tengan suficientes recursos financieros.

Los endowments (contribución por parte de antiguos alumnos) son una forma habitual de financiación de las universidades anglosajonas, en especial de las norteamericanas. La coparticipación de las universidades en la materialización de ideas de negocio que surgen en la Universidad (a través de participación en el capital o derechos de propiedad) en esa frontera del conocimiento es otra forma de obtener ingresos adicionales. Universidades como Stanford en Silicon Valley son un referente al respecto.

Una forma de mantener los ewndowments consiste en seguir siendo relevantes durante la vida de los exalumnos, quizá a través de formación de readaptación o píldoras formativas. Estas píldoras son per se una oportunidad para las universidades para ofrecer formación más corta a la medida de las circunstancias cambiantes.

Conclusión

Puede gustar o no, pero cada vez es más urgente, en el mundo actual, una geopolítica de la educación alimentada desde una visión estratégica por parte de los países, que disemine sus valores y conocimiento y que contribuya a cimentar el futuro desarrollo económico y social de su población. Existen hilos de íntima interconexión entre la universidad (podríamos llamarla la mili del conocimiento), la economía, la industria, los servicios públicos, incluyendo la defensa, y el desarrollo de la sociedad civil.

Estados Unidos lo ha hecho posible a través de la simbiosis de sus universidades con todos los sectores económicos, desde la industria de la defensa, con los mercados financieros, con la industria del entretenimiento y con el desarrollo de una sociedad civil potente, si bien elitista y desigual en grado creciente.

Por tanto, algunas cuestiones estratégicas relacionadas con la educación universitaria en un país como España podrían ser las siguientes, en una mezcla de certezas y preguntas abiertas:

  • La universidad pública multidisciplinar ha de seguir existiendo.
  • Hay que mejorar los mecanismos de financiación de la universidad pública para que siga aportando conocimiento en la frontera y para igualar las oportunidades de acceso, premiando a los alumnos de mejor calidad con becas.
  • Hay que alinear el governance y los incentivos de los profesores dentro de la universidad para ser parte y motivar el cambio, no para que sean resistentes ante el cambio.
  • Un país tiene que desarrollar un mix educativo donde coexista una competencia entre universidad pública, privada, y otras opciones formativas, partiendo de una formación multidisciplinar, donde los alumnos tengan opción de elección en algunas materias.
  • La universidad pública ha de estar exenta de interferencias políticas con procesos de gobierno equivalentes a los jueces. Aunque es prácticamente inevitable, la educación debe evitar en lo posible la manipulación política y responder a diseños de estado y no de turno político, aunque se ejecute de forma descentralizada o federativa, como es el caso de España.

El mayor reto de las universidades consiste conseguir ser plazas de conocimiento en contacto con la realidad en el siglo XXI.

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Enrique Titoshttps://www.elalcazardelasideas.es/
Enrique Titos Martínez, (Granada, 1960). Casado y padre de 4 hijos. Economista graduado en UAM Madrid, postgrado en IESE Business School y en Kellogg Business University (EEUU). Ha desarrollado una trayectoria directiva en seis grupos financieros, el último en Barclays Europa y siempre relacionado con áreas financieras, de tesorería y seguros. Actualmente realiza consultoría e inversiones en proyectos relacionados con cambio de modelos de negocio por razón de la tecnología, tras reorientarse con cursos sobre Fintech y Criptomonedas en el MIT, formaciones digitales y de consejos de administración en The Valley DBS y Escuela de Consejeros. Es Consejero Asesor en la empresa Fellow Funders, Consejero Independiente de QPQ Alquiler Seguro SOCIMI y promotor de Consejos Asesores de Innovación Abierta (CAIA) en compañías establecidas como CASER Seguros. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Fide, Director del Grupo Dinero Digital y Sistemas de Pago de Fide, Jurado de los Premios Knowsquare y fundador del Club de Lectura Know Square, y del Cineforum Mensajes de Cine.

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